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Personas vallando un comercio en Santa Cruz en carnaval|TC-AH

Santa Cruz de Tenerife ya 'huele' a Carnaval: los comercios se protegen de vómitos y orines

En el carnaval miles de personas bailan y se divierten, pero Santa Cruz asume otra realidad: plazas y jardines vallados, comercios blindados con plásticos anti-orines y 218 operarios limpiando la fiesta que satura la ciudad durante días

“En el carnaval, baila la calle de noche, baila la calle de día…”, destaca en su estribillo la mítica canción carnavalera de Fernando Villalonga, pero además de la diversión pasan más cosas. Santa Cruz de Tenerife vive el carnaval como una fiesta de alegría desbordada, pero detrás de las lentejuelas, maquillajes, disfraces y música hay otra cara menos festiva: la que pagan vecinos, parques y comercios. 

Durante los días grandes, los espacios públicos se transforman en zonas acotadas y vigiladas, mientras los establecimientos de la capital blindan sus puertas con plásticos para evitar los estragos de las bebidas y orina, entre otros desechos.

 
Exterior hotel en calle El Pilar

 

 

Plástico y cartones 

Los parques y plazas que suelen ser pulmones verdes y lugares de ocio de la ciudad -como la plaza Weyler o algunos jardines del centro- terminan limitados al público durante las semanas del carnaval. 

La medida, justificada por seguridad y limpieza, deja a familias y paseantes diurnos ante un paisaje poco accesible, obligándolos a sortear vallados y desvíos mientras la fiesta ocupa las arterias principales. Es un precio que se paga por concentrar cientos de miles de personas, pero que resuena en quienes ven su rutina diaria interrumpida.

Trabajadores municipales vallando un parque

Esfuerzo vecinal y comercial

Los comercios, por su parte, despliegan una estrategia de supervivencia propia: plásticos gruesos cubren puertas y escaparates desde días antes de  que las carnestolendas invadan casi todos los rincones de la ciudad.

"Es lo único que nos salva de limpiar meados cada mañana durante una semana", explica un comerciante de la zona centro,  resumiendo el sentir de muchos. La Policía Local y los servicios municipales refuerzan la vigilancia, pero la realidad es que la fiesta arrastra comportamientos que convierten fachadas en dianas improvisadas.

Entrada a tienda en una calle de Santa Cruz

Recursos municipales

Al día siguiente, la limpieza de las calles corre a cargo del Ayuntamiento, que invierte recursos extras en baldear y recuperar espacios. En este carnaval 2026, el Consistorio moviliza 218 personas, 63 vehículos, 362 contenedores y cerca de 400 baños para dejar el cuadrilátero limpio en menos de tres horas tras las noches grandes de carnaval.

El carnaval genera millones en impacto económico, pero esta otra cara de las carnestolendas recuerda que la euforia colectiva tiene un coste invisible para la ciudad que respira más allá de las batucadas y el “sigan bailando”.