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Concejal Zaida González junto a su hijo|CEDIDA

Zaida González, concejal en Santa Cruz y madre de un niño con autismo: vida equilibrada junto a Ale

Ante la conmemoración del Día Mundial del Autismo, Zaida González, concejal en el Ayuntamiento de Santa Cruz, habla desde la ternura y la experiencia de caminar junto a su hijo, aprendiendo a ver el mundo de otra manera

En la voz de la concejal y presidenta de la Gerencia de Urbanismo de Santa Cruz de Tenerife, Zaida González, se aprecia una pausa distinta cuando pronuncia el nombre de su hijo: Ale. Un niño al que define como “súper bueno, súper cariñoso, amor puro y verdad pura”, sin trampa ni cartón, como si cada gesto suyo fuese una certeza en medio del ruido diario de la política y la gestión pública.

Porque antes que concejal en el Ayuntamiento capitalino, antes que política, Zaida es madre de un niño en el espectro autista, y desde esa vivencia ha cambiado también la forma en que mira el mundo y, sobre todo, la manera en que entiende las políticas públicas, según ha manifestado a Atlántico Hoy

Números, letras y palabras

A Ale le gustan los números. Con ellos empezó todo”, subraya y comenta que cuando Ale aún no podía mantener una conversación, encontró en las cifras un puente para llegar hasta él. Con los números se entendían, y en ese lenguaje compartido se fue colando poco a poco algo tan cotidiano, y a la vez tan extraordinario, como las palabras

Zaida explica que su hijo no tiene una única fijación, sino intereses cambiantes: el abecedario en varios idiomas, las letras, las matemáticas, en las que destaca con especial habilidad.  

Comunicación 

Explica la mamá que, mientras su mente vuela entre números, lo que más le cuesta es hablar, socializar, mantener una conversación continuada con otros niños o adultos; ahí se concentran hoy gran parte de los esfuerzos familiares y educativos. 

Pasó de ser no verbal a ir adquiriendo palabras”, relata, subrayando cómo cada nuevo término que incorpora al vocabulario es, en realidad, una conquista. De hecho, ahora Ale puede expresar lo que quiere, lo que siente y lo que necesita que los demás hagan por él. “Y cuando desea algo, ya sabe hacerse entender”, matiza.

Paciencia como escuela y amor como centro 

Cuando se le pregunta qué ha aprendido de su hijo que no hubiera aprendido de otra manera, González no duda: “La paciencia”. Paciencia para simplificar, para ser comprensible con pocas palabras, para aprender a decir lo esencial sin artificios. 

También habla de un tipo de amor que no imaginaba posible, un amor que describe como permanente y que convierte cada día en “una montaña rusa de sensaciones”, donde los pequeños logros generan una alegría incomparable. Esa emoción, asegura, no se parece a nada que haya sentido antes

Alegrías y tristezas 

La maternidad de un niño con autismo, admite, trae también tristezas, duelos, la ruptura con la vida que se había proyectado antes del diagnóstico. “La aceptación”, resume. 

Pero a las familias que empiezan este camino les invita a cultivar la paciencia, el amor y “la capacidad de disfrutar de cada avance, por pequeño que parezca”. 

Política y experiencia 

Zaida González ya estaba en política antes de quedarse embarazada. Sin embargo, reconoce que no fue hasta vivir en primera persona la realidad del autismo cuando comprendió la magnitud de las necesidades que acompañan a una problemática así. 

Mientras no conoces o no vives una situación, no te das cuenta de todas las necesidades aparejadas”, afirma. Esa experiencia la ha hecho más sensible no solo a su propia realidad, sino a la de tantas otras familias que, sin hacer ruido, sostienen el día a día de hijos con distintas necesidades. 

Política como herramienta 

Desde su responsabilidad en Urbanismo, asegura que intenta dejar su impronta en cada actividad, evento o gestión, recordando a quienes se sientan en las mesas de decisión que hay necesidades que muchas veces pasan inadvertidas. 

Para ella, la política debe ser también una herramienta educativa, capaz de hacer que otros se hagan conscientes de aquello que no conocen porque no lo han vivido. 

Conciliación 

Conciliar la vida política con las necesidades del pequeño Ale es uno de los grandes retos que Zaida asume a diario. No solo se trata de sus circunstancias particulares, sino de una realidad que comparte con tantas madres trabajadoras.  

Explica la concejal que en su vida compagina la exigencia social de ser trabajadora al 100% y también madre al 100%, “dando la talla en todos los ámbitos”, con el consiguiente desgaste. 

Entorno político 

En el entorno político ha encontrado comprensión en algunas situaciones, pero no siempre. Hay actos, reuniones y eventos cuya relevancia marca la obligación de estar presente, y en esos momentos necesita apoyos externos que puedan suplirla en casa.  

La actividad política, reconoce, se considera prioritaria en determinadas circunstancias, y eso no siempre se entiende ni dentro ni fuera del propio ámbito político, asumiendo una presión que la ha llevado a tomar decisiones importantes en su carrera. 

Prioridad 

Comenta la entrevistada que, cuando se le propuso regresar al Ayuntamiento, aceptó con una condición que pasaba por desarrollar su labor dentro del municipio de Santa Cruz, evitando responsabilidades que la mantuvieran lejos si su hijo la necesitaba. 

Para la concejal, la proximidad geográfica se convirtió así en una forma concreta de cuidar. 

Renuncias conscientes 

Zaida no esquiva la pregunta sobre si encabezaría una lista electoral. Su respuesta, aunque matizada, tiene más de decisión tomada que de duda: si llegara el caso, probablemente diría que no. “Ser cabeza de lista no es compatible con mi vida”, añade. 

Se considera una mujer trabajadora, capaz de entregar el 100% en lo laboral y de dar lo mejor de sí, y defiende que lo viene demostrando en su trayectoria. Pero tiene claro que ser cabeza de lista implica un nivel de exigencia institucional y de presencia pública que, hoy por hoy, no va a asumir

”Realista con las circunstancias”  

Separada y con custodia compartida, conoce bien los límites de su propia disponibilidad. “Hay que ser realista con las circunstancias que a cada uno le toca vivir”, afirma, insistiendo en que cada cual sabe hasta dónde puede llegar dentro de sus posibilidades.  

Ella entrega todo de sí al trabajo cuando no está con su hijo, pero cuando está con Ale, ese tiempo es suyo, y no está dispuesta a convertirlo en un espacio residual para cumplir con la sobreexigencia que acompaña a una candidatura de primera línea. No se trata, subraya, de falta de capacidad, sino de coherencia. “Quiero hacer las cosas bien, tanto en la política como en la maternidad”, expone. 

Más apoyos y verdadera inclusión 

Cuando se le pregunta qué echa en falta pensando en otras familias que viven situaciones similares, González mira más allá de su propia experiencia. Recuerda que el espectro autista es tan variado como los niños que lo integran, y que las necesidades cambian enormemente de una familia a otra. 

En su caso, señala especialmente la falta de apoyos en el ámbito educativo. Considera que es una realidad compleja, pero insiste en que una mayor capacidad de apoyo dentro de las aulas podría facilitar el desarrollo de los niños y avanzar hacia un ámbito realmente inclusivo.  

A las madres y padres que acaban de recibir un diagnóstico y sienten que se derrumba la vida que habían imaginado, Zaida les envía un mensaje que nace de su propia vivencia: paciencia, amor y la capacidad de celebrar cada pequeño avance. Porque en esa suma de pasos diminutos también se construye una vida plena, solo un poco distinta a la que un día se imaginó.