Canarias dispone de alrededor de 750 puntos en los que es posible bañarse en el mar y aproximadamente 350 son zonas de baño con una afluencia importante. Así lo explicaba Sebastián Quintana, presidente de Canarias, 1.500 km de Costa, en una entrevista a Atlántico Hoy.
Esta cifra contrasta completamente con las 33 playas canarias recogidas en el último informe de la Guía de Playas Accesibles de Discapnet, un portal impulsado por Fundación ONCE. Si se toman como referencia las aproximadamente 350 zonas de baño de gran afluencia señaladas por Quintana, los arenales incluidos en la guía equivaldrían a un escaso 9,4%, menos de uno de cada diez.
Este contraste deja una premisa clara: Canarias tiene una tarea pendiente con la accesibilidad de sus playas, un trabajo que tanto la Fundación ONCE u organismos públicos como la Sociedad Insular para la Promoción de las Personas con Discapacidad (Sinpromi) insisten en cambiar poco a poco.
Una realidad que afecta a miles de canarios
La accesibilidad de la costa no es una cuestión residual. La última gran Encuesta de Discapacidad, Autonomía Personal y Situaciones de Dependencia del INE estimó en Canarias una tasa de aproximadamente 115 personas con discapacidad por cada 1.000 habitantes de seis o más años, alrededor del 11,5%.
Los registros administrativos ofrecen una cifra menor porque miden otra realidad: más de 129.000 personas tenían reconocido oficialmente algún grado de discapacidad en Canarias en 2023.
A ellos se suman colectivos que pueden beneficiarse igualmente de pasarelas, rampas, itinerarios accesibles o zonas de descanso, como personas mayores, embarazadas o ciudadanos con problemas temporales de movilidad.

Tenerife, la isla "más accesible"
Según la última actualización de la guía de Fundación ONCE durante este año, el archipiélago distribuye sus 33 playas accesibles entre Tenerife, con 15; Lanzarote, con seis; Gran Canaria, con cinco; Fuerteventura, con cuatro; La Gomera, con dos, y El Hierro, con una.
Esta guia tiene en cuenta diversos criterios y servicios para certificar la accesibilidad de todas las zonas de baños accesibilidad como aparcamientos reservados, rampas y pasarelas, aseos y duchas adaptadas, sillas y muletas anfibias, zonas de sombra o asistencia al baño.
En el caso específico de Tenerife, estos datos nos permiten profundizar en las diferencias que existen entre disponer de algún recurso adaptado y completar todo el recorrido necesario para disfrutar del mar.
El portal Tenerife Accesible, facilitado a Atlántico Hoy por Sinpromi, recoge actualmente 25 playas y zonas de baño con recursos de accesibilidad, frente a las 15 playas tinerfeñas incluidas en la guía de Fundación ONCE. Esta diferencia responde al distinto alcance de ambos inventarios y Sinpromi detalla, además, qué espacios disponen de apoyo al baño y cuáles carecen de este servicio.
De la arena al mar
Esta diferencia resulta esencial porque la accesibilidad no termina al alcanzar la arena. Una persona con movilidad reducida puede necesitar un aparcamiento cercano, una rampa, una pasarela, aseos o vestuarios adaptados y, llegado el momento de entrar al mar, una silla anfibia o personal de apoyo.
Un informe elaborado por Sinpromi en 2023 ya analizaba por separado la existencia de aparcamiento reservado, rampas, duchas, aseos o vestuarios, pasarelas, zonas de descanso, sillas anfibias, muletas y asistencia al baño.
Las diferencias entre las playas en Tenerife eran notorias. Los Cristianos y Las Vistas, en Arona, figuraban entre los espacios con una dotación más completa, con silla y muletas anfibias y servicio de apoyo al baño. Otros enclaves costeros disponían de rampas, pasarelas o aseos, pero carecían de los medios necesarios para facilitar la entrada al agua.

Horarios y competencias municipales
Otras de las barreras que puede encontrarse cualquier ciudadano que necesite este tipo de servicios es la existencia de horarios y es que esta asistencia al baño no funciona en todos los enclaves durante las mismas fechas ni durante toda la jornada.
En El Cabezo, en Güímar, por ejemplo, el servicio de apoyo se limitaba durante el verano de 2023 a determinados días y a una franja de cuatro horas. En otros puntos, la cobertura se extendía durante todo el año o durante jornadas más amplias.
Desde Sinpromi insisten, no obstante, en delimitar su papel. “No tenemos competencias en la gestión de las playas”, explican desde la entidad a Atlántico Hoy. Su cometido es otro: “Nuestra misión es promover el cumplimiento de la accesibilidad universal”.
La sociedad insular puede recibir reclamaciones relacionadas con estos espacios, aunque la primera administración a la que suelen acudir los afectados es la municipal. “Las personas usuarias en primer lugar se dirigen a su ayuntamiento”, señalan.
Por otro lado, Sinpromi puede actuar además desde el asesoramiento técnico. “Nos pueden llegar quejas de playas como de otras cuestiones como consultores y expertos y con el objeto de interceder frente a otras entidades o administraciones”, indican. La gestión efectiva de los espacios y de sus servicios, sin embargo, no depende de la sociedad insular.
El mar, un reclamo para todos
La necesidad de avanzar en esta materia adquiere otra dimensión por el peso del sector turístico. Canarias recibió alrededor de 18,4 millones de turistas en 2025, el último ejercicio completo, en un territorio donde el mar y las playas continúan siendo uno de los principales reclamos para quienes visitan las islas.
Eso no significa que todo el litoral canario pueda convertirse en accesible. La propia configuración de las costas, con numerosos charcos, piscinas naturales, enclaves con fuertes pendientes o puntos de difícil acceso hace inviable plantear las mismas condiciones en todos los puntos de baño.
Por ello, el reto del archipiélago pasa por garantizar que aquellas playas de mayor afluencia y en las que técnicamente es posible actuar dispongan de recursos suficientes para permitir su disfrute al mayor número de personas.
El mar forma parte de la identidad de Canarias y es uno de sus principales atractivos turísticos, pero también es un espacio de ocio para quienes viven en las islas durante todo el año. Garantizar una red suficiente de playas accesibles no pasa por adaptar cada rincón del litoral, sino por conseguir que, allí donde sea viable, cualquier ciudadano pueda disfrutar del mar en igualdad de condiciones.
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