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Una persona en una librería / EFE

Los adolescentes canarios no entienden lo que leen: "Necesitan versiones adaptadas de clásicos como Julio Verne"

Los libreros alertan de la pérdida de comprensión lectora entre los jóvenes y señalan el impacto de las pantallas, la inteligencia artificial y la falta de hábito lector

Los resultados del informe PISA 2025 han vuelto a poner el foco sobre el nivel educativo de Canarias. El alumnado de las Islas obtuvo 445 puntos en comprensión lectora, seis menos que la media española —situada en 451—. Además, el Archipiélago perdió 18 puntos en lectura respecto a 2022, el mayor retroceso de las tres competencias principales evaluadas.

El dato ha generado inquietud porque la comprensión lectora no afecta solo a la asignatura de Lengua. La capacidad para entender un texto es clave para resolver problemas, interpretar información y desenvolverse en el resto de materias.

Comprensión lectora

Desde el sector del libro coinciden en que el problema va más allá de que los adolescentes lean más o menos: también está cambiando su nivel a la hora de entender los textos a los que se enfrentan. Irene Pérez, presidenta de la Asociación de Librerías de Canarias, explica que se percibe una evolución diferente según la edad.

Asegura que la compra de libros entre los jóvenes ha aumentado, sobre todo entre las chicas de 12 a 18 años, indica que observa dificultades en la comprensión lectora infantil. Una realidad a la que se están adaptando las editoriales.

Libros sencillos

"Se ve que los libros ya son bastante más simplones, por decirlo así. Tienen un lenguaje más sencillo, más directo, e incluso casi todos tienen dibujitos, un formato cómico o algo que rompa un poco la estructura visualmente hablando", señala.

La consecuencia más llamativa aparece cuando los adolescentes se enfrentan —por ejemplo— a libros que generaciones anteriores leían incluso a los 12 años. Sin ir más lejos, Pérez pone un ejemplo concreto: la obra de Julio Verne.

Personas ojean libros en una librería / EFE

Clásicos adaptados

"Hoy en día un clásico no se lo recomiendo ni siquiera a un chico de 14 años porque no es capaz de entender el vocabulario. Tengo que buscarle una edición adaptada o bastante simplificada", sostiene. “Ha bajado muchísimo la comprensión lectora", pone sobre la mesa.

Remedios Sosa, presidenta de la Asociación de Libreros de la provincia de Santa Cruz de Tenerife, coincide en el diagnóstico. A su juicio, los resultados de PISA reflejan que "no se lee" y que esa pérdida de hábito tiene consecuencias que van mucho más allá del rendimiento académico.

"Una persona que no lee no tiene un pensamiento estructurado, articulado, no es crítica, no es autónoma y eso también se refleja en el lenguaje, en que su discurso deja mucho que desear, porque no pueden pensar por sí mismos", sostiene.

Pantallas y lectura

Ambas sitúan, además, el uso de las pantallas entre los factores que están condicionando la relación de los menores con la lectura. Pérez apunta directamente al móvil y a las redes sociales. Una de las principales causas —dice— es el consumo de contenidos breves como los vídeos de TikTok.

"Hoy en día, esto viene sobre todo por parte de las familias, con los padres. Las redes sociales, el móvil y en general las pantallas son la solución fácil para que no te ocupe tiempo", reflexiona.

Hábito lector

La presidenta de la Asociación de Librerías de Canarias considera que el hábito lector debería consolidarse antes de los 12 años y advierte que muchos padres todavía no limitan suficientemente el tiempo de exposición a las pantallas.

Sosa introduce además otro elemento en el debate: la inteligencia artificial. “Uno de los factores que influyen, yo creo, es la IA. Todos los niños han delegado en ella cuando tienen que hacer algo [como un trabajo de clase], les da el resumen y eso es lo que entregan”, lamenta.

Crear el hábito

Para las dos, la solución no pasa por obligar a un niño que no tiene hábito lector a enfrentarse directamente a una obra compleja. Consideran necesario crear primero el hábito y aumentar poco a poco la dificultad.

Pérez defiende comenzar con libros sencillos que permitan al menor adaptarse al hábito. "Primero algo sencillito que lo pille, que se enganche y, una vez que ya tenga los libros en la mano como costumbre, irá mejorando la calidad de lectura", señala.

Lecturas clásicas

La misma lógica aplica a los clásicos. Considera que adaptar una obra puede ser una herramienta válida cuando el nivel del lector todavía no permite abordar el original. "Si el niño no es capaz de entender este clásico original, quiere decir que no está preparado para leérselo. No tiene el vocabulario, no tiene la comprensión lectora", explica.

Pone otros dos ejemplos: Lazarillo de Tormes y La vuelta al mundo en 80 días. “Ponlo a los 14 años, a los 16, y no a los 12 porque lo que vas a hacer es aburrir al niño si no tiene la capacidad de comprensión lectora y el efecto va a ser contraproducente”, sostiene.

Familias lectoras

El papel de las familias aparece como otro de los elementos centrales. Pérez asegura que en las librerías se percibe con facilidad la diferencia entre los niños acostumbrados a leer y aquellos que no tienen el hábito. "Se ve mucho cuando los padres leen en casa y cuando no", afirma.

Sosa comparte esa visión e insiste en que la comprensión lectora tiene consecuencias sobre todo el aprendizaje. "Porque un niño que no lee va a fracasar en todas las materias al no saber lo que está leyendo y, por lo tanto, no puede resolver sus problemas", afirma.

Cultura y educación

Para Sosa, el debate sobre la lectura está relacionado con el tipo de sociedad que se quiere construir. Considera que la educación y la cultura proporcionan las herramientas necesarias para afrontar los problemas y reclama una mayor inversión.

“Si queremos avanzar y construir una sociedad justa, democrática, igualitaria, tenemos que apostar por la cultura, porque si no no llegamos a nada”, sostiene.

Clubes de lectura

Las librerías, mientras tanto, intentan mantener su papel como espacios culturales. Sosa destaca la actividad de los clubes de lectura, especialmente entre personas mayores. Y recuerda que el sector continúa abierto pese a las dificultades. “Hemos resistido”, resalta.

Pérez, por su parte, considera que recuperar el hábito lector exige empezar por algo tan sencillo como hacer que el libro vuelva a estar presente en la vida cotidiana. "Lo importante primero es que tengamos un libro en la mano y quiera el siguiente", resume.

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