El árbol que salvó a todo un pueblo: un huracán lo derribó en 1610 pero su legado sigue vivo

Este prodigioso árbol era adorado como una divinidad por su capacidad para destilar agua de la bruma y así calmar la sed de los aborígenes herreños

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El actual ejemplar del Garoé fue replantado en 1949 después de que un huracán lo arrancara de la tierra en 1610./ ISLAS CANARIAS.
El actual ejemplar del Garoé fue replantado en 1949 después de que un huracán lo arrancara de la tierra en 1610./ ISLAS CANARIAS.

A mil metros de altura en las inmediaciones de Tiñor, el pueblo más pequeño de El Hierro, hay un lugar donde la historia, naturaleza y leyenda van de la mano. Allí se alza el árbol que dio de beber a todo un pueblo y permitió la supervivencia aborigen gracias al prodigio de la lluvia horizontal, que condensa en la vegetación para terminar acumulándose en las albercas. 

El árbol sagrado de los bimbaches es un símbolo de El Hierro, adorado por los primeros habitantes como única fuente de agua, es decir, de vida. Además de calmar su sed, este aporte de agua posibilitó el desarrollo de ganadería principalmente caprina y agricultura de cultivos como la cebada. Así, es comprensible que el nombre de este árbol en tamazight insular pueda traducirse como río o laguna. 

Durante siglos el milagro del agua dulce en El Hierro se fraguó gracias a la combinación del alisio cargado de humedad recogido por este célebre ejemplar de árbol til y acumulado en el poroso suelo volcánico. Todos estos condicionantes se aliaron en favor de la supervivencia del pueblo bimbache, que consideraba al árbol Garoé como una divinidad enraizada en la tierra.

arbol garoe el hierro
Depósitos de agua bajo el Garoé./ ISLAS CANARIAS.

Un huracán y un pacto de silencio

Aunque el Garoé sigue siendo parte de la historia de Canarias y la identidad de los herreños, el ejemplar original fue arrancado de la tierra por un huracán en la primera mitad del siglo XVII, en torno al año 1610. Durante siglos pervivió en el imaginario colectivo hasta que fue replantado en 1949, resguardado por un cavidad entre paredes de tierra, bajo cuyas raíces aun hoy se acumula el agua en depósitos.

Las incursiones de piratas, que en ocasiones les apresaron para esclavizarlos en otras tierras, habían puesto sobre aviso a la población bimbache sobre las intenciones de posibles visitantes. Por este motivo decidieron sellar un pacto de silencio, penado con la muerte, acerca de la ubicación del Garoé, de manera que los conquistadores nunca descubrieran el secreto y la sed les empujar a abandonar la isla . 

Pero entonces la joven aborigen Agarfa (Garza) se enamoró de uno de aquellos marineros al punto de olvidar el compromiso con su pueblo y desvelarle el lugar sagrada del Garoé. Pronto los colonizadores acamparon en torno a esta fuente de agua y Agarfa pagó su traición con la vida, tal y como se había advertido. Su muerte fue el principio del fin del pueblo bimbache, desposeído del secreto de su supervivencia.

La explicación de Torriani

El ingeniero, historiador y cartógrafo Leonardo Torriani fue en aportar una explicación del fenómeno: "La maravilla de gotear agua no es otra cosa sino que, cuando reina el viento levante, allí en este valle se recogen muchas nieblas que después, con la fuerza del calor solar y del viento, suben poco a poco, hasta que llegan al árbol; y éste detiene la niebla con sus numerosas ramas y hojas, que se empapan como si fuese guata y, no pudiéndola conservar en forma de vapores, la convierte en gotas que recaen espesísimas en el foso".

Asimismo Torriani también recopiló testimonios de otros autores que se mostraron perplejos ante un fenómeno inusual. "No hay en todas siete islas árbol de aquella natura, ni en toda España, ni hay hombre que otro tal haya visto en parte alguna" porque según atribuían al Garoé "es tan seco y poroso, que tiene la fuerza, como el imán, de chupar el agua de la tierra y devolverla después por sus ramas y por sus hojas".

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