Las universidades canarias tienen ante sí un problema que va más allá de la incorporación de nuevos estudiantes o de la ampliación de su oferta académica. Una parte considerable de quienes imparten clases, dirigen investigaciones y sostienen la actividad universitaria se encuentra en la última etapa de su trayectoria profesional. El 25,9% del personal docente e investigador (PDI) de las universidades del Archipiélago tiene 60 años o más, una proporción que sitúa a Canarias como la segunda comunidad autónoma con el profesorado universitario más envejecido de España.
El dato procede del informe Las universidades españolas. Una perspectiva autonómica. 2026, elaborado por la Fundación CYD a partir de las estadísticas oficiales del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. La investigación, que utiliza datos del curso 2023-2024 para analizar la estructura del profesorado, coloca a Canarias únicamente por detrás de Galicia, donde el porcentaje de docentes e investigadores de 60 años o más alcanza el 26,6%. La media de las universidades presenciales españolas es del 19,1%.
La diferencia es considerable. Canarias supera en 6,8 puntos porcentuales el promedio nacional y presenta un envejecimiento superior al de Extremadura y Asturias, ambas con un 22,9%, y Andalucía, con un 20,5%. El contraste se acentúa frente a Baleares, donde los profesores de esa edad representan el 14,7%; Castilla-La Mancha, con el 16,5%; Navarra, con el 16,7%; o País Vasco, con el 16,8%.
El relevo pendiente
La estadística coloca el foco sobre las dos grandes universidades públicas del Archipiélago, la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y la Universidad de La Laguna (ULL). Ambas afrontan el desafío de incorporar nuevas generaciones de profesores e investigadores en un sistema donde más de una cuarta parte de la plantilla académica ya ha cumplido los 60 años.
El problema no se limita a sustituir a quienes se jubilen. La salida de un profesor universitario puede afectar a la docencia de una titulación, la dirección de tesis doctorales, la continuidad de grupos de investigación y la transmisión de conocimientos acumulados durante décadas. En determinados departamentos, además, la formación y acreditación de nuevos docentes exige procesos que pueden prolongarse durante años.
Por eso, el envejecimiento del profesorado plantea una cuestión de planificación. Las universidades necesitan conocer con suficiente antelación qué áreas concentrarán las futuras jubilaciones, qué plazas deberán convocarse y cómo garantizar la continuidad de sus equipos docentes e investigadores.
El informe de la Fundación CYD, sin embargo, no desglosa ese 25,9% entre la ULPGC y la ULL ni permite establecer cuántos profesores se jubilarán durante los próximos cinco o diez años. Tampoco identifica qué facultades o departamentos presentan las plantillas más envejecidas. La cifra corresponde al conjunto del sistema universitario presencial canario y describe una situación demográfica, no un calendario de jubilaciones.
Segunda de España
La posición de Canarias adquiere mayor relevancia al comprobar que no se trata de una característica generalizada de todas las universidades españolas. Madrid registra un 17,8% de profesores de 60 años o más; Cataluña, un 18%; Comunidad Valenciana, un 17,7%; y Murcia, un 19,1%. En todas ellas el peso relativo del profesorado de mayor edad es inferior al de Canarias.
Las universidades no presenciales presentan una estructura todavía más joven, con solo un 10,9% de su personal docente e investigador en ese tramo de edad. No obstante, la comparación debe interpretarse con cautela, porque su organización y sus modalidades de contratación son diferentes de las universidades presenciales.
En términos relativos, el profesorado de 60 años o más tiene en Canarias un peso aproximadamente un 36% superior al promedio de las universidades presenciales españolas. Esa distancia sitúa el relevo generacional entre los asuntos que deberán afrontar las instituciones universitarias del Archipiélago.
Plantillas y estabilidad
El envejecimiento es solo una de las variables que analiza la Fundación CYD. El informe también estudia la estabilidad laboral, la dedicación del profesorado, su formación académica y la presencia de mujeres y profesionales extranjeros.
En Canarias, el 58,1% del personal docente e investigador tiene una vinculación permanente, una proporción ligeramente inferior al 59,4% del conjunto de las universidades presenciales españolas. El indicador agrupa tanto al profesorado funcionario como al contratado con carácter indefinido.
La diferencia es mayor respecto a las comunidades que presentan plantillas más estables. Madrid alcanza el 68,1%; Murcia, el 65,4%; Navarra, el 65,2%; Extremadura, el 65,1%; y Galicia, el 64,8%. Canarias se sitúa por debajo de todos esos territorios, aunque por encima de otros sistemas universitarios con porcentajes de estabilidad más reducidos.
La composición de esa plantilla también merece atención. En las universidades canarias, el 37% del profesorado es funcionario y el 21,1% corresponde a personal contratado indefinido o fijo. La combinación explica ese 58,1% de personal permanente y muestra el peso que todavía conserva el funcionariado dentro de las estructuras universitarias.
La comparación con otras comunidades resulta ilustrativa. En Madrid, el personal funcionario representa el 23,1% y el contratado fijo el 45%. En Galicia, en cambio, el funcionariado supone el 48,2% del PDI. No todos los sistemas universitarios han construido sus plantillas permanentes mediante las mismas fórmulas de contratación.
Dedicación y formación
El informe recoge asimismo que el 63% del profesorado universitario de Canarias trabaja a tiempo completo, seis puntos por encima del promedio de las universidades presenciales españolas, situado en el 57%.
En Andalucía, Asturias, Galicia, La Rioja y Extremadura, los porcentajes superan el 70%. Canarias aparece inmediatamente después de ese grupo, por delante de País Vasco, Navarra y Aragón. La dedicación a jornada completa constituye un indicador distinto de la estabilidad contractual: un profesor puede tener una relación laboral permanente sin que necesariamente desempeñe toda su actividad a tiempo completo.
También destaca el nivel de formación académica. El 72,7% del personal docente e investigador de las universidades canarias tiene el título de doctor, frente al 71% de las universidades presenciales españolas. Asturias encabeza esta clasificación con un 87,4%, seguida de Andalucía, con un 82,8%, y Galicia, con un 79,9%.
La combinación de ambos datos permite matizar la situación. Canarias presenta una proporción relativamente elevada de profesorado con dedicación completa y una presencia de doctores ligeramente superior a la media. Su principal diferencia respecto al conjunto nacional se encuentra en la edad de quienes integran esas plantillas.
Mujeres y extranjeros
La distribución por sexos ofrece otro contraste. Las mujeres representan el 42,8% del profesorado universitario canario, por debajo del 44,3% de las universidades presenciales españolas. La distancia resulta especialmente llamativa porque Canarias es, al mismo tiempo, la comunidad con mayor presencia femenina entre sus estudiantes universitarios, donde las mujeres suponen el 59% del alumnado.
Aragón, con un 49,3%; País Vasco, con un 48,8%; y La Rioja, con un 48,5%, presentan los porcentajes más elevados de profesoras. Canarias se encuentra lejos de esas cifras, aunque supera a Andalucía, Navarra, Murcia, Extremadura y Cantabria.
La presencia internacional también es reducida. Solo el 2,01% del personal docente e investigador de Canarias tiene nacionalidad extranjera, frente al 3,61% del conjunto de las universidades presenciales españolas. Cataluña alcanza el 6,93%; Navarra, el 6,35%; Castilla y León, el 5,54%; y Cantabria, el 5,14%.
El informe no permite establecer una relación causal entre la baja proporción de profesorado extranjero y el envejecimiento de las plantillas canarias. Son indicadores diferentes, aunque ambos forman parte del debate sobre la capacidad de las universidades para renovar y ampliar sus equipos académicos.
Una cuestión nacional
El problema del relevo generacional no es exclusivo de Canarias. La Fundación CYD, en su Informe CYD 2025, sitúa la edad media del profesorado universitario español en 49,5 años y eleva esa cifra a 50,4 años en las universidades públicas, frente a los 45,7 de las privadas.
El estudio advierte, además, de que el 56,2% del personal docente e investigador de los centros propios de las universidades públicas españolas ya tiene 50 años o más. Esa composición anticipa una renovación considerable de las plantillas durante las próximas dos décadas.
La Fundación CYD también examina el Programa María Goyri, concebido para financiar unas 5.600 plazas de profesorado ayudante doctor en las universidades públicas españolas. Aunque constituye una vía para incorporar nuevos docentes, la entidad señala sus limitaciones: los contratos son temporales, la estabilización posterior no está garantizada y la retribución puede dificultar la captación de profesionales en un mercado académico internacional competitivo.
Son cuestiones que adquieren especial importancia en Canarias, donde el peso del profesorado de mayor edad supera ampliamente la media nacional.
El desafío canario
El dato del 25,9% no significa que uno de cada cuatro profesores vaya a jubilarse de inmediato. La edad de jubilación y las condiciones para continuar en activo dependen del régimen jurídico y de las circunstancias de cada docente. Tampoco puede deducirse del informe cuántas plazas nuevas necesitarán la ULPGC y la ULL en los próximos años.
Lo que sí permite establecer la comparación es la magnitud del desafío. Canarias tiene el segundo porcentaje más elevado de profesorado universitario de 60 años o más, una proporción de personal permanente ligeramente inferior a la media española y una presencia reducida de docentes extranjeros.
Para las universidades públicas del Archipiélago, el relevo generacional no consistirá solamente en cubrir vacantes. También exigirá preservar la continuidad de la docencia y la investigación, incorporar profesionales con trayectorias académicas consolidadas y ofrecer oportunidades a quienes comienzan su carrera universitaria.
La Fundación CYD no fija un calendario para esa renovación, pero sus cifras muestran que Canarias afrontará el proceso desde una posición particularmente exigente: casi 26 de cada cien docentes e investigadores de sus universidades ya han cumplido los 60 años.
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