Lo que debía ser una jornada de manifestaciones acabó convirtiéndose en horas de tensión, saqueos y destrozos en Marsella. Amara, una canaria que reside en el centro de la ciudad francesa, describe a Atlántico Hoy la tristeza y la rabia que se respiran tras los disturbios del sábado, una jornada que asegura que nunca había vivido con tanta intensidad.
"Es muy triste ver hoy cómo está todo roto. Las calles dan muchísima pena, como un antes y un después en la ciudad", relata sobre el estado de las calles después de los incidentes del fin de semana.
Una noche de tensión
Amara sabía que el sábado 17 de octubre iba a ser una jornada de manifestaciones convocadas por distintos colectivos, pero no esperaba que la situación alcanzara semejante nivel de violencia. En su zona, las movilizaciones estaban previstas para alrededor de las dos de la tarde, aunque los manifestantes ya se encontraban en las calles desde mucho antes.
"Desde las once y media ya estaban ahí manifestándose", explica.
La tensión se prolongó durante horas. Según su testimonio, en su barrio todavía se escuchaba movimiento alrededor de las tres de la madrugada, con intervenciones policiales y gases lacrimógenos.
"Lo que se esperaba que fueran unas cuantas horas de manifestación se ha convertido, por lo menos en mi zona, hasta las tres de la mañana se seguía escuchando mucho movimiento, bombas de gas lacrimógeno de la Policía. Ha sido muy intenso", cuenta.
Saqueos y comercios destrozados
La canaria describe un panorama de escaparates rotos, establecimientos saqueados y calles llenas de restos. El domingo, muchos comerciantes ya trabajaban para proteger sus negocios y evitar nuevos daños, colocando tablones de madera en los accesos y las lunas destrozadas.
Amara asegura que presenció escenas de personas que sacaban cajas y productos de las tiendas e incluso se ponían camisetas que habían robado de los establecimientos.
"Ayer pasear por las calles daba auténtica pena. Era desolador", resume.
También recuerda haber visto a personas escupiendo y echándose colirio en los ojos durante los episodios de tensión. Unas escenas que califica de surrealistas y que reflejan, a su juicio, la intensidad de lo ocurrido.
La violencia no se limitó a los comercios. Según informó la agencia Associated Press, en Marsella también sufrieron daños una comisaría de la Policía Municipal y varios establecimientos, mientras que un grupo de manifestantes llegó a entrar brevemente en el vestíbulo del Ayuntamiento tras forzar la puerta.
Manifestantes y 'casseurs'
En su relato, Amara insiste en la importancia de diferenciar entre quienes participaron pacíficamente en las manifestaciones y las personas que aprovecharon la situación para cometer actos vandálicos y saquear establecimientos.
"Yo creo que también hay que destacar que también ha habido manifestantes pacíficos, pero es que también ha habido muchísima delincuencia. Creo que son dos cosas distintas que hay que diferenciar", sostiene.
La residente en Marsella se refiere a estos últimos como casseurs, un término francés utilizado para identificar a quienes protagonizan actos de vandalismo durante las protestas.
A su juicio, los destrozos y los saqueos no pueden justificarse por el hecho de que se estuvieran celebrando manifestaciones. "Era una guerra entre la Policía y los manifestantes y luego otra parte, que es la delincuencia que ha habido. Yo creo que nada justifica tantísima delincuencia", afirma.
Una protesta histórica en toda Francia
Los incidentes de Marsella se produjeron durante una jornada de movilizaciones celebrada el sábado en distintas ciudades francesas. Las protestas estuvieron relacionadas con el encarecimiento del coste de la vida y las condiciones de los centros educativos, con la participación de estudiantes, sindicatos y otros colectivos.
Según los datos del Ministerio del Interior francés, alrededor de 550.000 personas participaron en 110 marchas en todo el país. Los organizadores elevaron la asistencia hasta las 800.000 personas. Aunque gran parte de las movilizaciones transcurrió pacíficamente, también hubo enfrentamientos con la Policía, saqueos y daños en edificios públicos y establecimientos comerciales.
Tristeza y preocupación
Tras una noche que se prolongó mucho más de lo previsto, Amara asegura que el sentimiento predominante entre quienes viven en la ciudad es una mezcla de tristeza y rabia por las consecuencias de lo ocurrido.
"Hoy, lunes, el sentimiento común es esa tristeza, esa rabia también por todas las consecuencias que ha habido", cuenta.
La canaria también muestra su preocupación por las repercusiones económicas que los destrozos puedan tener para los comerciantes y para la actividad económica. Una inquietud que se suma a la impresión que le ha dejado contemplar las calles después de los disturbios.
"Está claro que lo que va a venir son consecuencias económicas graves para el país", afirma.
Para Amara, la experiencia ha sido especialmente impactante porque nunca había vivido una situación semejante en Marsella. Su testimonio refleja la preocupación de una residente que ha visto cómo una jornada de protestas terminaba dejando daños en los comercios y una profunda sensación de desolación.
"Yo creo que nunca he vivido esto y ha sido muy, muy intenso", concluye.
Los disturbios también llegaron a otras ciudades
La tensión no se limitó a grandes ciudades como Marsella, París o Lyon. Jaime Zerolo, un tinerfeño de Santa Cruz de Tenerife que reside en Besançon, en el este de Francia, también ha vivido de cerca las movilizaciones y los altercados registrados durante el fin de semana.
Aunque explica que en esta ciudad la situación tuvo una dimensión menor que en los principales núcleos urbanos, asegura que también se produjeron episodios de violencia durante las manifestaciones universitarias.
"Las manifestaciones eran normales hasta que aparece la Policía. Entonces, los más radicales se cuelan entre los manifestantes que van de manera pacífica y arman el lío", relata.
Según su testimonio, durante los incidentes se quemaron contenedores y vehículos, se rompieron adoquines de la calle y se produjeron robos en establecimientos comerciales. Jaime señala que estos episodios han generado hartazgo entre parte de la población con la que ha hablado en su entorno laboral.
"Están hartos de estas situaciones y, sobre todo, de ser el hazmerreír de toda Europa y de casi todo el mundo, porque ven que estas situaciones pasan y han pasado ya con anterioridad y ven que no se les pone remedio", explica.
El tinerfeño también percibe un deseo de cambio político entre algunos de sus compañeros franceses, aunque reconoce que su visión procede de las conversaciones mantenidas en su entorno. De este modo, su relato aporta otra perspectiva sobre el malestar que acompaña a las protestas, esta vez desde una ciudad alejada de los principales focos informativos.
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