El mar es uno de los grandes reclamos de Canarias, pero también una amenaza que deja decenas de víctimas cada año. En lo que va de 2026, 40 personas han fallecido por ahogamiento en el archipiélago, lo que supone un incremento del 30 % respecto al año anterior.
Estas cifras, aportadas por Sebastián Quintana, presidente de Canarias, 1500 Km de Costa, en una entrevista concedida a Atlántico Hoy, plantean un debate sobre la peligrosidad del océano, la falta de vigilancia en determinados enclaves costeros y, según el presidente de la asociación, el factor fundamental: la falta de conocimiento sobre cómo actuar ante una situación de riesgo.
"El ahogamiento se evita en tierra", asegura Quintana, quien reclama mayor información, prudencia y divulgación sobre los riesgos del mar.
Tenerife, la isla más afectada
Más allá de los fallecimientos, el balance de la entidad apunta a unos 130 afectados en lo que va de año, entre personas rescatadas y heridas de diversa gravedad. La situación preocupa especialmente en Tenerife, donde Quintana sitúa en 15 el número de muertes por ahogamiento, y en Fuerteventura, con diez.
Los datos, no obstante, deben interpretarse como una fotografía inicial de cada emergencia. “No sabemos si esas personas han podido morir porque el acceso a la información que nosotros tenemos es en la asistencia inicial”, señala Quintana, quien añade que la información oficial no siempre permite conocer la evolución posterior de los heridos.
Imprudencia ante la prohibición
Una gran parte de este tipo de siniestros han ocurrido tras impruedencias en el mar. "La mitad de los fallecidos se introdujeron en el mar cuando había activada una prealerta o alerta", afirma el presidente de Canarias, 1500 Km de Costa.
“Si hay una bandera roja, no se metan”, reclama. La advertencia es sencilla, pero no siempre se cumple. El dirigente compara esa respuesta con los cierres por contaminación: mientras la presencia de bacterias como la E-coli suele disuadir a los bañistas, la bandera roja continúa siendo ignorada por quienes consideran que el estado del mar es asumible. El riesgo, sin embargo, puede ser mucho mayor.
Por otro lado, la asociación plantea reforzar la señalización en la costa, especialmente mediante carteles en varios idiomas que detallen las condiciones del mar y los riesgos de cada punto. También propone que los municipios, responsables de la seguridad de las playas, contemplen en sus ordenanzas sanciones monetarias para quienes no respeten balizas, vallas o prohibiciones de baño.
Peligro tras la "idílica" postal
Canarias cuenta con unos 750 lugares de baño, según los cálculos de la asociación, y alrededor de 350 pueden llegar a registrar una gran afluencia. Se trata de enclaves costeros que, en muchas ocasiones, no disponen de vigilancia permanente.
En algunos casos, la ausencia de socorristas puede coincidir con una intensa promoción turística en redes sociales y publicaciones especializadas. Uno de los ejemplos citados por Sebastián Quintana es la playa de Cofete, en Fuerteventura, cuyo paisaje se ha convertido en un icono turístico.
Sin embargo, este horizonte de kilómetros de arena blanca y mar azul oculta una realidad muy distinta. Se trata de una playa con un elevado índice de mortalidad debido a su fuerte oleaje y a sus corrientes, que carece de vigilancia durante todo el año, por lo que el baño entraña un riesgo muy elevado.
“Son sitios para fotografiar desde tierra, no para bañarse”, afirma Quintana, un mensaje que cuestiona la comercialización del litoral canario al exterior.
Un 70 % son turistas
Las imágenes de playas salvajes, piscinas naturales y charcos en redes sociales atraen a miles de visitantes que, en ocasiones, desconocen la fuerza de las corrientes, el comportamiento de las mareas o la dificultad de salir del agua en determinadas zonas.
La entidad sostiene que siete de cada diez personas que mueren ahogadas en Canarias son turistas. Esta cifra demuestra que la prevención y la información también debe llegar a aeropuertos, alojamientos, empresas de excursiones, redes sociales y puntos de información turística.
Educación y más socorristas
Otra de las carencias señaladas por la asociacióna es la falta de vigilancia en el litoral canario. Quintana estima que Canarias necesitaría entre 1.000 y 1.500 socorristas más para cubrir adecuadamente las zonas de baño, muchas de ellas abandonadas al ponerse el foco en las zonas turísticas.
Por otro lado, el dirigente rechaza que la solución pase exclusivamente por desplegar un socorrista en cada rincón de la costa. “No podemos poner un socorrista detrás de cada bañista", ha afirmado a Atlántico Hoy.
“El problema es el analfabetismo que hay en materia de cultura de la prevención y la seguridad acuática”, añade. La asociación asegura haber impartido charlas a unas 27.000 personas para explicar cómo reaccionar ante fenómenos como las corrientes de retorno, una de las situaciones que más pánico genera entre los bañistas. En estos casos, según afirma Quintana, intentar nadar con todas las fuerzas hacia la orilla puede ser un error fatal.
Un reto de salud pública
Quintana sostiene que los ahogamientos son la primera causa de muerte por accidente en Canarias, por encima de los siniestros de tráfico. También vincula el aumento de incidencias con el crecimiento de visitantes: el archipiélago recibió 18 millones de turistas el año pasado, una presión que, a su juicio, hace necesario reforzar la información preventiva.
El reto no consiste únicamente en desplegar más socorristas y aumentar la vigilancia en las zonas de baño, sino en enseñar a residentes y visitantes a interpretar el mar y todos los peligros que este conlleva.
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