El 27,3% de los menores canarios reconoce fumar de forma ocasional y un 4,3% lo hace ya a diario. Son datos que la psicóloga Ana Bautista Santamaría puso sobre la mesa este jueves en Las Palmas de Gran Canaria, durante una jornada que puso el foco en un problema que, según los expertos, empieza cada vez antes.
El director general de Salud Mental y Adicciones del Gobierno de Canarias, Fernando Gómez-Pamo, participó junto a Bautista en el diálogo 'Prevención de las adicciones en menores: comprender, anticipar y proteger', enmarcado en la jornada 'La adicción ante el tabaquismo: un problema de salud; un problema de prevención', organizada por el Colegio Oficial de la Psicología de Las Palmas.
La edad de inicio
Según las cifras que manejó Bautista, la edad de inicio en el tabaco se sitúa entre los 13 y los 14 años, y a partir de los 15 ya pueden encontrarse casos de consumo diario. A esto se suma un dato que preocupa especialmente a los especialistas: el 49,5% de los jóvenes de entre 14 y 18 años ha probado ya los cigarrillos electrónicos.
La psicóloga explicó que los adolescentes empiezan a fumar por una combinación de factores: la curiosidad propia de la edad, la presión del grupo de iguales y la normalización del tabaco en el entorno familiar y social. No es una decisión aislada, sino el resultado de un contexto que, según remarcó, hay que trabajar desde varios frentes a la vez.
Bautista advirtió de que el tabaquismo durante la adolescencia no es un asunto menor: repercute directamente en el desarrollo cognitivo, favoreciendo la disminución de la memoria, la capacidad de concentración y el rendimiento escolar.
A ello se suma el componente emocional. Muchos menores recurren al tabaco como un mecanismo disfuncional para gestionar sus emociones, y la dependencia a la nicotina genera síntomas como estrés, fatiga e irritabilidad cuando no consumen. Este patrón, explicó la psicóloga, puede derivar en menor autocontrol, más impulsividad y relaciones personales más deterioradas.
Frente a ello, defendió que una autoestima elevada, la comunicación fluida en el entorno familiar y unas buenas habilidades de regulación emocional ayudan a que los menores puedan rechazar el consumo pese a la presión externa.
Prevención antes que prohibición
Gómez-Pamo fue claro en su planteamiento: "En las adicciones lo más importante es la prevención, sobre todo en el tabaco". El responsable regional insistió en que no se puede caer en la prohibición como única respuesta, tal y como ha ocurrido en el pasado con otros productos, porque a menudo genera el efecto contrario y despierta la curiosidad de los jóvenes.
En esta línea, avanzó que el anteproyecto de Ley Canaria de Infancia y Adolescencia, que el Gobierno regional espera sacar adelante "antes de final de año", contempla reforzar la prohibición de venta de tabaco a menores, limitar su publicidad en entornos dirigidos a este colectivo y restringir su presencia en espacios frecuentados por niños y adolescentes.
Educación entre iguales
Tanto Gómez-Pamo como Bautista coincidieron en que los programas de prevención deben apoyarse en los propios jóvenes como transmisores del mensaje. "Se trata de responsabilizarse, y por eso son importantes los programas de prevención y que sean los jóvenes los que envíen mensajes a los propios jóvenes", señaló el director general.
Bautista, por su parte, abogó por políticas públicas que protejan a los menores y por adelantar la educación a edades más tempranas, especialmente para contrarrestar los sesgos que minimizan los riesgos de los vapers entre los adolescentes.
Para los casos en los que los menores ya han desarrollado el hábito, la psicóloga defendió una evaluación temprana que permita atajar la adicción desde el principio, cambiar las conductas y reducir los daños. "El tabaquismo en sí afectará a todos los niveles de una manera integral y aumentará el riesgo de adicción", concluyó.