Imagen de archivo de las consecuencias de la borrasca Therese / EFE
Imagen de archivo de las consecuencias de la borrasca Therese / EFE

Canarias cumple 200 años del aluvión que dejó cerca de 300 muertos y arrastró al mar la Virgen de Candelaria

La noche del 7 al 8 de noviembre de 1826 concentra la memoria de un temporal que devastó Tenerife y dañó Gran Canaria, y cuyo estudio vuelve a poner el foco en la prevención

luna moya

Hace exactamente doscientos años, la noche del 7 al 8 de noviembre de 1826, Canarias vivió uno de los mayores desastres de su historia. Lluvias torrenciales, viento y una fuerte alteración del mar arrasaron viviendas, cultivos e infraestructuras. El episodio quedó en la memoria como el gran aluvión de 1826 o la tormenta de San Florencio.

El Gobierno de Canarias sitúa el balance humano del temporal en 298 víctimas mortales. Su documentación sobre el bicentenario recoge, además, más de 600 viviendas destruidas solo en Tenerife. Las reconstrucciones históricas presentan diferencias en algunos recuentos, pero coinciden en la enorme dimensión de la catástrofe.

La efeméride llega este domingo 8 de noviembre de 2026, en plena atención informativa al paso de Bruna. La coincidencia del calendario permite recuperar aquella historia, aunque la comparación de fechas no establece una equivalencia entre ambos episodios meteorológicos.

Días de destrucción

Museos de Tenerife sitúa el desarrollo del temporal entre el 6 y el 9 de noviembre de 1826, con un impacto especialmente intenso en el valle de La Orotava y otras localidades de Tenerife y Gran Canaria.

La institución conserva una reconstrucción basada en testimonios recogidos por Francis Coleman Mac-Gregor en una obra publicada en 1831. Entre ellos figuran las observaciones del profesor Jean Pierre Auber, que describió cómo el empeoramiento del tiempo dio paso a lluvias persistentes y riadas que descendían desde las montañas.

Esos relatos ayudan a reconstruir una emergencia vivida desde las casas, los caminos y los barrancos. También muestran los límites de la información disponible entonces: las crónicas y los documentos de daños son hoy piezas esenciales para estudiar lo sucedido.

La imagen desaparecida

Uno de los episodios más recordados fue la pérdida de la talla original de la Virgen de Candelaria. Las aguas destruyeron la capilla del convento dominico donde se custodiaba y arrastraron la imagen hacia el mar.

La Asociación por la Memoria del Aluvión de 1826 recoge también el golpe que sufrió el valle de La Orotava. Un informe histórico de sus cuatro jurisdicciones contabilizó 225 casas destruidas, 235 fallecidos y 804 cabezas de ganado desaparecidas.

Son cifras correspondientes a ese ámbito territorial, que deben leerse dentro de su propio recuento. La destrucción alcanzó las explotaciones agrícolas y ganaderas, además de las viviendas, y afectó de manera profunda a la economía del valle.

La huella grancanaria

Gran Canaria sufrió también los efectos del temporal. La reconstrucción divulgada por Mapping Canarias, vinculada al proyecto de la Biblioteca de Canarias, describe inundaciones, daños agrícolas y graves problemas en los accesos y comunicaciones de la capital y su entorno.

El Guiniguada y otros barrancos arrastraron agua, lodo y sedimentos hacia las zonas bajas. En Tenoya quedó destruido uno de los arcos del puente construido apenas dos años antes, en 1824. Las vegas de cultivo próximas a Las Palmas padecieron asimismo el deterioro de las tierras y sus terrazas.

La dimensión del desastre estuvo ligada tanto a las lluvias como a la localización de poblaciones, infraestructuras y actividades económicas expuestas a las riadas.

Qué sabe la ciencia

La naturaleza exacta del sistema que alcanzó las islas sigue siendo objeto de estudio. En una entrevista con EFE, el delegado territorial de AEMET, David Suárez, explicó que la hipótesis de un origen tropical es plausible, pero que no puede afirmarse con certeza que fuera un ciclón tropical.

El episodio ocurrió antes de que existiera una red de observación meteorológica comparable a la actual. Por eso, su análisis combina documentación histórica, observaciones aisladas y las huellas que dejaron las escorrentías.

La prevención actual

El bicentenario ha servido para reunir a investigadores y responsables de emergencias. En septiembre, unas jornadas celebradas en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria abordaron el cambio desde la respuesta comunitaria de 1826 hasta la planificación actual de protección civil.

El CECOES 112 y la Dirección General de Emergencias destacaron las posibilidades de anticipación, coordinación y aviso a la población, incluido ES-Alert. También señalaron que hoy existen más personas, infraestructuras y servicios expuestos.

Recordar el aluvión permite conocer cómo un temporal transformó las islas y estudiar de qué manera reducir las consecuencias de futuras emergencias.

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