Los centros educativos canarios que participaron en PISA 2025 completaron las pruebas sin incidencias tecnológicas, según ha explicado este lunes Mónica Tuset, responsable de Desarrollo de Negocio Internacional y Grandes Cuentas de Open Assessment Technologies (OAT), durante la jornada PISAr a fondo: de los datos a la acción, organizada por Atlántico Hoy en Las Palmas de Gran Canaria.
"A nivel tecnológico no hemos tenido ninguna incidencia", ha señalado Tuset al ser preguntada por el funcionamiento de las pruebas en las Islas, donde factores como la insularidad y las diferencias entre centros urbanos y rurales planteaban interrogantes sobre el desarrollo de una evaluación de estas características.
La especialista ha detallado el trabajo tecnológico que hizo posible la aplicación de PISA 2025 en 91 países y 54 idiomas, con más de 900.000 evaluaciones completadas. La operación exigió adaptar la plataforma durante varios años para garantizar que los estudiantes pudieran realizar las pruebas en condiciones equivalentes, independientemente de su ubicación o de la infraestructura tecnológica disponible.
Una evaluación en 91 países
La edición de 2025 supuso un nuevo paso en la digitalización de PISA, el programa internacional que evalúa las competencias de los estudiantes de 15 años. Según ha explicado Tuset, el despliegue requirió desarrollar una plataforma capaz de responder a las necesidades de países con diferentes niveles de conectividad y recursos tecnológicos.
El sistema permitió realizar alrededor de 800.000 evaluaciones en línea y más de 100.000 sin conexión a internet, mediante un modelo híbrido que facilitó la participación de territorios con dificultades para mantener una conexión estable.
La infraestructura también tuvo que soportar picos de hasta 100.000 usuarios simultáneos. El objetivo era que todos los participantes utilizaran las mismas funcionalidades, aunque la forma de acceder a la plataforma pudiera variar según las condiciones técnicas de cada país.
"Lo que nosotros queríamos conseguir era poder ofrecer la misma experiencia a todos los usuarios, independientemente de la conectividad que tuviesen en su país", ha explicado Tuset.
Adaptación a 54 idiomas
Uno de los principales desafíos fue adaptar la interfaz a 54 idiomas diferentes, incluidos aquellos que se leen de derecha a izquierda. El trabajo no se limitó a traducir los menús y las instrucciones de la plataforma: también fue necesario adaptar el contenido de las pruebas a las distintas lenguas.
La plataforma se utilizó en todos los países participantes, aunque las modalidades de aplicación pudieron variar en función de las necesidades locales. Tuset ha destacado que el objetivo era mantener una experiencia consistente para el alumnado, con independencia del lugar en el que se realizara la evaluación.
La especialista también ha explicado que la tecnología empleada utiliza estándares abiertos, lo que permite conectar la herramienta con otros sistemas educativos y compartir preguntas y materiales entre plataformas.
Este modelo facilita que los contenidos no queden vinculados exclusivamente a una herramienta concreta y puedan utilizarse en diferentes entornos educativos, incluidos los sistemas de gestión del aprendizaje empleados por los centros.
Más información que la respuesta
La digitalización también permite recoger información que va más allá de la respuesta final del estudiante. Según Tuset, la plataforma registra datos sobre las interacciones durante la prueba, como el tiempo dedicado a cada pregunta, los cambios de respuesta y los intentos realizados.
Esta información puede resultar útil para que los especialistas analicen la calidad de las preguntas, identifiquen posibles dificultades y mejoren el diseño de futuras evaluaciones.
La tecnología, por tanto, no se limita a trasladar a una pantalla los exámenes que antes se realizaban en papel. También permite estudiar cómo interactúan los alumnos con las preguntas y qué elementos pueden facilitar o dificultar su comprensión.
PISA 2025 incorporó, además, nuevas posibilidades relacionadas con el aprendizaje en un entorno digital y la evaluación opcional de lenguas extranjeras. En esta última área se desarrollaron funciones para reproducir audios y grabar respuestas orales, de manera que pudieran evaluarse tanto la comprensión como la expresión oral.
El reto de la inteligencia artificial
De cara al futuro, Tuset considera que uno de los principales desafíos consiste en avanzar hacia evaluaciones adaptativas, capaces de ajustar mejor las interacciones a las características y necesidades de cada estudiante.
La especialista también ha señalado el potencial de la inteligencia artificial para agilizar tareas relacionadas con el diseño de las interacciones, la aplicación de las pruebas y la calificación. No obstante, ha defendido que su incorporación debe realizarse de forma responsable y con la supervisión de expertos.
Otro de los aspectos que ha destacado es la sostenibilidad económica de las herramientas de código abierto, que pueden contribuir a reducir los costes de desarrollo y facilitar el acceso a tecnologías de evaluación educativa.
La conclusión de Tuset es que la evaluación digital ya es una realidad a gran escala, pero su desarrollo debe mantener tres condiciones fundamentales: rigor, estabilidad y equidad. El reto consiste en aprovechar las nuevas posibilidades tecnológicas sin que las diferencias de infraestructura o conectividad condicionen las oportunidades de los estudiantes.
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