Circular por las principales autopistas de Canarias en hora punta puede convertirse en una prueba de paciencia. Los vehículos avanzan lentamente, se detienen y vuelven a arrancar hasta que, de repente, el tráfico recupera la normalidad. No hay accidentes, obras ni coches averiados que expliquen lo ocurrido. ¿Por qué se ha formado entonces el atasco?
Aunque no todas las retenciones tienen el mismo origen, existe un fenómeno que podría explicar algunas situaciones de este tipo: los atascos fantasma, congestiones que se producen sin necesidad de que haya un obstáculo en la carretera y cuyo origen puede encontrarse en algo tan cotidiano como una frenada.
Lejos de ser una simple teoría, este comportamiento del tráfico lleva años siendo estudiado por investigadores de distintos países. Uno de los trabajos más recientes sobre el fenómeno lo desarrolla el instituto alemán Fraunhofer ITWM, que el pasado septiembre publicó nuevos detalles sobre sus investigaciones para reducir estas retenciones.
¿Cómo se forma un atasco fantasma?
La explicación está en cómo reaccionan los conductores cuando circulan muy próximos unos a otros. Si un vehículo reduce ligeramente la velocidad, el siguiente puede necesitar frenar algo más y el tercero todavía con mayor intensidad. Esta reacción se transmite a los coches que vienen detrás hasta que algunos terminan deteniéndose por completo. Así se genera una especie de onda de frenadas que se desplaza hacia atrás, en sentido contrario al de la circulación, aunque los vehículos continúen avanzando.
Benjamin Seibold, investigador de la Universidad de Temple, en Estados Unidos, explica en una entrevista publicada por Fraunhofer que estas situaciones aparecen cuando el flujo de vehículos se vuelve inestable y pequeñas variaciones de velocidad comienzan a amplificarse. El fenómeno es especialmente relevante cuando existe una elevada densidad de tráfico, ya que los conductores disponen de menos margen para absorber esas variaciones sin recurrir al freno.
De hecho, investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) desarrollaron un modelo matemático que permite explicar cómo pequeñas perturbaciones pueden convertirse en retenciones capaces de mantenerse incluso después de desaparecer la causa inicial.

Un experimento con 22 coches
Una de las pruebas más conocidas se realizó en Japón y sus resultados fueron publicados en 2008 en la revista científica New Journal of Physics.
Los investigadores reunieron 22 vehículos en un circuito circular de 230 metros, sin semáforos, cruces ni obstáculos. Los conductores debían circular intentando mantener una velocidad y una separación constantes. Sin embargo, las pequeñas diferencias en la conducción terminaron alterando el movimiento del conjunto. Algunos vehículos comenzaron a reducir la velocidad, otros tuvieron que frenar y finalmente apareció una retención que se propagaba hacia atrás por el circuito.
El experimento de Sugiyama y sus colaboradores demostró que, cuando la concentración de vehículos alcanza determinadas condiciones, el propio comportamiento colectivo del tráfico puede generar un atasco sin que exista ningún accidente ni estrechamiento de la vía.
¿Puede ocurrir lo mismo en la TF-5?
La autopista del norte de Tenerife es uno de los escenarios en los que los conductores se enfrentan habitualmente a importantes retenciones, especialmente durante los desplazamientos de entrada y salida del área metropolitana.
Un trabajo académico presentado en la Universidad de La Laguna en 2020, centrado en el tramo entre La Matanza de Acentejo y Santa Cruz de Tenerife, abordó esta problemática a partir de factores como la distribución de la población, el parque de vehículos, la intensidad del tráfico y los motivos de desplazamiento.
Las condiciones de circulación con una elevada concentración de vehículos pueden favorecer la aparición de atascos fantasma, según las investigaciones científicas. También hay que tener en cuenta que una carretera puede sufrir congestiones sin accidentes por otros motivos, como la cantidad de vehículos que intenta circular al mismo tiempo, las incorporaciones o las limitaciones de capacidad de determinados tramos.
¿Qué pueden hacer los conductores para evitar estos atascos?
Aunque eliminar por completo estas retenciones resulta complicado, las investigaciones apuntan a que una conducción más uniforme puede ayudar a reducirlas. En sus estudios, Seibold y otros investigadores han comprobado que los vehículos que mantienen una velocidad estable y anticipan los cambios del tráfico pueden contribuir a suavizar las ondas de frenado.
Uno de sus experimentos demostró que un solo vehículo controlado para circular de manera más uniforme podía mejorar el comportamiento del tráfico de otros 20 coches en un circuito cerrado. Esto no significa que un conductor pueda resolver por sí solo los problemas de congestión de una autopista, pero sí que determinadas prácticas pueden ayudar a evitar que pequeñas perturbaciones se conviertan en retenciones mayores. Mantener una distancia de seguridad adecuada, anticiparse a las reducciones de velocidad y evitar acelerones y frenazos innecesarios son comportamientos coherentes con las conclusiones de estos estudios.
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