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Imagen editada por Atlántico Hoy de la playa de las Canteras y la dermatóloga Marina Rodríguez./ EFE-Dermaten

La dermatóloga Marina Rodríguez alerta del sol que "no vemos" en Canarias: "Tomar sol no es igual a ir a la playa"

La especialista advierte del efecto acumulativo de la radiación ultravioleta en las islas, donde las quemaduras no se limitan únicamente al verano y pasa factura a largo plazo

Canarias vive expuesta al sol durante todo el año. Sin embargo, el mayor peligro puede estar precisamente en aquella radiación que no se percibe como una exposición solar y es que no hace falta tumbarse la arena, ni siquiera que el cielo esté completamente despejado, para que la piel acumule los efectos de los rayos ultravioleta.

“Tomar sol no es igual a ir a la playa”, resume Marina Rodríguez, médica especialista en Dermatología Médica Quirúrgica y Venereología, en una entrevista con Atlántico Hoy. Una advertencia especialmente relevante en un territorio en el que la elevada radiación UV forma parte de la vida cotidiana y es que Canarias es la región española con mayor nivel de radiación UV durante todo el año.

Avisos por radiación ultravioleta

La Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias volvió a advertir el pasado 30 de julio de los riesgos para la salud derivados de la radiación ultravioleta. Su previsión para los cinco días siguientes situaba municipios de todas las islas en nivel extremo, con buena parte de Gran Canaria, Lanzarote, La Graciosa y El Hierro, además de distintas zonas del resto del archipiélago, dentro del nivel más elevado de riesgo.

Por otro lado, el pasado 6 de agosto, la predicción detallada de AEMET situaba el índice ultravioleta máximo, en condiciones de cielo despejado, en 10 en Arrecife, Las Palmas de Gran Canaria, Puerto del Rosario, San Sebastián de La Gomera, Santa Cruz de La Palma y Valverde, mientras Santa Cruz de Tenerife alcanzaba un valor de 9. La propia agencia considera los índices de 8 a 10 como “muy altos”.

Una mujer se aplica protección solar. / SERVIMEDIA

Quemaduras todo el año

“En verano es cuando más quemaduras solares registramos en consulta, simplemente porque la gente está de vacaciones y tiene exposiciones más masivas al sol”, explica Rodríguez. Sin embargo, añade inmediatamente una particularidad del archipiélago: “En Canarias, por desgracia, durante todo el año estamos viendo gente quemada”.

La dermatóloga recuerda incluso pacientes que se han quemado durante un paseo en noviembre, bajo la característica panza de burro del norte de Tenerife. “El sol de noviembre con panza de burro te puede quemar”, advierte.

Uno de los grandes mitos dentro de la población canaria es la falsa sensación de seguridad que generan las nubes explica parte del problema. No sentir calor o no ver un cielo completamente despejado no significa que la piel haya dejado de recibir radiación ultravioleta.

El sol pasa factura

Ese desconocimiento también aparece cuando llega un diagnóstico. Rodríguez asegura que una de las frases que más escucha entre pacientes con lesiones provocadas por el daño solar es: “Pero si yo no tomo sol”.

La explicación es sencilla. Pequeñas acciones como conducir durante horas, trabajar en el exterior, practicar senderismo, nadar, jugar al fútbol o simplemente caminar suman a la exposición solar.

Por otro lado, la piel tiene mucha memoria. Una quemadura sufrida durante la infancia o la adolescencia puede contribuir, junto con el resto de radiación acumulada, al desarrollo de lesiones muchos años después.

Lo más importante es la responsabilidad con nuestros niños, protegerlos”, señala la especialista, que considera a menores y adolescentes una de las poblaciones sobre las que más debe incidir la prevención, edades donde la población se ve más expuesta a esta radiación y puede traer factura a largo plazo.

Imagen de archivo de la playa de Las Vistas, en el municipio de Arona, al sur de la isla de Tenerife. / EFE - MIGUEL BARRETO

Melanomas y otras lesiones graves

Las consecuencias de la exposición solar también pueden comenzar con una simple quemadura. “Una quemadura solar que todos hemos padecido, por desgracia”, apunta Rodríguez, aunque en los casos más intensos pueden aparecer incluso ampollas.

Tras estas quemaduras solares, a largo plazo, pueden aparecer manchas, léntigos solares y otros signos de fotoenvejecimiento, pero también lesiones precancerosas como la queratosis actínica y diversos tipos de cáncer cutáneo.

En este último caso, Rodríguez diferencia entre carcinomas como el basocelular o el epidermoide y el melanoma, especialmente peligroso por su capacidad para extenderse a otros órganos. Este tipo de cáncer de piel representa actualmente el 2,7% de los cánceres diagnosticados en Canarias y es el noveno tumor más frecuente del archipiélago, según datos del Servicio Canario de la Salud.

“La mitad de mis consultas se deben a oncología cutánea”, afirma Rodríguez al referirse a su propia actividad asistencial, donde también atiende lesiones precancerosas y otros problemas derivados del daño solar.

Prevención y hábitos saludables

La dermatóloga sostiene que la prevención no se puede limitar unicamente al uso de protección solar. “El uso de crema solar es importantísimo, pero no solamente cuando voy a la playa”, insiste.

Su recomendación es bastante clara, convertirla en un nuevo hábito. “Deberías lavarte los dientes y ponerte la crema solar inmediatamente”, suele decir Rodríguez a sus pacientes, un mensaje que traslada también al resto de la población.

Hay 20.000 formas supersencillas de reaplicar un fotoprotector sin que sea una molestia”, afirma Rodríguez, quién añade que otras zonas como orejas, nuca, cuello, escote, manos, antebrazos, piernas o el dorso de los pies suelen quedar olvidadas.

Esta protección cobra todavía más importancia cuando se observa el daño solar desde una perspectiva de años. Rodríguez también aprovecha para recordar que las consecuencias que aparecen en la edad adulta no dependen únicamente del sol recibido ese verano o de una quemadura puntual.

“Todo ello tiene mucho que ver con las quemaduras solares que hemos recibido a lo largo de nuestra vida, con el daño solar que hemos recibido sobre todo en la infancia y en la adolescencia y con esa radiación acumulada”, sentencia.

 

 

 

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