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Termómetro marcando que la persona tiene fiebre / FREEPIK

Fiebre alta y diagnóstico difícil: Canarias lidera los casos de esta enfermedad poco conocida

Un estudio analiza 588 casos de fiebre Q atendidos durante 25 años en el Hospital Insular de Gran Canaria, una infección ligada a animales que puede pasar desapercibida

La fiebre Q no es una enfermedad conocida por la mayoría de la población. Sin embargo, Canarias es la comunidad con mayor incidencia de casos de esta patología. Solo en 2023 registró 122 contagios. 

Un estudio reciente pone el foco en Gran Canaria para entender mejor cómo se comporta esta infección en las islas. La investigación analiza 588 casos de fiebre Q aguda esporádica atendidos durante 25 años en el Hospital Universitario Insular de Gran Canaria, una de las series clínicas más amplias realizadas desde un solo centro sobre esta enfermedad.

Qué es la fiebre Q

La fiebre Q es una zoonosis, es decir, una enfermedad que puede transmitirse de animales a personas. Está causada por la bacteria Coxiella burnetii, que puede estar presente en distintos animales y eliminarse a través de secreciones como la orina, las heces, la leche o los restos relacionados con el parto.

En el entorno local, el estudio apunta al ganado caprino como uno de los portadores más relevantes. Se detectó una prevalencia local del 60,4% en cabras, por encima de la observada en ovejas y vacas.

Cómo se transmite

Sin embargo, una de las claves del trabajo es que no hace falta vivir en el campo ni trabajar directamente con ganado para enfermar. Aunque la fiebre Q puede relacionarse con el consumo de leche, queso u otros productos lácteos sin pasteurizar, el estudio no sitúa esta vía como la principal forma de transmisión, ya que solo el 17,8% de los pacientes había consumido lácteos no pasteurizados. 

La investigación apunta más bien a la transmisión por el aire, a través de partículas contaminada. Esa capacidad de desplazarse desde su lugar de origen ayuda a explicar que muchos pacientes residieran en zonas urbanas o semiurbanas y no tuvieran un contacto directo evidente con animales.

Imagen de un grupo de cabras / PEXELS

El perfil de los pacientes

La mayoría de los casos analizados correspondía a hombres, que representan el 83,7% de la serie. El grupo de edad más frecuente fue el de personas de 30 a 59 años, que concentra casi siete de cada diez pacientes.

Además, solo el 15,8% de los pacientes vivía en zonas rurales. Frente a ello, el 55,4% residía en áreas semiurbanas y el 28,8% en entornos urbanos. 

Síntomas de la enfermedad

La fiebre Q puede ser difícil de detectar porque sus síntomas se parecen a los de muchas otras infecciones. En la serie estudiada, los más frecuentes fueron fiebre alta, dolor de cabeza, sudoración intensa, dolores musculares y dolor articular. La temperatura máxima mediana fue de 39,4 grados y más del 30% de los pacientes llegó a superar los 40 grados.

Casi la mitad de los casos se presentó como una forma inespecífica, es decir, una fiebre sin un foco claro. Otra parte importante tuvo afectación hepática, mientras que las formas pulmonares fueron menos habituales.

El 23,5% de los pacientes necesitó ingreso hospitalario y, entre quienes ingresaron, la estancia mediana fue de 22 días. Aun así, el pronóstico general fue bueno. Durante el seguimiento, el estudio solo recoge una muerte atribuida a fallo hepático por la infección y no detecta evolución hacia fiebre Q crónica en la serie.

Un síntoma que despista

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que más del 90% de los pacientes presentó alteraciones transitorias en el análisis de orina. Esto puede llevar a confusión si se interpreta como una infección urinaria y no como parte del cuadro de fiebre Q.

El propio trabajo advierte de que esa confusión puede favorecer el uso de antibióticos no adecuados, así como el infradiagnóstico. Por eso, los autores subrayan la importancia de tener en cuenta esta enfermedad ante determinados cuadros de fiebre alta, especialmente en territorios donde su presencia es sostenida.

Sin alarmismo, pero con vigilancia

La investigación no plantea una alarma sanitaria, pero sí aporta una lectura relevante para la salud pública. La fiebre Q puede pasar desapercibida, confundirse con otras infecciones y afectar a personas sin contacto directo con ganado.

En Gran Canaria, el estudio la presenta como una enfermedad poco visible, pero persistente, en la que se cruzan salud humana, animales y territorio.