La avería del avión de Iberia Parque Nacional Picos de Europa en el que el papa León XIV tenía previsto regresar a Roma desde Tenerife este viernes ha dejado injustamente en paños menores a una operación que se ha planificado al milímetro para permitir el paso del Sumo Pontífice visitase Gran Canaria y Tenerife en tiempo récord.
En el último momento, con el Papa y su comitiva ya montados en la aeronave y esta preparándose para entrar en calle de rodaje, el avión sufrió un problema técnico que obligó primero a evacuar a su Santidad y, después, a bajar a todos los pasajeros para hacer pruebas.
El Falcon del rey
Durante unos minutos, las máquinas push back de la empresa de handling de Iberia South carretearon el avión para darle la vuelta y tratar de encender las turbinas, ya que se sospechaba que el fallo podría haber sido originado por la entrada de aire en los motores antes de arrancarlos.
Al final, se tomó una decisión drástica: meter al Papa en el Falcon del rey Felipe VI para que volviese a Roma y pedir otro avión de Iberia a Madrid, que cogería más tarde el monarca con los periodistas que acompañaban al Sumo Pontífice.
La operativa
Sin embargo, más allá de ese inesperado incidente final, la visita papal a Canarias deja detrás una compleja operación aeroportuaria que durante dos días movilizó a decenas de trabajadores, obligó a coordinar instalaciones civiles y militares y activó protocolos de seguridad poco habituales en los aeropuertos del archipiélago.
Antonio Núñez Piñeiro, delegado de South en Canarias, reconstruye para Atlántico Hoy la trastienda de un dispositivo que comenzó mucho antes de que el Pontífice pisara suelo canario.
La operación comienza en Gando
La primera peculiaridad llegó ya el jueves, cuando el Airbus A321 de Iberia bautizado como Peñón de Ifach en el que el Papa vino a Canarias aterrizó en la zona militar de la Base Aérea de Gando, en Gran Canaria. A diferencia de una operación comercial ordinaria, la empresa de handling tuvo que coordinar con Aena y con los responsables militares el traslado de toda la maquinaria necesaria desde la plataforma civil hasta el recinto castrense.
"Teníamos que coordinarlo con el capitán de los militares y con Aena para ver en qué horario era mejor pasar los equipos de la plataforma civil a la zona militar", explica Núñez Piñeiro. El movimiento no era menor: los vehículos debían atravesar áreas próximas a la pista y aprovechar ventanas concretas de operación para no interferir en el tráfico aéreo.
Una vez estacionado el avión, comenzó otro de los protocolos más singulares de la visita. Antes de que León XIV pudiera descender por la puerta principal, la seguridad vaticana y parte de la comitiva desembarcaron por la parte trasera de la aeronave para inspeccionar el entorno.
Primero baja la seguridad
"Primero tiene que bajar la seguridad para confirmar que todo está correcto", relata el responsable de South. Solo después de recibir ese visto bueno se instaló la escalera delantera por la que apareció el Santo Padre.
El procedimiento se repitió en todos los aeropuertos incluidos en el viaje y constituye una de las principales diferencias respecto a una operación convencional. La prioridad absoluta es garantizar que el perímetro está asegurado antes de cualquier movimiento del Pontífice. El Peñón de Ifach, además, no permaneció en Canarias. Tras descargar el equipaje de la comitiva y de los periodistas acreditados, abandonó el archipiélago vacío rumbo a Madrid en un vuelo de reposicionamiento.
El Peñón de Ifach regresó a Madrid
Ese detalle resulta especialmente relevante tras la avería registrada este viernes en Tenerife Norte. El avión que sufrió el problema técnico durante la salida hacia Roma no era el mismo aparato que había transportado al Papa hasta Canarias el día anterior.
Según explica Núñez Piñeiro, la aeronave utilizada para la llegada regresó a la península tras dejar al Pontífice en Gran Canaria. Para la jornada del viernes, Iberia desplazó al avión Parque Nacional Picos de Europa desde Madrid, que aterrizó a primera hora de la mañana en Gando para recoger al Papa y trasladarlo posteriormente a Tenerife Norte.
A diferencia de lo ocurrido el jueves, este segundo aparato sí permaneció estacionado durante toda la jornada en el aeropuerto tinerfeño junto al Falcon del rey.
Un aeropuerto reservado para el Papa
La estancia en Tenerife Norte obligó a desplegar otro operativo excepcional. Las autoridades reservaron la zona de la antigua terminal aeropuerto (lugar hoy en día ocupado por la Guardia Civil) donde no podía estacionar ninguna otra aeronave. El perímetro quedó blindado y únicamente podían acceder los trabajadores habilitados para atender el vuelo, junto con Guardia Civil y miembros de la seguridad vaticana.
"Solo pueden operar las personas que estamos habilitadas para atender al avión", resume Núñez Piñeiro. La restricción tuvo efectos sobre la actividad habitual del aeropuerto. Al quedar inutilizada parte de la plataforma para el resto de compañías, algunas aeronaves tuvieron que ser reubicadas en posiciones remotas, incrementando la complejidad operativa de una instalación ya de por sí muy exigida. Este viernes, operaron en Tenerife Norte otros 286 vuelos.
Un equipo preparado para la niebla
La meteorología fue otro de los factores que más preocupó a los organizadores. Con la posibilidad siempre presente de que la niebla complicara las operaciones en Tenerife Norte, South mantuvo activado un plan alternativo en Tenerife Sur. "Tenemos un equipo exclusivo por si el avión se desvía poderlo atender", explica el delegado de la compañía. Personal, vehículos y equipos permanecieron preparados en el Reina Sofía durante toda la jornada para responder a cualquier cambio de última hora.
La coordinación, asegura, fue constante entre Aena, Guardia Civil, responsables aeroportuarios, autoridades militares y la seguridad vaticana. Un trabajo discreto y prácticamente invisible para los pasajeros que permitió que cada movimiento del Papa se desarrollara según lo previsto.
Cuando todo parecía terminado
Hasta que llegó la avería. Paradójicamente, el único contratiempo de una visita diseñada al milímetro se produjo cuando la compleja operación logística que había llevado al Pontífice desde Gran Canaria hasta Tenerife ya estaba prácticamente concluida.
"Estamos bastante orgullosos de haber podido atender este vuelo", afirma Núñez Piñeiro. Una satisfacción compartida por los trabajadores que participaron en una operativa histórica y que, durante dos días, convirtió a los aeropuertos canarios en el centro de la logística de uno de los viajes más relevantes del pontificado.
La empresa habla de "servicio excelente"
No obstante, desde la empresa de handling destacan la labor desarrollada por sus equipos ante la incidencia. La compañía subraya que, en una situación especialmente exigente, se prestó un "servicio excelente" gracias a la profesionalidad de sus trabajadores y a su "amplia experiencia en la gestión de operaciones aeroportuarias e incidencias de diversa naturaleza". Según señalan, la respuesta de todos los profesionales implicados estuvo "a la altura de las circunstancias", con una actuación que definen como "eficaz y coordinada" junto a la aerolínea, AENA, las autoridades y los cuerpos de seguridad.
Desde South recalcan que fue "una pieza más" dentro del dispositivo desplegado para gestionar la situación y que todo el equipo se volcó en garantizar el correcto desarrollo de la operación sin afectar a la asistencia del resto de vuelos programados. La empresa asevera que puso a disposición de la incidencia "medios excepcionales" para agilizar las labores en un tiempo récord, facilitando la descarga, carga y salida de la nueva aeronave, así como la asistencia a los pasajeros durante el desembarque y posterior embarque.
"El equipo se mantuvo al completo hasta la salida del vuelo A321 que llegó de Madrid para trasladar a obispos y periodistas, con turnos que finalizaron sobre las 22.00 horas aproximadamente", explican. De igual forma, la compañía destaca que pudo apartar el avión averiado para evitar que afectara a la entrada del otro avión, así como a la operativa del avión militar A300 y del Falcon que trasladaba al rey.
