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Dos científicos toman muestras de uno de los tanques de agua marina donde se realiza el experimento. / EFE - Ángel Medina G.

Gran Canaria prueba si los escombros de hormigón pueden ayudar al océano a capturar más CO₂

Un experimento internacional utiliza doce grandes tanques marinos en Taliarte para comprobar si el cemento triturado aumenta la absorción de dióxido de carbono sin perjudicar al plancton ni alterar la cadena alimentaria

¿Podrían los escombros de hormigón procedentes de edificios demolidos ayudar a los océanos a retirar más dióxido de carbono de la atmósfera? Un experimento que se desarrolla este mes en Taliarte, Gran Canaria, intenta responder precisamente a esa pregunta.

Un equipo internacional liderado por el Centro Helmholtz de Investigación Oceánica GEOMAR de Kiel, en Alemania, está utilizando doce grandes instalaciones experimentales instaladas en el mar para estudiar si el hormigón triturado puede incrementar la alcalinidad del agua y, con ello, aumentar la capacidad del océano para absorber CO₂.

Pero comprobar si químicamente funciona es solo una parte del experimento.

La gran incógnita es saber qué consecuencias tendría para la vida marina, desde microorganismos y fitoplancton hasta zooplancton y otros organismos situados en los primeros niveles de la cadena alimentaria.

El experimento comenzó el 8 de septiembre y está diseñado para prolongarse durante siete semanas. GEOMAR lo presenta como la primera prueba de este tipo destinada específicamente a evaluar residuos de hormigón triturado como fuente de alcalinidad marina.

Doce océanos en miniatura

El ensayo se desarrolla mediante doce mesocosmos, unas estructuras que funcionan, en la práctica, como grandes tubos de ensayo flotantes.

Cada uno encierra una porción de agua marina y su ecosistema natural, permitiendo a los investigadores alterar determinadas variables sin actuar directamente sobre el océano abierto.

En su interior se conservan comunidades naturales de plancton, microorganismos y diferentes procesos biogeoquímicos, lo que permite observar durante semanas qué ocurre cuando cambia la química del agua.

Algunos de estos sistemas reciben cantidades progresivamente mayores de hormigón triturado, mientras que otros son tratados con hidróxido de sodio líquido como referencia de alcalinidad. También existen tanques de control en los que no se añade ninguna sustancia.

Los científicos pueden así comparar los resultados y determinar qué cambios corresponden realmente al tratamiento aplicado.

¿Por qué hormigón?

La explicación parte de un proceso que ya ocurre de manera natural.

Cuando las rocas se van descomponiendo debido a la lluvia, el viento y otros fenómenos —un proceso conocido como meteorización— liberan minerales que terminan llegando al océano.

Algunos de esos compuestos incrementan la alcalinidad del agua y modifican el equilibrio químico del carbono, permitiendo que el océano pueda absorber más CO₂ atmosférico y almacenarlo en formas disueltas más estables.

La denominada alcalinización oceánica intenta acelerar artificialmente ese fenómeno.

El hormigón resulta especialmente interesante porque contiene cemento y, por tanto, materiales con propiedades alcalinas.

A esto se suma otra circunstancia: se calcula que en el mundo se generan alrededor de 5.000 millones de toneladas de residuos de hormigón cada año y solo una parte termina reutilizándose.

El riesgo para el ecosistema

Que el proceso funcione químicamente no significa, sin embargo, que sea seguro.

El hormigón triturado puede aumentar la turbidez del agua, mientras que una modificación excesiva de la alcalinidad podría alterar las condiciones a las que están adaptados los organismos marinos.

El experimento mide por ello el pH, la alcalinidad, el sistema de carbono del agua y la absorción de CO₂, pero también observa la productividad y composición del fitoplancton, la respuesta del zooplancton, los procesos microbianos y posibles alteraciones de la red alimentaria.

El investigador Kai Schulz, de la Southern Cross University de Australia y codirector del experimento, resume uno de los principios de la investigación: disponer de un residuo abundante no lo convierte automáticamente en una solución sostenible.

El objetivo es establecer lo que los investigadores denominan un “espacio operativo seguro”: cuánto podría incrementarse la alcalinidad antes de que comiencen a aparecer efectos ecológicos indeseados.

¿Una tonelada por otra?

La escala necesaria es otro de los grandes interrogantes.

Según explica Schulz, de manera teórica una tonelada de polvo de cemento podría contribuir a capturar aproximadamente una tonelada de CO₂.

Sin embargo, para que una estrategia de este tipo tuviera un impacto significativo sobre la concentración atmosférica sería necesario trabajar con cientos de millones de toneladas de material al año.

Es decir, incluso si el experimento demuestra que el método funciona y no genera impactos ambientales inaceptables, trasladarlo a una escala capaz de influir sobre el clima mundial constituiría un desafío enorme.

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) considera que los métodos oceánicos para eliminar dióxido de carbono pueden tener un potencial relevante, pero advierte de que su viabilidad sigue siendo incierta debido, entre otros factores, a sus posibles efectos sobre los ecosistemas marinos.

Por qué hay que retirar CO₂

El planteamiento detrás de estos experimentos parte de que reducir las emisiones continúa siendo esencial, pero numerosos escenarios climáticos contemplan además la necesidad de retirar parte del dióxido de carbono que ya se encuentra acumulado en la atmósfera.

El catedrático Javier Arístegui, del Instituto de Oceanografía y Cambio Global de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), participa como colaborador en el experimento.

El investigador explica que lo que se persigue con estas técnicas es acelerar un mecanismo que ya se produce de manera natural mediante la meteorización de las rocas.

La alcalinización oceánica figura precisamente entre las técnicas de eliminación de CO₂ estudiadas por la comunidad científica, aunque todavía presenta un bajo nivel de madurez tecnológica y existen numerosas preguntas pendientes sobre su funcionamiento a gran escala.

Taliarte como laboratorio

El puerto de Taliarte, en la costa este de Gran Canaria, vuelve así a funcionar como un gran laboratorio al aire libre.

GEOMAR lleva años trabajando en la isla mediante sus denominados KOSMOS Mesocosms, sistemas diseñados para estudiar cambios en el océano bajo condiciones mucho más realistas que las de un laboratorio convencional.

Desde 2006, estos dispositivos se han utilizado en más de una veintena de experimentos relacionados con cuestiones como la acidificación, el calentamiento del océano, los nutrientes y diferentes métodos de alcalinización.

En esta ocasión, la investigación forma parte del proyecto internacional OceanAlkAlign, cuyo objetivo es mejorar y estandarizar los métodos utilizados para medir y evaluar la alcalinización del océano.

Los resultados permitirán saber no solo si los escombros de hormigón pueden contribuir a aumentar la absorción de CO₂, sino, especialmente, hasta dónde podría llegar ese proceso sin poner en riesgo el ecosistema marino.

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