Durante décadas, la Casa Winter de Cofete ha sido envuelta en relatos de submarinos, túneles secretos y conspiraciones nazis. Una gran vivienda solitaria, levantada en medio de un paisaje imponente en la península de Jandía, y el hecho de que su propietario fuera alemán bastaron para alimentar una narrativa que, con el paso del tiempo, terminó asentándose en el imaginario colectivo.
Gustavo Winter rompe ese relato con documentos, fechas y nombres propios. En su libro Casa Winter Cofete: un alemán, un lugar, una casa, sostiene que la leyenda nació de rumores repetidos, fue amplificada por publicaciones sin contrastar y se consolidó con las redes sociales. “Si la casa no existía durante la Segunda Guerra Mundial”, afirma, “no puede ser el escenario de lo que nunca ocurrió”.
Cómo se construyó la leyenda
[Pregunta] En el libro explica que conocer en su juventud los rumores sobre su familia fue doloroso. ¿Cuándo nacen realmente esas sospechas?
[Respuesta] El acceso por mi parte a la documentación en archivos es relativamente reciente. Hace unos cinco años, cuando decidí escribir el libro, empecé a consultar publicaciones serias y fondos documentales. Pero los rumores se remontan a 1938 o 1939, tras conceder mi padre concedió una entrevista sobre el proyecto que quería desarrollar en Fuerteventura. Aquellos titulares despertaron la sospecha del cónsul británico, que empezó a pensar que los alemanes planeaban algo estratégico en la isla.
En los informes posteriores se menciona que en la inspección de la zona por aire y por mar y no se encuentra nada. Pero el rumor ya estaba sembrado. Y en 1983, un reportaje en la revista Interviú dio un salto cualitativo: ya no hablaba de sospechas, sino de criminales nazis en la casa, fiestas, el refugio de Hitler… Incluso citaba a un historiador inexistente y al Centro Simon Wiesenthal, que cuando lo consultamos negó tener información alguna sobre mi padre. Ahí el daño fue mayor porque la difusión ya era nacional.
¿Por qué crees que se ha alimentado esta leyenda?
Sin duda, las características de esa gran casa solitaria, tan alejada de todo, ubicada en medio de un paisaje sobrecogedor, y el hecho de que su propietario fuese alemán ha desatado la imaginación de muchos, creando multitud de fabulaciones basadas en la mera especulación, que unos y otros repiten sin comprobar su veracidad y a las que se añaden nuevos contenidos que pasan de inmediato a engrosar una auténtica leyenda negra. Si hubiera sido inglés o francés, seguramente hablarían de un excéntrico millonario y no se especularía que fuese una base secreta.
La velocidad de la desinformación
¿Qué ha impedido poner fin a los rumores?
Ha habido tres momentos clave en la difusión de estos rumores: la sospecha inicial durante la guerra, la difusión nacional en el 83 y, desde 2010, la explosión de las redes sociales. La desinformación avanza por una autopista. El contenido morboso, el que genera indignación moral —como vincular una casa al nazismo— se comparte mucho más rápido que la información veraz basada en datos y documentos. A lo que se suman los distintos medios con sus reportajes recomendando destinos vacacionales como Fuerteventura y sitios curiosos como la Casa Winter “que oculta misterios y un posible pasado nazi”. Escuchar tres o cuatro veces una misma historia nos hace más proclives a creerla. Se asienta en el imaginario como si fuera verdad.
A día de hoy eso se percibe mucho con la difusión de las fake news y en el caso de su familia, como usted ha insistido, hay un simple dato que desmonta el rumor, ¿no?
Sí, la casa no existía durante la Segunda Guerra Mundial. En el sitio web www.casawintercofete.com — en el que Winter ha estado colgando todo lo que ha ido descubriendo sobre las leyendas — hay más de cien documentos que permiten datar la verdadera fecha de construcción. La obra se inició en octubre de 1946, casi año y medio después de concluida la guerra en Europa, y se prolongó hasta 1954. Además, la casa se construyó ante los ojos de toda la población de Cofete, que en su mayoría participó en la obra. Conocemos los nombres del contratista principal —Juan Concepción Villalba—, del aparejador Antonio Falcón y del arquitecto Eduardo Laforet, que firmó los planos presentados en el Ayuntamiento de Pájara y de los trabajadores que participaron y su salario. Entonces, si la casa no existía durante la guerra, no puede ser el escenario de las historias que la vinculan con el nazismo.
Un alemán enamorado de Jandía
¿Quién fue realmente su padre?
Gustav Winter llegó a España en 1915 con 22 años y vivió la mayor parte del tiempo en el país hasta su fallecimiento en 1971. Aquí completó sus estudios de Ingeniería y desarrolló buena parte de su trayectoria profesional. Fue uno de los fundadores de la compañía CICER y, como director gerente, impulsó entre 1926 y 1929 el proyecto de electrificación de Gran Canaria. En 1928 concibió además un ambicioso plan agro-pesquero para la península de Jandía que incluía la construcción de un muelle en Morro Jable, la adquisición de barcos para faenar en el banco canario-sahariano y la puesta en marcha de industrias asociadas como conserveras, fábrica de hielo, salinas, central eléctrica y desarrollo agrícola.
Aquel proyecto no pudo materializarse entonces; diez años después intentó llevarlo a cabo, arrendó la península de Jandía, pero tras perder los barcos e instalaciones a causa de la guerra, decidió centrarse en la agricultura y la ganadería. A finales de 1946 inició la construcción de la casa de Cofete, concebida como centro de explotación agraria, con amplios espacios para el almacenamiento de cosechas. La vivienda se levantó en la Vega de Cofete por su cercanía a la principal fuente de agua natural —la mina de Cofete— desde donde el agua discurría por gravedad hasta los depósitos que abastecían los terrenos cultivados, y no para construir túneles para submarinos o usos estratégicos como refieren las leyendas posteriores.
Erradicar la leyenda con documentación
Con la actualidad, en el libro también menciona el papel que puede jugar la inteligencia artificial para seguir fomentando leyendas como estas. ¿Le da miedo su uso?
Sin duda. Con la inteligencia artificial se puede simular y fabricar cualquier cosa: imágenes, documentos… Eso es un peligro evidente, no solo en este caso, sino en cualquier tema. Paradójicamente, en esta época, cuando disponemos de un mayor acceso a fuentes documentales y más medios para contrastar y verificar las informaciones, la amplia propagación de fake news por múltiples canales de difusión alimentan el monstruo de la desinformación haciendo casi imposible distinguir entre lo verdadero y lo falso.
¿Cree que algún día se erradicará esa leyenda?
No soy tan ingenuo como para creer que la leyenda negra vaya a desaparecer. Siempre habrá personas que no renuncien a sus prejuicios, como ocurre con los terraplanistas. Aunque existan numerosas evidencias que las desmientan, seguirán defendiendo sus creencias. Aquí sucede algo parecido. Aunque aportes documentos, habrá quien diga: ‘qué va a decir el hijo’. Pero sí he pretendido facilitar, a todos aquellos que han oído o leído las diferentes historias sobre la casa y Gustav Winter, otra perspectiva: la que proporciona el examen de fuentes primarias, contrastables, que permitan transformar una leyenda en una historia basada en pruebas.
¿Qué ha significado para usted escribir este libro?
Se ha falseado la historia de la casa y de mi padre, convertidos en objetos de narrativas ajenas. Él no puede responder, no tiene poder para contar su propia historia, no puede intervenir en el relato. Por eso decidí publicar, primero el sitio web, que muestra la historia documentada de la construcción del chalet de Cofete, y al año siguiente emprendí la escritura de estas tres historias, con el ánimo de poner luz ahí donde la desinformación falsea y oculta la historia real.
