Quedarse no significa únicamente no coger un avión. También significa poder abandonar la casa de los padres, alquilar una vivienda sin que desaparezca prácticamente todo el sueldo a final de mes, ahorrar para comprar una casa y tener la posibilidad de construir un proyecto de vida en el lugar donde uno ha nacido. Para una parte de los jóvenes canarios, conseguirlo se ha convertido en una carrera cada vez más complicada.
Es en ese escenario donde el concepto del derecho a quedarse empieza a adquirir una dimensión particular en Canarias. La Comisión Europea trabaja en una futura estrategia con este nombre que busca combatir el declive demográfico y las desigualdades territoriales y conseguir que los ciudadanos tengan posibilidades reales de permanecer en el lugar que consideran su hogar. La propia Comisión relaciona este principio con cuestiones como las oportunidades económicas, los servicios públicos o el acceso a una vivienda asequible.
Irse para poder ahorrar
Anabel tiene 28 años, nació y creció en Canarias y ahora vive en Países Bajos. Su decisión de marcharse no estuvo motivada por la falta absoluta de trabajo en las Islas, sino por las condiciones económicas que encontraba dentro y fuera del Archipiélago. “El motivo principal básicamente era ahorrar dinero”, explica. “Aquí estoy casi, casi ganando el doble de lo que podía llegar a ganar en un mes en Canarias y la calidad de vida que hay aquí es infinitamente mejor que la que podemos ver en Canarias”.
Antes de marcharse, llegó a vivir fuera de la casa familiar junto a su pareja. Cuando él también abandonó la Isla, tuvo que regresar con sus padres. No porque careciera de ingresos, sino porque mantener una vivienda por sí sola se había convertido, según relata, en una posibilidad económicamente asfixiante. “Con mi sueldo era imposible porque era vivir ahogada todo el tiempo. Y aún viviendo con mis padres y teniendo un sueldo digno de unos 1.400 o 1.500 euros, ahorraba dinero, pero tenía claro que a ese ritmo no me iba a poder comprar una casa”, cuenta.
La situación que describe Anabel conecta con una realidad estadística que afecta a buena parte de la juventud de las Islas. La tasa de emancipación juvenil en Canarias cayó hasta el 14,1% en el segundo semestre de 2024, 5,95 puntos porcentuales menos que un año antes. Según el Consejo de la Juventud de Canarias, había más de 20.000 jóvenes emancipados menos que en el mismo periodo del año anterior.
Un alquiler por encima de un sueldo joven
El problema no termina en encontrar un empleo. El mismo Observatorio de Emancipación situaba el alquiler medio de una vivienda en Canarias en 1.128 euros mensuales, una cantidad un 19,1% superior al salario mediano de una persona joven residente en las Islas. El informe calculaba, además, que reunir la entrada necesaria para comprar una vivienda suponía el equivalente a cinco años completos del salario neto de una persona joven.
Las cuentas que hace Anabel son similares. “¿En qué momento voy a poder independizarme? ¿Voy a tener que vivir toda mi vida con mis padres?”, recuerda haberse preguntado antes de marcharse. La joven compara su situación actual con la que tenía en Canarias. “Un piso aquí me puede salir 600 o 700 euros compartiendo piso, pero es que a lo mejor estoy ganando 2.500 euros. No te duele tanto que si ganas 1.400 y tienes que pagar 600 euros por una habitación o por compartir piso también”.
Una vivienda cada vez más cara
La dificultad de acceso se produce, además, en un mercado que ha experimentado fuertes incrementos de precios. En el primer trimestre de 2025, el precio de la vivienda en Canarias había aumentado un 12,4% en solo un año. La subida alcanzaba el 12,6% en la vivienda nueva y el 12,5% en la de segunda mano, según el Índice de Precios de Vivienda difundido por el Instituto Canario de Estadística.
La tendencia no se frenó con el cambio de año. En el primer trimestre de 2026, la vivienda de segunda mano todavía registraba en Canarias una subida interanual del 10,6%, según los últimos datos publicados por el ISTAC. Es precisamente la posibilidad de acceder algún día a una casa lo que Anabel considera más lejano en Canarias. “Mi amiga que vive aquí en Holanda desde hace dos años ya se ha podido comprar una casa y mucha gente que conozco dentro del trabajo ya está planteándose o ya tiene el dinero para poder hipotecarse y comprarse una casa, cosa que en España veo a años luz”.
Para ella, la diferencia fundamental está en la capacidad de ahorro. “Aquí voy a poder ahorrar casi el sueldo que ganaba ya”, resume.
Compradores con mayor capacidad económica
El debate sobre el derecho a quedarse llega también en un momento en el que Canarias trata de encontrar una fórmula jurídica que le permita intervenir sobre la compra de viviendas por parte de personas que no residen en las Islas. Una cuestión especialmente compleja dentro del marco comunitario por las libertades de circulación y de capitales que protege la Unión Europea.
Los datos permiten constatar, en cualquier caso, que la demanda inmobiliaria extranjera tiene un peso especialmente elevado en el Archipiélago. En 2025, el 25,65% de las compraventas de vivienda en Canarias fueron realizadas por compradores de nacionalidad extranjera, frente al 13,82% del conjunto de España. Solo Baleares y la Comunidad Valenciana registraron porcentajes superiores.
Extranjero y no residente
Pero el matiz es fundamental: extranjero y no residente no son sinónimos. Un ciudadano alemán que lleva años viviendo y trabajando en Tenerife figura estadísticamente como comprador extranjero, mientras que una persona procedente de otra comunidad autónoma que adquiere una segunda residencia en las Islas cuenta como comprador español. Por eso, el porcentaje de adquisiciones extranjeras no permite concluir que una de cada cuatro viviendas sea comprada por personas que viven fuera de Canarias.
Tampoco permite atribuir a la demanda extranjera, por sí sola, la crisis habitacional. La falta de oferta suficiente, la escasez de vivienda asequible y pública, los bajos salarios y el crecimiento de los precios forman parte de un problema mucho más amplio. Sin embargo, el elevado grado de internacionalización del mercado inmobiliario canario introduce una pregunta difícil de ignorar: qué ocurre cuando quienes cobran salarios locales tienen que competir por una vivienda dentro de un mercado capaz de atraer rentas y capitales de economías con un poder adquisitivo mayor.
“Casi todas estamos fuera”
El caso de Anabel tampoco permite medir cuántos jóvenes abandonan Canarias específicamente porque no pueden permitirse vivir en las Islas. Las estadísticas migratorias contabilizan movimientos de población, pero no permiten concluir automáticamente que cada salida esté provocada por el precio de la vivienda o los salarios. Su experiencia, sin embargo, refleja una realidad que reconoce en su propio círculo cercano.
“En mi grupo de amigas somos seis y, menos una, que es médica y vive en Gran Canaria, casi todas las demás estamos fuera”, cuenta. “Una vive en Francia, la otra vive en Madrid, yo vivo en Holanda, tengo otra amiga viviendo en Suiza, otra en Londres. Casi todas estamos fuera y es como: qué triste, ¿no? Qué triste que tengamos que salir de Canarias para poder ganar esos sueldos que no vemos ni de lejos”.
"Hacer todo el dinero que pueda"
Para Anabel, existe una diferencia entre marcharse porque se desea conocer otros lugares y hacerlo porque construir una vida independiente resulta demasiado complicado en el lugar de origen. Ella misma reconoce que mejorar su inglés y vivir una experiencia fuera también pesaron en su decisión, pero insiste en que las condiciones económicas terminan siendo determinantes para plantearse el regreso.
“Yo creo que muchos jóvenes canarios se van porque quieren conocer mundo, quieren mejorar su inglés, que también es una de las razones por las que estoy aquí”, explica. “Pero con la gente con la que he tenido la oportunidad de hablar, todo el mundo me dice lo mismo: quiero volver, pero primero voy a hacer todo el dinero que pueda aquí para poder comprarme una casa, o realmente todavía no me planteo volver porque los sueldos allí están muy mal”.
El derecho no solo a quedarse, sino a volver
Ahí es donde el concepto europeo del derecho a quedarse adquiere otra lectura para Canarias. No se trata únicamente de evitar el abandono de territorios despoblados. En unas Islas que continúan atrayendo población, el reto puede ser diferente: conseguir que permanecer sea una opción económicamente viable también para quienes han crecido y desarrollado su vida en ellas.
La cuestión tampoco pasa necesariamente por enfrentar a población local y extranjera. La propia Anabel rechaza responsabilizar individualmente a quienes deciden instalarse en Canarias. “Entiendo al final que los extranjeros vayan para allá, porque los precios de allí son mucho más baratos que aquí y lo entiendo viviendo aquí. Pero te da pena, ¿no? A mí me da pena saber que no sé si voy a poder volver y tener unas condiciones dignas”.
“Amo mi isla y amo mi tierra y vivir en España, pero creo que ahora mismo hay un problema muy grande y me encantaría volver en algún momento, pero está complicado teniendo en cuenta cómo está la situación económica”, asegura.
Un debate eterno
Su planteamiento resume una de las contradicciones que atraviesan el debate sobre la vivienda en Canarias. El Archipiélago puede ser un lugar atractivo para quienes llegan con salarios, ahorros o patrimonios generados en economías con mayor poder adquisitivo y, al mismo tiempo, convertirse en un territorio cada vez más difícil para quienes intentan independizarse únicamente con un sueldo canario.
Por eso, el debate sobre el derecho a quedarse va mucho más allá de decidir quién puede o no comprar una casa. Plantea una cuestión anterior, si trabajar en Canarias permite realmente vivir en Canarias. Y también otra que afecta a quienes ya se marcharon, si algún día podrán regresar sin que volver a casa implique renunciar a la independencia económica que encontraron fuera.
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