En la imagen, la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife . / AH
En la imagen, la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife . / AH

El juicio a un entrenador por presuntos abusos destapa años de control sobre la menor

La Fiscalía solicita 12 años de prisión por presuntos abusos continuados desde que la deportista tenía 11 años

AtlanticoHoy / EFE

La madre de la tenista tinerfeña que acusa a su entrenador de haber sido autor de un delito de abusos sexuales continuados, ha relatado la confianza total que tenían en el procesado, lo que, según ha manifestado, fue aprovechado por el procesado para establecer un férreo control sobre la menor.

La Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife acoge desde este lunes el juicio a un preparador a quien se le atribuye haber abusado de la joven desde que tenía 11 años y que tenía un contrato de exclusividad que le permitía al encausado llevar las riendas de su carrera.

Control absoluto

Entre los ejemplos del control que ejercía, la madre ha relatado que le quitó el móvil, los contactos con los amigos eran mínimos, no podía salir de la casa y toda su vida se limitaba a jugar y entrenar.

Con el tiempo la joven tinerfeña se convirtió en una de las primeras jugadoras de España y una sólida promesa que era comparada con las figuras más destacadas en el ámbito internacional.

Esta brillante carrera se frustró a raíz de sufrir los abusos que le hicieron caer en depresiones que le impedían mantener el equilibrio mental y físico imprescindible para participar en las grandes competiciones, según el relato de su madre.

Primeras sospechas

La madre ha dicho que en su momento se decidió que la deportista compaginara los estudios con el deporte y establecieron una serie de rutinas y horarios que incluían ir a clases, trasladarla a las instalaciones en Santa Cruz y luego recogerla.

La mujer ha insistido en que la relación era de "absoluto ambiente familiar de plena confianza" pero comenzó a tener sospechas cuando encontró un juguete sexual sobre la cama al entrar con su llave en la casa que compartieron un tiempo porque tardaban en abrirle la puerta.

Cuando mostró sus dudas el entrenador la ridiculizó y dijo que cómo se le ocurría ser tan malpensada y creer que mantenía algún tipo de contacto inapropiado con una niña de apenas 11 años. Con el tiempo empieza a observar actitudes que le llaman la atención como peleas entre ellos en los que la joven muestra una agresividad que hasta entonces desconocía y en una ocasión al verla sin ropa observó unas heridas en su cuerpo que se había causado ella misma.

Encuentros sexuales

Finalmente, un día el acusado le confesó a la madre que estaba enamorado de su hija, que habían mantenido encuentros sexuales pero sin penetración, le pidió perdón y dijo que su intención era que fuese la madre de sus hijos, intentando convencerla de que “todo había sido muy normal”.

De forma inmediata llama a la joven y le intenta hacer consciente de la gravedad de lo ocurrido, a lo que ésta le comenta que ha hablado con una psicóloga y la insta a reunirse con ella.

Síntomas de abuso

Con 19 años decide presentar una denuncia tras los inútiles intentos anteriores de la madre para convencerla a lo que se resistía por miedo y las represalias que pudiera sufrir, amenazas de muerte incluidas, según le dijo.

Los dirigentes del club catalán en la que había sido fichada también observaron episodios extraños como el férreo control a la que la sometía, que compartieran cuarto durante las competiciones y los técnicos fueron concluyentes en que no había motivos objetivos para abandonar su carrera deportiva.

En la sesión intervinieron psicólogos y psiquiatras algunos a petición de la acusación particular, quienes coincidieron en que la joven presentaba todos los síntomas de haber sido objeto de abusos que al principio ella atribuyó a una persona indeterminada cuando era más joven.

Conclusión de los testigos

En general los testigos-peritos llegaron a la misma conclusión: la deportista estaba muy afectada, sufría graves problemas psicológicos y muchísimo malestar hasta el punto de renunciar al que había sido siempre su sueño.

Relataron que en un momento dado la joven comenzó a mostrar su rechazo a estas práctica y se resistía con lágrimas y en la actualidad presenta sintomatología ansioso-depresiva, desrealización y despersonalización, pesadillas recurrentes y ansiedad anticipatoria.

Una pena de 12 años

La víctima declaró hoy a puerta cerrada y lo hizo para ratificar el escrito de Fiscalía en el que se pide al encausado una pena de 12 años de prisión y pago de 50.000 euros por considerarlo autor de abusos sexuales.

El Ministerio Público le atribuye haberse valido de la autoridad que tenía sobre la joven, la diferencia de edad, constitución física y de su condición como entrenador para crear “un notable grado de sumisión”, lo que junto a la confianza por mantener una relación estrecha y duraderas dio lugar a diversos actos de contenido sexual