Estudiar, trabajar, salir a la calle libremente o incluso hacer deporte son derechos que se dan por sentados. Sin embargo, las mujeres afganas llevan cinco años viendo cómo desaparecen sus libertades más básicas desde el regreso de los talibanes al poder en 2021. Una realidad que la periodista afgana Khadija Amin conoce de primera mano tras tener que salir de su país y refugiarse en España.
Amin ha participado estos días en el Festival del Sur de Agüimes, donde ha contado su experiencia y puesto voz a muchas mujeres afganas que no pueden. Y es que algunas ni siquiera pueden denunciar los malos tratos que sufren. La periodista cuenta el caso de una mujer que terminó detenida después de acudir sola a denunciar a su marido. Son historias que le llegan desde Afganistán mientras, la comunidad internacional permanece al margen. "Nos sentimos abandonadas", lamenta.
Una vida sin derechos
Con la llegada de los talibanes, la vida de casi 23 millones de mujeres en Afganistán ha cambiado de manera radical. "Los mínimos derechos y más básicos, ellas no los tienen", explica Amin que enumera desde la prohibición a la educación secundaria y universitaria, así como las restricciones para trabajar o disfrutar de espacios públicos.
Un panorama que también está conduciendo al aumento de los matrimonios infantiles. "Las familias ven que las niñas no pueden estudiar, la única opción que tienen es que la niña se case", alerta la periodista, que señala que el divorcio solo es posible a partir de los 18 años, acompañada del marido, que tiene que dar su aprobación.
Más allá de ello, hay una consecuencia de estas prohibiciones que preocupa en especial a Amin, que advierte que puede agravarse con los años. Se trata de la falta de profesionales sanitarias para atender a mujeres. Las restricciones a la formación femenina amenazan con dejar al país sin suficientes médicas, enfermeras o ginecólogas, en un contexto en el que también existen barreras para recibir atención de profesionales varones. "Si en unos años no vamos a tener ginecólogas, mujeres médicos, enfermeras... ¿Qué va a pasar con las mujeres? Es un genocidio indirecto a las mujeres, que se mueren por no tener ya acceso a la sanidad pública", expone.
Violencia machista
Las historias que recibe a través de su asociación Esperanza de Libertad, creada para ayudar a las mujeres que siguen en Afganistán, reflejan hasta dónde llega esa desprotección. Amin cuenta que una mujer le confesó que su marido la golpeaba sabiendo que no podría denunciarlo si no le provocaba lesiones visibles, consecuencia de una ley que han aprobado los talibanes legalizando la violencia doméstica siempre que "no se rompan huesos". "Cuando le pegaba le decía: '¿Quién te va a escuchar ahora?'", recuerda la periodista.
A esta situación se suman las restricciones que impiden a muchas afganas desplazarse o hacer cualquier gestión sin un familiar varón, conocido como mahram. La periodista relata que otra mujer intentó denunciar las agresiones de su esposo, pero fue ella quien acabó detenida por presentarse sola. "El maltratador no va a acompañar a esta mujer. Entonces, ¿qué pasa? Que esta mujer ya no tiene ninguna protección", lamenta. Para Amin, estos testimonios muestran una realidad en la que las víctimas no solo sufren la violencia, sino que encuentran enormes obstáculos para pedir ayuda.
Abandonadas por la comunidad internacional
Mientras estas situaciones se suceden, Amin considera que la respuesta internacional está muy lejos de lo que necesitan las afganas. "La comunidad internacional no ha hecho nada para ayudar a las mujeres y a las niñas en Afganistán", asegura. Aunque reconoce que la ayuda humanitaria continúa llegando a un país sumido en una profunda crisis de pobreza, critica la falta de medidas efectivas para presionar a los talibanes y recuperar los derechos perdidos.
En este sentido, la periodista cuestiona que algunos gobiernos europeos, incluso, mantengan conversaciones con representantes del régimen sobre la deportación de ciudadanos afganos. Una contradicción que, a su juicio, resulta dolorosa para quienes llevan años denunciando lo que ocurre en el país. "Por un lado, consideran que la situación que viven las mujeres y las niñas es el apartheid de género. Por otro lado, se sientan con ellos y hablan con ellos. Eso es legitimarlos", reprocha. Pese a ello, insiste en que las organizaciones de mujeres afganas no van a dejar de reclamar una respuesta internacional.
Su lucha personal
Detrás de su activismo hay también una historia marcada por la separación familiar. Amin tuvo que abandonar Afganistán en 2021 y todavía lucha por recuperar a sus tres hijos, a quienes tuvo que dejar atrás y su padre llevó de vuelta al país. La periodista explica que sigue sin poder hablar con ellos y recuerda con dolor el último mensaje que recibió de su hijo mayor, en el que le decía que ya no la quería y que se avergonzaba de que fuera su madre.
"Eso me duele mucho", confiesa. Sin embargo, está convencida de que sus hijos también están sufriendo y atribuye aquellas palabras a la presión de su padre. Considera que los menores son víctimas de violencia vicaria y reconoce que, pese a los esfuerzos realizados desde España, todavía no ha encontrado una solución. "La lucha para recuperar a mis hijos sigue ahí", asegura.
Las dificultades de empezar de nuevo
Con su llegada a España, pudo recuperar libertades que había perdido en Afganistán, pero también se encontró con las dificultades de reconstruir una vida lejos de casa. Ahora, desde su trabajo con otras refugiadas, denuncia que los periodos de ayuda resultan insuficientes para muchas mujeres que deben aprender un nuevo idioma, encontrar empleo y acceder a una vivienda. Asegura haber conocido casos de afganas que se han quedado sin recursos y han terminado marchándose a Alemania.
"En seis meses no se puede aprender el idioma. Yo llevo cinco años y aún así tengo dificultades", explica. A las barreras lingüísticas y económicas se suma, además, el impacto emocional de haber dejado atrás a sus familias y de escapar de situaciones de violencia. Para Amin, estas circunstancias hacen especialmente difícil una integración que necesita tiempo y acompañamiento.
Mensaje para los jóvenes canarios
Durante su paso por Agüimes, Khadija Amin también ha compartido su experiencia con estudiantes, a quienes ha querido trasladar una reflexión que va más allá de las fronteras de Afganistán. Los derechos no son conquistas que deban darse por definitivas. "Muchas veces no sabemos el valor de los derechos que tenemos. Pensamos que esto no se puede perder", señala. Por eso, anima a las nuevas generaciones a conocer otras realidades, informarse y defender sus libertades. "El mundo no es lo que vivimos en un país", recuerda.
Mientras tanto, ella continúa trabajando desde España a través de Esperanza de Libertad para apoyar a las mujeres y niñas afganas que siguen viviendo bajo las restricciones talibanes. Una labor a la que anima a unirse a cualquier persona que quiera ayudar o colaborar, a partir de la página del proyecto.
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