Loading...
Imagen de dos personas en una cita / AH

Ligar antes del Tinder: así nacía el amor entre los canarios

En Gáldar, ese rincón del norte de Gran Canaria donde la historia se mezcla con las costumbres, existía una tradición para ligar que muchos aún recuerdan con cariño

Antes de los móviles, de las notificaciones y de los “me gusta”, enamorarse era un acto lento y silencioso. No hacía falta deslizar el dedo sobre una pantalla ni escribir mensajes a medianoche: bastaba una mirada bien dirigida, una sonrisa disimulada o un paseo a contraluz en una plaza iluminada por el atardecer.

En Gáldar, ese rincón del norte de Gran Canaria donde la historia se mezcla con las costumbres, existía una tradición que muchos aún recuerdan con cariño. Un ritual sencillo, pero cargado de emoción, que servía como escenario para los primeros amores y los encuentros furtivos.

La cita de los domingos

Según relata el divulgador @harimaguadas en uno de sus vídeos de TikTok, los domingos después de misa los jóvenes galdenses bajaban a la plaza de Santiago, corazón social del municipio. No había chats ni videollamadas, pero sí una cita tácita que todos conocían: el paseo de los domingos era el momento de ver y dejarse ver.

Los hombres caminaban en un sentido y las mujeres en el contrario. En cada vuelta, las miradas se cruzaban, los gestos se repetían y, a veces, el azar —o la intención— hacía que dos personas se encontraran una y otra vez. “Dicen que cuando una mirada se repetía más de una vez, ahí empezaba la magia”, cuenta el divulgador. Y si el destino acompañaba, el joven pedía permiso para acompañarla a casa.

Entre miradas y sonrisas

En esas vueltas alrededor de la plaza se forjaban historias de amor discretas, tejidas con paciencia. Las sonrisas eran mensajes, los pasos marcaban el ritmo del cortejo y cada cruce de miradas se convertía en una promesa. No existían las prisas ni la inmediatez; enamorarse era un proceso que se vivía a fuego lento, con el corazón latiendo al compás del timple que sonaba en alguna esquina.

Eran otros tiempos: sin pantallas, sin filtros, sin algoritmos. Solo la emoción de saberse observado y el vértigo de no saber si esa mirada sería devuelta.

@phdc_23 👫LAS VUELTAS A LA PLAZA❤️ASÍ SE LIGABA EN GÁLDAR🌀🇮🇨#canarias #historia #léxicocanario #hablacanaria #islascanarias #gáldar #estadosunidos🇺🇸 #estadosunidos #venezuela #méxico #australia #reinounido #paisesbajos #libros #harimaguadasversionextendida #harimaguadasraizancestral #expresionescanarias ♬ sonido original - Harimaguadas

El amor antes de las redes

El divulgador Harimaguadas rescata en sus publicaciones la memoria de esas costumbres casi olvidadas. Su relato despierta nostalgia entre los más mayores y curiosidad entre los jóvenes, muchos de los cuales apenas pueden imaginar una época en la que ligar no dependía de internet.

Y es que, aunque hoy pueda parecer un gesto antiguo, en aquellas vueltas por la plaza nacieron amores que aún siguen vivos. Parejas que formaron familias, que criaron a sus hijos en las mismas calles por las que un día se sonrieron por primera vez. Historias sencillas, pero llenas de verdad, que demuestran que la conexión más profunda no necesita de tecnología.

Un reflejo de identidad canaria

Estas costumbres, tan arraigadas en la vida social de los pueblos canarios, reflejan una forma de relacionarse más humana y cercana. La plaza, más que un espacio público, era el punto de encuentro donde se compartían noticias, risas y confidencias. Allí se tejía la comunidad, se construían amistades y, a veces, nacían los primeros amores.

En Gáldar, la Plaza de Santiago ha sido durante generaciones ese escenario cotidiano donde la vida transcurría sin prisa. Ver a los jóvenes pasear después de misa era una estampa habitual, un ritual que marcaba el domingo y que, sin saberlo, daba forma a la historia sentimental del municipio.

De la tradición al recuerdo

Hoy, cuando las relaciones parecen medirse en mensajes instantáneos y los encuentros se filtran por pantallas, recordar estas escenas invita a la reflexión. En cada vuelta por la plaza había un juego sutil de miradas y silencios que hablaba de respeto, paciencia y deseo contenido.

“Hoy puede parecer antiguo, pero en esas vueltas por la plaza nacieron amores que aún siguen vivos”, dice Harimaguadas. Y quizás esa sea la clave: que en lo sencillo y lo auténtico seguía latiendo la esencia del amor, ese que no necesita conexión a internet para sentirse verdadero.