La migraña va más allá de un simple "dolor de cabeza". Se trata de una enfermedad compleja que tiene un impacto en la vida cotidiana de quienes la padecen. En el caso de Canarias, afecta al 18% de la población, lo que sitúa a las islas como la comunidad autónoma con mayor número de casos de España, según el Libro Blanco de la Migraña.
Se estima que unas 400.000 personas conviven con migraña en el Archipiélago, de las cuales más de 7.000 la padecen de forma crónica. Pese a estas cifras, la enfermedad continúa estando infradiagnosticada y, en muchos casos, banalizada. A nivel nacional, más del 43% de los pacientes aún no tiene un diagnóstico claro, aunque presente dolores de cabeza recurrentes y síntomas relacionados con esta patología.
Una enfermedad que obliga a parar
El doctor Cristian Morales Hernández, neurólogo especialista en cefaleas y migrañas del Hospital Universitario de Canarias, insiste en que la migraña y una cefale común - lo que se conoce como dolor de cabeza - son cosas muy diferentes. Además de que la intensidad del dolor de la migraña es mucho mayor, hay una serie de síntomas que acompañan a la enfermedad, como "náuseas, vómitos, problemas para concentrarse o molestia por la luz y los ruidos", que pueden llegar a paralizar el día a día de quien la padece.
Según el neurólogo, muchas personas se ven obligadas a “anular completamente el día, acostarse y esperar a ver si se pasa porqu es imposible vivir así”. Un hecho que impacta en ámbitos como el laboral: una persona que trabaja frente a pantallas puede verse incapacitada por la sensibilidad a la luz; alguien que trabaja en la construcción puede no soportar el ruido; y una persona expuesta al sol, como un repartidor, puede tener dificultades para continuar con su jornada.
No obstante, no todo el mundo puede permitirse parar, señala el especialista, lo que les lleva a forzar la situación y puede terminar empeorando la enfermedad: “Cuanto más forcemos la maquinaria, más intensos se vuelven los síntomas”.
Por qué hay más migraña en Canarias
En Canarias, esta enfermedad afecta a una mayor parte de la población por una combinación de ciertos factores, según apunta Morales Hernández. Por un lado, se puede estar dando un posible componente genético y hereditario, relacionado con el histórico aislamiento de las islas. “La migraña tiene cierto componente hereditario. Si nuestros padres o hermanos tienen migraña, probablemente nosotros tengamos más predisposición a tenerla”, explica.
A ello se suman factores ambientales propios del Archipiélago. El clima, los cambios meteorológicos y episodios como la calima pueden actuar como desencadenantes o hacer que las crisis sean más notorias.
También el estrés, los turnos laborales y la nocturnidad pueden influir negativamente. Morales Hernández aclara que el estrés no es la causa de la migraña, pero sí “un desencadenante muy habitual”. Incluso los cambios bruscos en el nivel de estrés, como el paso del trabajo a las vacaciones o al fin de semana, pueden provocar crisis.
Una patología normalizada
Uno de los grandes problemas de la migraña es que muchas personas han aprendido a convivir con ella sin consultar a un especialista. Para Morales Hernández, esta normalización explica en parte el infradiagnóstico. “Siempre se ha ignorado. Veías a tu madre con una crisis de migraña, se acostaba, se tomaba una pastilla y ya está. Entonces has normalizado que eso es lo que hay que hacer”, expone.
No obstante, el experto insiste en que “tener dolor no es normal” y recomienda consultar cuando las crisis limitan la vida diaria. Como referencia, los profesionales suelen fijar un umbral de entre tres y cuatro días de migraña al mes. “Tener cuatro al mes implica que al año son 60 días, prácticamente dos meses en cama, en tu casa o con el día anulado”, advierte.
Aunque ese límite no debe entenderse de forma rígida. Incluso menos días de crisis pueden requerir atención médica si son muy incapacitantes o si se acompañan de síntomas como aura visual. “Imagínate ser camionero y no ver por la mitad de un campo visual. Aunque fueran dos crisis al mes, deberíamos poner algún tipo de tratamiento y solución”, apunta.
Avances en los tratamientos
En los últimos años, el abordaje médico ha avanzado de forma importante. Morales Hernández recuerda que durante mucho tiempo se emplearon fármacos diseñados para otras enfermedades, como antiepilépticos, antidepresivos o antihipertensivos, que demostraron utilidad en algunos pacientes. Más tarde llegó la toxina botulínica, especialmente relevante desde 2010, y posteriormente los tratamientos específicos dirigidos a mecanismos concretos de la migraña.
“Hemos pasado a fármacos que van hacia la propia fisiopatología de la enfermedad, hacia la causa de las crisis de migraña”, explica. Entre ellos menciona los tratamientos anti-CGRP, disponibles en distintas modalidades, como oral, inyectable o intravenosa en hospital de día.
Cómo tratar la migraña
A día de hoy, el tratamiento de la migraña se apoya en varios pilares. El primero, según Morales Hernández, tiene que ver con los hábitos de vida: cuidar el sueño, mantener rutinas, gestionar el estrés dentro de lo posible y prestar atención a la alimentación. “No se trata de no vivir por tener migraña ni de intentar controlarlo todo, pero sí de tener hábitos saludables”, afirma.
El segundo pilar es el tratamiento farmacológico de las crisis, cuyo objetivo es aliviar el episodio para que la persona pueda retomar su vida. Y, por último, el tratamiento preventivo, indicado para pacientes en los que la migraña tiene un impacto significativo, ya sea por la frecuencia de las crisis, su intensidad o los síntomas asociados.
A ellos no se suman remedios populares, como el llamado piercing para la migraña, pues, como advierte el médico, “no tiene ninguna validez científica, sino que se trata de reportes o anécdotas de pacientes, con explicaciones pseudocientíficas”.
Retos de la migraña
Pese a los avances relacionados con esta patología, el reto continúa siendo doble: diagnosticar antes y seguir desarrollando tratamientos eficaces para más pacientes. Morales Hernández indica que no todos los tratamientos funcionan igual en todas las personas, por lo que la investigación sigue centrada en identificar nuevas moléculas y circuitos implicados en la aparición de las crisis.
En un territorio como Canarias, donde la migraña afecta a casi una de cada cinco personas, la concienciación resulta clave. Dejar de banalizar la enfermedad, reconocer sus síntomas y consultar cuando limita la vida cotidiana son pasos fundamentales para mejorar la calidad de vida de miles de pacientes.