Cuando se habla de inmigración, hay muchos bulos y mitos que pesan a sus espaldas, como solo tener en mente a las personas que llegan en patera como la población migrante, dejando de lado la realidad de que la mayoría llega por avión. Estos mitos también se trasladan al ámbito sanitario. Luis Andrés Gimeno, médico de familia y miembro del grupo de trabajo de Inequidades y Salud de semFYC de samFYC, señala las realidades que se esconden detrás de esos bulos.
El especialista participa en el XLVI Congreso de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), que se celebra en Las Palmas de Gran Canaria del 5 al 7 de noviembre.
En declaraciones a Atlántico Hoy, Gimeno explica que las personas migrantes no solo utilizan menos los servicios sanitarios de lo que se suele pensar, sino que, en general, llegan con buena salud. El problema, advierte, aparece después, cuando las condiciones de vida y de trabajo empiezan a pasarles factura.
La diversidad de la migración
Primero hay que entender que “hay una diversidad brutal” cuando se habla de la inmigración que llega a España, pues, según señala Gimeno, existen grandes diferencias de edad, procedencia, nivel económico y situación laboral.
Esta realidad es muy visible en Canarias, donde conviven personas que llegan desde África o Latinoamérica en edad de trabajar, frente a la población europea que se instala en las islas durante su jubilación, por ejemplo. Gimeno recuerda que todos ellos son migrantes, aunque socialmente no siempre se les identifica como tales.
Sin enfermedades
Una vez se es consciente de esta diversidad, Gimeno pone el foco en la creencia de que las personas migrantes llegan enfermas o con más problemas de salud que la población española. Según explica, los estudios realizados en distintos países muestran justo lo contrario. Incluso cuando se comparan personas de la misma edad, quienes han migrado suelen presentar un mejor estado de salud.
Es lo que se conoce como el efecto del migrante sano. Gimeno señala que muchas personas emigran para trabajar y que, por tanto, quienes emprenden ese proceso suelen contar con mejores condiciones físicas y “tienen una muy buena salud”. A esto se suma que, en general, se trata de una población más joven, lo que también influye en sus necesidades sanitarias.
Saturación del sistema sanitario
Es por ello que el especialista desmiente otra creencia extendida como es que la inmigración es la que provoca el colapso de los centros sanitarios. Según expone, las investigaciones realizadas tanto en España como en otros países muestran que “las personas migrantes utilizan menos el sistema sanitario que la población autóctona, incluso al comparar pacientes de la misma edad y con enfermedades similares”.
De hecho, considera que su presencia puede resultar beneficiosa para la financiación del sistema, precisamente porque su consumo de recursos es inferior.
Gimeno explica que la población es uno de los factores que se tienen en cuenta para financiar los servicios públicos. Según sus investigaciones, las personas migrantes consumen un tercio de los recursos sanitarios que les corresponderían en una estimación por habitante, por lo que defiende que su presencia, lejos de suponer una carga, puede contribuir al sostenimiento del sistema. “El tener migrantes permite que se pueda atender mejor a la población”, sostiene.
Falta de recursos en Atención Primaria
Esta reflexión cobra especial importancia en Canarias, donde los centros de salud arrastran problemas de falta de profesionales, sobrecarga asistencial y dificultades para conseguir citas. Gimeno reconoce estas carencias, pero considera que no pueden atribuirse a la población migrante, sino a la distribución de los recursos sanitarios.
En este sentido, defiende que la Atención Primaria debería recibir el 25% del presupuesto sanitario, frente al 14% que, según señala, se destina actualmente en España. A su juicio, se ha priorizado la atención hospitalaria mientras los centros de salud siguen necesitando más inversión.
Factores socioeconómicos frente a la salud
Más allá de la atención sanitaria, Gimeno advierte que la salud de las personas migrantes se deteriora con el paso de los años. Los trabajos precarios, los bajos salarios, las dificultades para acceder a una vivienda, la mala alimentación o el racismo son algunos de los factores que pueden acabar afectando a su bienestar.
“Ellos venden su salud, su fuerza física, para conseguir dinero para mandar a sus familias”, resume el médico, que compara esta realidad con la de los españoles que emigraron décadas atrás. Por ello, considera que Canarias debe apostar por mejorar la vivienda, los salarios y las condiciones laborales, medidas que beneficiarían tanto a la población migrante como a los propios canarios.
Una sanidad adaptada a la diversidad
Gimeno también señala que el sistema sanitario debe adaptarse a las necesidades de una población diversa. Entre los principales retos destaca garantizar servicios de interpretación para superar las barreras idiomáticas, tanto telefónicos como presenciales, una necesidad que no afecta solo a las personas migrantes, sino también a turistas y residentes extranjeros que no hablan español.
En cuanto a las personas que llegan a Canarias en cayuco, reconoce que necesitan una atención específica tras las largas travesías, sobre todo para detectar deshidratación y otros problemas de salud. El especialista valora de manera positiva los dispositivos de primera asistencia existentes en las islas, aunque insiste en que, una vez superada esa situación, deben poder incorporarse a la atención sanitaria ordinaria.
Para Gimeno, el reto no consiste en crear una sanidad diferenciada para las personas migrantes, sino en construir un sistema capaz de responder a las necesidades de cada paciente, independientemente de su origen o sus circunstancias económicas. “Hablamos de sistemas sanitarios sensibles a la diversidad”, concluye.
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