La forma de entender el paisaje en Canarias está cambiando. De un espacio contemplativo, casi decorativo, a un entorno de convivencia, salud y actividad humana. Ese es el giro que defienden los expertos reunidos en el I Congreso del Paisaje de Canarias, donde se ha advertido de que los instrumentos actuales no están preparados para este nuevo enfoque.
El encuentro, impulsado por el Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio con el respaldo del Gobierno autonómico y las universidades públicas, reúne a especialistas de múltiples disciplinas. Juristas, geólogos, filósofos o arquitectos coinciden en una idea central: el paisaje ya no puede abordarse de forma aislada ni limitada a lo “bonito”.
Del paisaje ideal al real
Los participantes han insistido en la necesidad de incluir también los entornos cotidianos y degradados en las políticas públicas. Hasta ahora, el foco se ha puesto en espacios excepcionales, dejando fuera zonas donde vive la mayoría de la población.
Este cambio de paradigma tiene implicaciones directas. El paisaje influye en la salud física y emocional, en la calidad de vida y en el valor del patrimonio. Ya no es un elemento secundario, sino un eje central en la planificación del territorio.
Normas desfasadas
Uno de los principales diagnósticos del congreso apunta a que la legislación actual está “lejos” de lograr la armonización necesaria entre los distintos intereses que confluyen en el territorio.
El director del encuentro, Juan Manuel Parlem, catedrático de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, subrayó que el reto pasa por adaptar los marcos normativos a una visión más integradora. Esto incluye mejorar la coordinación entre administraciones y reforzar la educación social para evitar la degradación de los espacios.
El punto de inflexión se sitúa en el Convenio Europeo del Paisaje, firmado en Florencia en 2000 y en vigor en España desde 2008, que introdujo una visión más amplia del paisaje como parte del bienestar colectivo.
El debate también abordó cómo compatibilizar la protección del paisaje con actividades como el turismo, la agricultura o el desarrollo urbano. La clave, según los expertos, está en encontrar un “mínimo común” que permita el equilibrio.
En esa línea se pronunció el portavoz del Gobierno de Canarias, Alfonso Cabello, quien resumió el desafío en tres dimensiones: política, social y económica. “Es difícil, pero en ello nos va el futuro”, señaló.
Desigualdad y acceso al paisaje
Otro de los aspectos más destacados es la relación entre paisaje y desigualdad. El catedrático Roberto Bustillo, de la Universidad de Vigo, explicó que el nivel socioeconómico condiciona el acceso a entornos de mayor calidad, lo que repercute en el bienestar y en el valor patrimonial.
Además, se señalaron otros factores de discriminación como el género, la religión o la accesibilidad. Las mujeres, por ejemplo, perciben mayor inseguridad en determinados espacios, especialmente de noche, mientras que las personas con discapacidad visual experimentan el paisaje de forma multisensorial, lo que obliga a adaptar las políticas públicas.
El nuevo enfoque también tendrá impacto en la educación. El vicerrector de la ULPGC, Jin Taira, anunció la futura creación de un grado o máster especializado en paisaje, con el objetivo de formar profesionales capaces de afrontar estos retos.
El mensaje que deja el congreso es claro: el paisaje en Canarias ya no puede entenderse solo como una imagen. Es un espacio de vida, convivencia y desigualdad, cuyo futuro dependerá de cómo se gestione desde ahora.
