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Sociedad

El patrón de un cayuco que llegó a Tenerife con 91 personas, condenado a tres años de cárcel

La condena fue aceptada por conformidad entre el Ministerio Fiscal, que rebajó sus peticiones iniciales de pena, y la defensa del acusado, que actualmente se encuentra preso en Almería

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Un grupo de migrantes de origen subsaharianos después de llegar a Canarias. / EFE

El patrón de un cayuco que llegó a Tenerife en 2022 con 91 personas a bordo, 13 de ellas menores de edad, ha sido condenado a tres años de cácer por la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de la Isla. Lo ha considerado responsable de un delito de favorecimiento de la inmigración ilegal.

La condena fue aceptada por conformidad entre el Ministerio Fiscal, que rebajó sus peticiones iniciales de pena, y la defensa del acusado, que actualmente se encuentra preso en Almería, y que por lo tanto tuvo que intervenir por videoconferencia. 

Desde Senegal

Se da por probado que el hombre, junto con otros cinco varones ya condenados por el mismo delito mediante sentencias firmes dictadas un año antes, se pusieron de acuerdo con los organizadores del viaje que se quedaron en tierra para dirigir un cayuco desde Senegal a Canarias. En la imposición de las penas se tuvo en cuenta lo arriesgado de la travesía y que todos los ocupantes carecían de las necesarias autorizaciones de entrada y permanencia en España.

También se da por probado que los procesados se pusieron de acuerdo para repartirse las tareas indispensables con el fin de dirigir la embarcación de manera que cuatro se encargaron por turnos del manejo del timón y motor y otro además se hizo cargo del GPS con el fin de marcar el rumbo. Al ahora condenado le correspondió la función de mantener el orden durante la travesía cada vez que se producía algún altercado, impartir instrucciones a los ocupantes y repartir y racionar la comida.

Menores migrantes / EFE - ÁNGEL MEDINA

La pandemia

El viaje se realizó en medio de la pandemia de Covid-19, por lo que resultó más grave aún el hacinamiento de los viajeros, entre los que era imposible fijar distancia de seguridad alguna y tampoco se les facilitó mascarillas. La embarcación es calificada de “absolutamente inadecuada” por sus dimensiones de 23 metros de eslora y estaba propulsada por dos motores de 40 y 60 caballos, de los que uno se averió, lo que fue otro factor para poner en riesgo la vida, salud e integridad física de los ocupantes que pagaron hasta 400 euros.

El barco carecía de medidas de seguridad, estabilidad y estanquiedad esenciales para enfrentarse a las condiciones del mar con grandes olas, no había salvavidas, herramientas para reparar las averías, luces de posicionamiento, instrumentos de comunicación o medios para protegerse del sol y el viento.