Durante décadas estuvo ahí, nadando en aguas de Canarias, pero la ciencia no había documentado correctamente su presencia en el Archipiélago. Un nuevo estudio confirma por primera vez que la raya diablo Mobula thurstoni forma parte de la fauna marina de las Islas y apunta en especial hacia Gran Canaria, donde su presencia destaca por encima del resto de especies de este grupo.
La investigación, publicada en 2026 en la revista científica Regional Studies in Marine Science, supone la primera radiografía amplia de las mantas y rayas diablo de Canarias. Sus autores confirman cuatro especies en las Islas: Mobula birostris, Mobula mobular, Mobula tarapacana y Mobula thurstoni. Esta última había pasado desapercibida en la literatura científica pese a que el registro visual más antiguo recuperado por los investigadores se remonta a 1984.
Cuatro décadas bajo otro nombre
El problema no era que nunca se hubiera visto. Se había identificado de forma incorrecta. Los investigadores revisaron referencias históricas y detectaron numerosos errores provocados por el parecido entre las distintas especies de este grupo. Una fotografía de un ejemplar capturado en Fuerteventura en 1984, por ejemplo, había sido clasificada como otra especie. La revisión realizada ahora permite confirmar que se trataba realmente de Mobula thurstoni.
La nueva investigación va mucho más allá de revisar documentos antiguos. Los autores reunieron 140 referencias históricas entre 1836 y 2025, entrevistaron a 225 pescadores profesionales y recopilaron información procedente de ciencia ciudadana. De los 572 avistamientos comunicados por esta última vía, 356 contaban con fotografías que permitían comprobar la identificación y fueron incorporados al análisis.
Gran Canaria destaca en el mapa
Esos registros muestran que las mantas y rayas diablo están repartidas por todo el Archipiélago, aunque no todas las especies aparecen con la misma frecuencia en cada isla. Gran Canaria destaca por la elevada presencia de Mobula thurstoni, especialmente en puntos de buceo como Caleta Baja. Además, Gran Canaria y Tenerife son las únicas islas en las que se registraron las cuatro especies confirmadas por el estudio.
En total, 39 de los 356 avistamientos verificados por la ciencia ciudadana se produjeron en Gran Canaria, alrededor del 11% del conjunto. La investigación también recoge agrupaciones de Mobula thurstoni de hasta 18 ejemplares, aunque lo habitual es encontrarlas solas o en grupos pequeños. En una de las imágenes incluidas en el propio trabajo pueden verse seis ejemplares juntos en aguas grancanarias.
Posible lugar de reproducción
El descubrimiento de una cuarta especie no es la única conclusión del estudio. Los investigadores han encontrado indicios de que Canarias puede desempeñar un papel importante en la reproducción de estos animales. Durante el trabajo se observaron hembras aparentemente gestantes, ejemplares juveniles y subadultos, cicatrices relacionadas con el apareamiento e incluso comportamientos de cortejo.
Entre esos registros aparecen además juveniles de Mobula thurstoni. Los autores son prudentes y señalan que todavía hacen falta más estudios para determinar de manera exacta qué papel cumplen las Islas en sus ciclos de vida, pero consideran que la combinación de estas señales convierte al Archipiélago en un territorio de especial interés para comprender cómo se reproducen y utilizan el océano estas especies.
De temidas a amenazadas
La relación de Canarias con estos animales ha cambiado mucho con el tiempo. Los investigadores encontraron noticias antiguas en las que se advertía a los bañistas de su presencia e incluso se organizaba su captura y muerte cuando aparecían cerca de la costa. El estudio relaciona estas prácticas con el miedo y el desconocimiento que históricamente rodeaban a las mantas y rayas diablo.
Hoy la situación es muy distinta. No existen evidencias de una pesca dirigida a estas especies por parte de la flota canaria y las capturas accidentales detectadas son poco frecuentes. Aun así, el estudio documenta enmalle en artes de pesca, capturas accidentales y lesiones compatibles con golpes de embarcaciones, además de advertir de los posibles efectos del tráfico marítimo y de la transformación de las zonas costeras.
En peligro crítico
La importancia de conocer mejor dónde están y cómo utilizan las aguas canarias aumenta por su situación de conservación. Las cuatro especies confirmadas en el Archipiélago están catalogadas como amenazadas o en peligro crítico en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. En el caso de Mobula thurstoni, Canarias constituye además el punto confirmado más septentrional de su distribución en el Atlántico oriental.
Por eso, los autores consideran que esta primera radiografía debe servir como punto de partida. Todavía no existen estimaciones sistemáticas sobre el tamaño de estas poblaciones en Canarias y quedan preguntas por responder sobre sus movimientos, sus zonas esenciales o el tiempo que permanecen en determinados lugares. El estudio reclama seguimiento a largo plazo y más investigación para delimitar esos hábitats y valorar mejor el impacto de las actividades humanas.
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