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Ancianos residentes en Ballesol Tenerife / CEDIDA

Llega el videoclip del verano, "mira qué guapo y tengo casi 100": una residencia de mayores de Tenerife versiona 'NUEVAYoL' de Bad Bunny

Una veintena de residentes de Ballesol Tenerife versiona 'NUEVAYoL' con ayuda de inteligencia artificial en un videoclip que mezcla humor, musicoterapia y mucho ritmo

Bad Bunny tiene su Casita, pero en Tenerife hay una residencia que este verano ha decidido montarse la suya propia. Una veintena de mayores de Ballesol Tenerife, junto a profesionales del centro, se han lanzado a convertir su día a día en un videoclip musical inspirado en NUEVAYoL, uno de los temas más reconocibles del artista puertorriqueño.

El resultado se titula De NUEVAYoL a BALLESoL, una parodia creada con ayuda de inteligencia artificial y con la colaboración de Crónicas Estudio, en la que participan más de 30 personas entre residentes y trabajadores. La propuesta mezcla humor, música, coreografía, vestuario y mucho desparpajo para demostrar que la canción del verano también puede sonar desde una residencia.

Una residencia convertida en escenario

La grabación transforma distintos espacios del centro en pequeños escenarios. Los residentes aparecen en la terraza solárium, en balcones y zonas comunes, entrando y saliendo de escena como si llevaran toda la vida esperando su momento de videoclip.

La versión juega con el universo de la canción original, pero adaptado al lenguaje propio del centro. En lugar de limitarse a imitar el tema de Bad Bunny, lo llevan a su terreno: medicación con nombres inventados, humor cotidiano, guiños al cuidado y una reivindicación clara de las ganas de pasarlo bien.

Una de las escenas incluye la visita sorpresa de una enfermera con un carro cargado de AMORprazol y ParacetAMOR, mientras la psicóloga aparece con peluches terapéuticos. Todo forma parte de una puesta en escena que busca provocar una sonrisa, pero también generar movimiento, memoria, participación y vínculo entre los residentes.

“Tengo casi 100 y estoy bueno también”

El videoclip no se toma demasiado en serio, y ahí está buena parte de su encanto. Los mayores cantan, bailan, se miran, se ríen y se permiten jugar con frases que funcionan casi como una declaración de intenciones. “Nosotros no estamos locos, sabemos lo que queremos. Mira qué guapo y tengo casi 100. Tú estás sanita y yo estoy bueno también”, cantan al ritmo de la parodia, moviendo la cabeza, el cuerpo y hasta el esternón, como recoge la propia letra del show.

Más allá de la broma, el mensaje es potente: las personas mayores no tienen por qué quedarse como espectadoras de la vida. También pueden ocupar el centro del escenario, crear, proponer, reírse de sí mismas y formar parte de algo compartido.

Música para moverse, recordar y conectar

La actividad no se queda en una ocurrencia divertida para redes sociales. Desde el centro explican que el proyecto se enmarca en una dinámica colectiva pensada para mejorar la salud física, estimular la mente y fomentar la socialización. La música tiene un papel importante en ese proceso. Según la psicóloga de Ballesol Tenerife, Imara Hernández León, ayuda a regular el estado de ánimo, reducir la ansiedad y la irritabilidad y favorecer la conexión con otras personas.

En residentes con deterioro cognitivo más avanzado, la música puede funcionar como una vía de acceso emocional cuando otras intervenciones tienen menos efecto. Hernández señala que actúa como un puente hacia zonas vinculadas a la memoria sensorial y las emociones, incluso cuando otras capacidades se han visto afectadas.

Una herramienta no farmacológica

La residencia destaca que la música puede convertirse en una herramienta no farmacológica de gran valor en personas mayores, especialmente cuando existe deterioro cognitivo. La doctora del centro, Sayris Ortega, explica que la musicoterapia estimula áreas relacionadas con la memoria, la atención, el lenguaje y las emociones, lo que puede contribuir a preservar capacidades cognitivas y funcionales.

Desde Ballesol Tenerife también apuntan a beneficios observados en la reducción de episodios de agitación, agresividad, ansiedad y depresión, siempre dentro de un enfoque complementario a los cuidados habituales. En este caso, la canción no es solo entretenimiento. Es una excusa para recordar letras, seguir ritmos, moverse, coordinarse con otras personas y sentirse parte de un proyecto común.

Marylola, de “eso no me gusta” a primera voluntaria

Entre las protagonistas está Marylola, residente de 93 años, que llegó al centro dejando clara una cosa: las actividades no eran lo suyo. Ni pintar, ni manualidades, ni propuestas grupales. Nada parecía convencerla demasiado. Ahora la situación ha cambiado. Según relatan desde la residencia, no hay “sarao” al que no se apunte. Tiene su grupo de amigas para jugar al dominó por las tardes, otra cuadrilla para merendar y fue una de las primeras en sumarse al videoclip.

Su caso resume bien el sentido de este tipo de iniciativas. A veces no se trata de insistir con cualquier actividad, sino de encontrar una propuesta que conecte con la persona, le permita expresarse y le devuelva un papel activo dentro del grupo. “Hay que dejar de ser espectadores para convertirnos en protagonistas”, defiende Marylola, agradecida por las iniciativas que le han permitido participar, crear vínculos y mostrarse tal como es.

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