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Imágenes de la situación que vivió Christian M. / AH

Rituales chamánicos, excrementos de perro y cámaras de vigilancia: la pesadilla de un profesor canario con su casera

Christian M., maestro grancanario destinado en Tenerife, denuncia meses de presión, suciedad, vigilancia y ansiedad en una habitación alquilada en La Orotava: "Nos están obligando a vivir en precario"

Luna Moya / Marcos Moreno

Christian M. llegó a Tenerife en septiembre de 2025 con una maleta llena de ilusión, un nombramiento como maestro y la urgencia de encontrar una vivienda de un día para otro. Es de Gran Canaria, tenía que incorporarse a un colegio de Primaria en la zona norte de la isla y, como tantos jóvenes desplazados por trabajo en Canarias, se encontró con un mercado del alquiler prácticamente inaccesible.

Lo que en un principio parecía una solución provisional para poder trabajar acabó, según su relato y las denuncias presentadas ante la Guardia Civil a las que ha tenido acceso Atlántico Hoy, en una convivencia marcada por olores insoportables, un perro desatendido que sobrevivía entre excrementos, cámaras en zonas comunes, cortes de suministros, entradas de la casera en la vivienda y episodios que Christian describe como una presión constante para que abandonara la casa antes de finalizar el acuerdo.

Yo lo que quería era estar tranquilo: trabajar por la mañana, estudiar, entrenar y poco más”, resume.

El inicio del conflicto

Christian asegura que las primeras señales de alarma llegaron poco después de instalarse. En la vivienda convivía con el hermano de la propietaria y con otro joven. La casera, según cuenta, no vivía allí, pero dejaba a su perro en una zona común de la casa, junto a la cocina y la solana.

“Yo llegaba a cocinar y había olores insoportables a orina y a excrementos de todo el día”, relata. Según Christian, el animal pasaba largas jornadas solo, en ocasiones sin agua ni comida, y llorando durante horas. “Yo tengo un montón de vídeos donde el animal está llorando todo el día”, afirma.

"Empecé a sacarlo"

La situación, sostiene, acabó afectando también a su día a día. Tenía que desayunar, almorzar y cenar junto a esa zona. “No era saludable. Era inviable estar cocinando con malos olores”, señala.

Al principio, Christian empezó a sacar al perro por pena. “A mí no me dan igual los animales. Veía al perro así y empecé a sacarlo”, cuenta. Pero lo que comenzó como un gesto puntual acabó, según denuncia, convirtiéndose en una carga que no le correspondía. “Como yo lo sacaba, menos lo sacaban ellos”, sostiene.

En diciembre decidió hablar con la propietaria. Le dijo que aquella situación no podía continuar. Y, según su versión, fue a partir de ahí cuando todo cambió.

Imágenes de la situación que vivió Christian M. / AH

“Empezó a meterme presión”

Christian asegura que tras advertir a la casera del mal estado del perro comenzaron los problemas. Primero, con comentarios sobre el consumo de agua y luz. Después, con la intención de subirle 50 euros el alquiler. Más tarde, cuenta, con situaciones que él interpreta como intentos de hacerle la vida imposible.

En una de las denuncias aportadas consta que el joven manifestó ante la Guardia Civil que la propietaria comenzó “de alguna manera a coaccionar” al denunciante, con comentarios sobre sus hábitos diarios, el consumo eléctrico o la presencia de su pareja en la vivienda. También denunció la instalación de cámaras de seguridad en zonas comunes, algunas de una empresa de seguridad y otras particulares.

"Un chamán haciendo un ritual"

“Yo podía estar pasando por el salón en calzoncillos. Una señora no tiene que estar viéndome con su móvil”, denuncia Christian.

El profesor asegura que la casera entraba y salía de la vivienda cuando quería. “Tenía acceso prácticamente a diario”, explica. En otra ocasión, afirma que llegó a la casa y se encontró con varios hombres en el salón fumando. En otra, con “un chamán haciendo un ritual” en una zona común.

“Un día llegué y me encontré un chamán haciendo un ritual en el salón. Después me puso hasta un altar”, relata. Christian insiste en que no quiere centrar el caso en sus creencias personales, sino en la sensación de indefensión que le generaba no poder controlar quién entraba en el espacio donde vivía.

Sin agua caliente

La situación, según cuenta, fue escalando entre enero y marzo. Christian afirma que la propietaria le quitó utensilios de cocina, cambió claves del wifi, retiró el router y dejó de garantizar condiciones básicas en la vivienda.

Uno de los episodios que más le afectó fue la avería del termo. Indica que estuvo casi tres semanas y media sin agua caliente. “Me bañaba en el gimnasio”, cuenta. “En La Orotava, con el frío que ha hecho este año, ducharte con agua fría era una locura”, apostilla.

En marzo presentó la primera denuncia. Según consta en la diligencia de comparecencia, Christian M. acudió a la Guardia Civil para dejar constancia de que vivía en la vivienda desde septiembre, que pagaba 400 euros mensuales por una habitación y que quería permanecer hasta finalizar el periodo laboral por el que estaba en Tenerife.

En esa denuncia también manifestó su preocupación por que la propietaria pudiera cambiar las cerraduras e impedirle el acceso a la vivienda y a sus pertenencias. Una intuición que no tardaría en hacerse realidad.

Así se encontraba el perro de la casa donde vivía Christian M. / AH

Baja por ansiedad

Christian señala que la situación terminó afectando directamente a su salud. Cada nuevo conflicto con la casera le provocaba nervios, mareos y tensión cervical. “Cada vez que tenía un problema con ella me ponía nervioso y tenía que ir a urgencias a que me pincharan”, narra.

El episodio que recuerda con más claridad ocurrió en el colegio, en plena jornada laboral. “Estaba en clase de sexto y parecía que me había tomado diez cubatas. Estaba de los nervios, con las cervicales pinchándome y fatal”, cuenta.

La situación llegó a tal punto que su médica de cabecera, según explica, le recomendó coger la baja y regresar temporalmente a Gran Canaria. “Me dijo: Christian, te voy a dar la baja, te quedas allí y cuando termine el curso vuelves a Tenerife, coges tus cosas y te vas”.

Pero cuando volvió, asegura, se encontró con el desenlace que más temía.

La cerradura cambiada y bolsas de basura

El 29 de junio, un día antes de que finalizara el acuerdo verbal, Christian regresó a la vivienda de La Orotava para recoger sus pertenencias. Según consta en la denuncia presentada el 30 de junio, al llegar e intentar abrir con su llave, esta no entraba.

Llamó a la Guardia Civil. Explica que estuvo horas esperando hasta que finalmente pudo acceder a la vivienda acompañado por los agentes. Al entrar, afirma que sus cosas ya no estaban en su habitación.

“Mis pertenencias estaban fuera de mi habitación, en bolsas de basura, mezcladas unas con otras, manchadas o mojadas por líquidos de limpieza”, sostiene la denuncia. Casi todas sus pertenencias quedaron inservibles y la ropa, manchada de lejía.

El docente asegura que se encontró con productos abiertos, teclados y ratones mojados, objetos desaparecidos y una cámara de seguridad que había colocado en su habitación dañada. “La metió en agua o algo, la rompió, y no pude conseguir los vídeos de ella entrando”, lamenta.

En la denuncia, el maestro afirma que aportará conversaciones, mensajes y vídeos cuando sean requeridos por la autoridad judicial.

Las pertenencias de Christian M. amontonadas cuando dejó Tenerife / AH

Tres denuncias y sensación de indefensión

Christian asegura que ha presentado tres denuncias: una en marzo, otra por la situación del agua caliente y otra tras el episodio de la cerradura cambiada y las pertenencias manipuladas.

Aun así, afirma que durante meses se sintió desprotegido. “Me he dado cuenta de que cualquier persona te puede estar acosando por WhatsApp, hacerte la vida imposible, y no pasa nada”, sostiene.

Según cuenta, bloqueó a la casera y también al hermano, pero ella llegó a escribirle incluso por SMS. “La policía me decía que, si no cambiaba la cerradura, si no entraba en mi habitación o si no me cortaba el suministro, no se consideraba delito penal”, afirma.

Para Christian, el problema iba más allá de una mala relación con una casera. Era la sensación de estar atrapado en una vivienda que no podía abandonar fácilmente porque no tenía alternativa.

La crisis habitacional en Canarias

El caso de Christian se produce en un contexto especialmente delicado para el acceso a la vivienda en Canarias. El alquiler en las Islas continúa encareciéndose y la falta de oferta empuja a muchos trabajadores, jóvenes y personas desplazadas entre islas a aceptar habitaciones sin contrato escrito o condiciones precarias. Según datos recientes publicados sobre el mercado canario, el alquiler ha seguido subiendo en 2026 y supera ya los 16 euros por metro cuadrado en el Archipiélago, mientras la disponibilidad de vivienda en alquiler sigue siendo insuficiente para estabilizar los precios.  

La presión también se nota en el alquiler por habitaciones. Idealista situó el precio medio de una habitación en España en 430 euros mensuales en el primer trimestre de 2026, con un aumento de la demanda y de la oferta de pisos compartidos. En Canarias, varias organizaciones e informes han alertado de precios superiores a esa media y de una dificultad creciente para encontrar alojamiento asequible, especialmente en islas capitalinas y zonas tensionadas.  

Ese contexto, explica Christian, fue lo que le impidió marcharse antes. “Cuando empecé a tener problemas me puse a mirar y en Puerto de la Cruz, La Orotava y esa zona no bajaba de 600 euros. Es insostenible”, afirma.

“Nos están obligando a vivir en precario”

Christian insiste en que no cuenta su historia por venganza. Dice que lo único que quiere es cerrar esta etapa y que los hechos sigan su recorrido judicial. Pero también cree que su caso refleja una realidad más amplia.

“Si yo, que soy maestro, he tenido esta situación, no me quiero imaginar gente con menos recursos que se ve obligada a coger situaciones peores”, afirma.

Para él, el foco no debe ponerse solo en los impagos o en los conflictos desde el punto de vista del propietario. “Siempre se habla mucho de los okupas, pero los que alquilan también te pueden hacer la vida imposible”, denuncia.

Christian M. volvió a Gran Canaria con sus pertenencias dañadas, tres denuncias presentadas y una baja médica provocada, según relata, por meses de ansiedad. Lo que empezó como una habitación de 400 euros para poder trabajar en Tenerife terminó convertido en una pesadilla de olores, cámaras, rituales, cerraduras y miedo.

“Yo estaba en otra isla, sin nadie, obligado a estar en una situación que no quería”, resume. “Nos están obligando a vivir en precario”.

El perro

Más allá del conflicto judicial por la vivienda, Christian asegura que una de las cuestiones que más le preocupan sigue siendo el estado del perro que, según su relato, permanecía durante largas jornadas solo en la vivienda.

El maestro recopiló durante meses fotos y vídeos para documentar las condiciones en las que, sostiene, se encontraba el animal y a las que ha tenido acceso este periódico. Sin embargo, asegura que hasta la fecha nadie le ha solicitado formalmente ese material como parte de las diligencias.

Según explica, la única actuación de la que tiene constancia fue una visita realizada por agentes relacionados con la protección animal tras una de sus denuncias. No obstante, cuando acudieron al inmueble, nadie abrió la puerta.

Incertidumbre

Yo tengo un pendrive lleno de vídeos y fotos del perro a distintas horas del día, durante meses. Pero la única noticia que tuve fue que fueron a la vivienda y no había nadie”, afirma.

Desde entonces, Christian asegura desconocer cuál es la situación actual del animal. Una incertidumbre que, admite, le sigue generando preocupación meses después de abandonar la vivienda.

“Al final, yo me fui de allí, pero no sé qué ha pasado con el perro. Y esa es una de las cosas que más me preocupa de todo lo que ocurrió”, lamenta.