Algo se cuece en el Sahel y lleva acento ruso. Hace tiempo que dejó de ser un secreto el interés de Moscú por tener presencia en el norte de África —sobre todo en países como Mali, Burkina Faso, Níger o Marruecos—. La zona, próxima a Canarias, presenta diferentes riesgos como la trata de personas, el terrorismo y presión en las fronteras de los países comunitarios.
Las consecuencias para el Archipiélago no son inmediatas, pero un aumento de la violencia —como lo ocurrido el pasado mes de abril en Mali— y la inestabilidad pueden suponer —por ejemplo— un incremento de las rutas migratorias que alcanzan las costas españolas. En definitiva, las Islas tienen cerca de sus costas un problema vinculado a tensiones geopolíticas.
Papel de Rusia
Llegados a este punto la pregunta es clara: ¿qué papel juega Rusia y cómo ha conseguido desplazar a las fuerzas occidentales? Un análisis publicado por el Real Instituto Elcano recoge que los principales objetivos de Putin son preservar los regímenes y el control territorial. “No la promoción del buen gobierno ni la inclusión”, recoge la publicación.
“En el corto plazo, esta estrategia refuerza a las juntas militares en apuros en el campo de batalla, pero, con el paso del tiempo, los patrones de abuso, violencia y falta de rendición de cuentas avivan el resentimiento de la opinión pública, facilitan el reclutamiento para los grupos yihadistas y hacen mella en la confianza depositada en las instituciones”, señala.
Influencia europea
El texto, que vio la luz el pasado miércoles, detalla que Europa y la OTAN pueden invertir en herramientas como una mejor coordinación entre ambas o alianzas flexibles de cara a abordar los problemas de fondo que padece el Sahel. La clave para entender el tema está en el uso del Africa Korps, un instrumento militar desplegado por parte del Ministerio de Defensa ruso.
“No es una mera etiqueta nueva, sino el instrumento principal del que se vale Rusia para construir un sistema de seguridad duradero en el Sahel que deje de lado la influencia europea”, asevera el Real Instituto Elcano. La diferencia con el Grupo Wagner, sostiene, es que ahora la finalidad es consolidar una presencia duradera del Kremlin en el Sahel.
Níger
En esencia, según el análisis, quieren acumular influencia a medida que se reduce la implicación occidental. Un ejemplo fue lo ocurrido tras el golpe de Estado de Níger en julio de 2023. Una vez se materializó el Africa Korps se instaló allí. Indica también que la presencia del grupo en zonas importantes ha expuesto a Mali a los grupos yihadistas.
No toda la estrategia de Moscú está sobre el campo de batalla. También tiene protagonismo la propaganda. “Aparte de su presencia militar, Rusia cuenta con una campaña de información que aspira a influir en las percepciones sobre la legitimidad y la jurisdicción territorial”, sostiene. Todo mediante bots de inteligencia artificial y relatos interesados en la prensa local.
"Un socio en potencia"
Entre los discursos difundidos está que Francia y la Unión Europea son potencias neocoloniales, “mientras que a Rusia la pintan como un socio en potencia que respeta la soberanía y ofrece ayuda rápida en materia de seguridad”. Un contexto que facilita a los dirigentes locales —dice— a justificar la expulsión o marginación de las misiones europeas.
“Además, la tecnología deepfake puede producir audio y vídeo en el que resulta difícil distinguir lo real de lo falso, lo que ayuda a difundir contenido ficticio que sigue avivando los sentimientos negativos contra Occidente y las Naciones Unidas”, subraya también el análisis.
"Injerencia extranjera"
La consecuencia más directa es que cada vez más habitantes del Sahel perciben “la ayuda bienintencionada como injerencia extranjera”. “La campaña de información refuerza el despliegue militar: Rusia no necesita lograr la victoria sobre el terreno si consigue que la interacción con Europa resulte insostenible desde el punto de vista político”, apostilla.
Un punto fundamental es que la presencia rusa en el Sahel brinda acceso a Moscú a bases, aeródromos y puntos de abastecimiento próximos a la frontera meridional de Europa. “África ha pasado a ser un espacio de pugna entre Rusia y Occidente, con Moscú recurriendo a su ejército, la desinformación y los acuerdos en materia de seguridad”, agrega.
Países europeos
De esta manera la implicación europea ha disminuido y, con ello, su influencia. Mientras tanto, países como España, Italia, Francia y Portugal “se enfrentan a problemas como el terrorismo, la migración irregular y la inseguridad marítima”. Apunta que quizás la OTAN no necesita una estrategia exhaustiva, pero sí se le complica disuadir las amenazas.
Al mismo tiempo que todo esto ocurre, la inestabilidad en el Sahel afecta a territorios como Canarias porque intensifica —entre otras cuestiones— los movimientos migratorios aumentando la presión sobre las fronteras europeas —como ha sucedido en las Islas—.
Soluciones
El análisis manda un mensaje claro: la solución no pasa por restaurar un orden Occidental que ya no existe, sino en limitar el coste estratégico que supone Rusia.
Propone como posibles soluciones que los miembros de la UE y los aliados euroatlánticos mejoren la información de inteligencia en el Sahel, ofrecer a los países del entorno herramientas financieras para mejorar su situación, centrarse en objetivos concretos y crear coaliciones de países que no vean con buenos ojos el dominio ruso.
