Imagen de Sergio Rubira (TEA) en su despacho./ Pedro Yanes (Atlántico Hoy)
Imagen de Sergio Rubira (TEA) en su despacho./ Pedro Yanes (Atlántico Hoy)

Sergio Rubira, director artístico del TEA: "Un museo es un espacio que te ayuda a hacerte preguntas, no a asumir directamente"

Dos años después de asumir la dirección artística del TEA, Sergio Rubira hace balance de su gestión, defiende una idea de museo alejada de las cifras de visitas y adelanta los proyectos que están por venir

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Las grandes rampas que conducen al visitante desde la calle hasta las salas del Tenerife Espacio de las Artes (TEA) cumplen bien su función: llevan de un punto a otro. Demasiado bien, según su director artístico. "La arquitectura convierte un poco a TEA en un lugar de paso", reconoce Sergio Rubira, al frente del área artística del museo desde hace poco más de dos años, en una entrevista a Atlántico Hoy.

Revertir esa lógica —que la gente entre, vea una exposición y se vaya— es uno de los empeños que atraviesan la filosofía de museo que plantea el director artístico, oriundo de Madrid, para el futuro del TEA.

De ahí en adelante, Rubira repasa el balance de su gestión, la filosofía que defiende para la institución y los proyectos, desde ciclos de cine hasta grandes exposiciones colectivas, que están por venir.

Una gestión centrada en 100 acciones

Rubira llegó al cargo con un programa de cien acciones para el TEA, comprometido a un plazo de tres años. "El concurso planteaba ya un programa a tres años y se está cumpliendo casi todo. Por ese lado, estoy contento", resume.

El director artístico repasa los objetivos ya cumplidos como la creación del Gabinete Óscar Domínguez, un libro de estilo para las publicaciones del museo, el inicio de la reordenación de unos almacenes saturados —con el riesgo que eso supone para la conservación de las obras— y el establecimiento de protocolos de conservación que la institución no tenía.

Pero, por otro lado, también existen varias carencias. "Somos muy poquitos para la cantidad de actividad que tenemos", admite sobre la plantilla del museo.  Rubira insiste en la necesidad de mayor presupuesto, "nunca es suficiente", para un museo que acogió en 2025 unos 280.000 visitantes.

Aun así, insiste en desmontar un tópico muy habitual entre la población: "Es un mito que nos dediquemos a los turistas: el grueso de nuestros visitantes es público local". Estos visitantes se recoge perfectamente en la orientación de las exposiciones del museo.

Imagen de Sergio Rubira (TEA) en su despacho./ Pedro Yanes (Atlántico Hoy)
Imagen de Sergio Rubira (TEA) en su despacho./ Pedro Yanes (Atlántico Hoy)

Más allá de las visitas

Con cerca de 140.000 visitantes a las exposiciones y en torno a 280.000 si se suman el resto de actividades, el TEA es uno de los espacios culturales más frecuentados de Canarias. Rubira no esconde que se trata de un logro: "Tener visitantes es un éxito, siempre". Pero matiza de inmediato: "Los museos van más allá de las visitas que tienen".

Para el director artístico, la función de una institución como el TEA se despliega en varios niveles. "Primero, una función patrimonial: preservar el patrimonio y generar un relato sobre la historia de ese lugar en el que se inscribe", explica. A eso suma la divulgación, pero también algo más incómodo: "Ayudar a las personas a poner en cuestión muchas de las cosas que se dan por hecho es uno de los trabajos fundamentales del museo".

De ahí nace también su empeño en cambiar la relación entre el edificio y quien lo visita. El objetivo es generar espacios de pausa en un museo que aspire a comportarse como una plaza pública: un lugar de encuentro y comunidad, no de consumo rápido.

El cine, la nueva pieza fundamental

Uno de los ejes que más ha crecido en estos dos años, aunque pase más desapercibido que las exposiciones, es la programación cinematográfica. El TEA cuenta con sala propia y un espacio que en su día se llamó Videoclub, hoy integrado en el discurso expositivo. "Nos hemos convertido en el cine de estreno en versión original y en cine más independiente", explica Rubira.

La programación no funciona de forma aislada: se piensa en crear un diálogo directo con las exposiciones. Cuando el museo dedicó una muestra a Néstor Martín-Fernández de la Torre, programaron películas mudas que el propio pintor había visto o en las que había participado. Con Cándido Camacho, un ciclo dedicado a Marlene Dietrich, obsesión recurrente en su pintura.

La revisión del cine de Manolo Millares, en el centenario del artista, también sacó a la luz una pieza inédita: una película sobre la masificación turística en Gran Canaria que nunca se había estrenado, cuenta Rubira. Es la misma lógica que aplican a toda la colección: "vamos a intentar ver otros lados" de artistas de los que creemos saberlo todo.

Imagen del Gabinete Óscar Domínguez./ TEA
Imagen del Gabinete Óscar Domínguez./ TEA

Los mitos construidos en Canarias

En octubre se inaugura 'Mientras seamos salvajes', una exposición colectiva que parte del pensamiento del antropólogo Fernando Estévez, para quien la identidad canaria se construye en torno a cuatro mitos: "el guanche, el mago, el migrante y el turista". La muestra se centra en los dos últimos y en cómo el arte contemporáneo ha resignificado esos imaginarios.

El proyecto se ha comisariado de forma colectiva, con parte del equipo más joven del museo —Néstor Delgado, Alejandro Castañeda, Joel Kinarelis— junto a dos comisarios externos: Katia García Antón, que ha trabajado con la producción artística del pueblo sami, el único pueblo indígena reconocido formalmente dentro de la UE, y Roberto Gil. Sumar siempre miradas de fuera, explica Rubira, es deliberado: "nos suelen poner en crisis".

Posteriormente le seguirán una exposición sobre José Aguiar, construida no solo con su obra sino con la de su círculo —amigos y rivales, como Marrero Regalado—, y otra dedicada a Pepa Izquierdo, comisariada por Isabel Tejeda y Vanessa Rosa: una artista que, según Rubira, quedó "en un territorio intermedio" del relato oficial del arte canario.

Más a largo plazo, el museo prepara algo mayor. Para 2028, año de su aniversario, trabajan en una gran exposición dedicada a Óscar Domínguez centrada en su vínculo con la Resistencia francesa y el contexto parisino de esos años —el mismo periodo en el que, según contó Rubira, sus falsificaciones de obras servían para financiar actividades clandestinas—. Es, adelanta en exclusiva a Atlántico Hoy, uno de los proyectos con los que el TEA quiere celebrar la efeméride.

Un proyecto pensado a largo plazo

El año pasado, el TEA fue elegido la institución cultural mejor valorada de Canarias en el estudio anual que realiza la Fundación Contemporánea entre profesionales del sector. "Pasamos de estar en el puesto diez a estar en el primer puesto", celebra Rubira sobre un reconocimiento que valora especialmente por ser "entre pares".

Sostener ese lugar exige, según él, algo tan poco vistoso como la estabilidad presupuestaria y la planificación a largo plazo. Organizar una gran exposición como la que sueña dedicar a Domínguez y el surrealismo de los años 30 exige "mínimo dos años y medio de antelación". "Cuando yo llegué se estaba trabajando con seis meses", recuerda.

Preguntado por su horizonte a cinco años, Rubira no habla de cifras de visitantes sino de permanencia: quiere que el TEA siga siendo "uno de los museos de referencia estatales" y que sea "central" en los grandes debates culturales del momento. Ni más grande, ni más visitado: simplemente, más estable.

Imagen del Tenerife Espacio de las Artes./ Imagen del TEA
Imagen del Tenerife Espacio de las Artes./ Imagen del TEA

"Que no tengan miedo al arte contemporáneo"

A la hora de pensar en qué ofrecer a quien todavía no ha cruzado sus puertas, Rubira no habla de una sola cosa sino de variedad: «"a diversidad de opciones que tienen, desde el cine de estreno hasta las exposiciones", resume. Menciona también, como parte de esa misma oferta, el trabajo del departamento de educación y el espacio infantil MiniTEA, integrado ya en las propias salas del museo.

Pero insiste, sobre todo, en desactivar un miedo. "Que no tengan miedo al arte más contemporáneo", repite, y lo explica con una simple anécdota: l"a gente cree entender Las Meninas porque reconoce las figuras, pero realmente nadie sabe qué hay detrás". Él mismo asegura haber leído sobre once interpretaciones distintas teniendo en cuenta unciamente su representación espacial.

El arte contemporáneo, sostiene, tiene la ventaja de hablar directamente de las "cuestiones del hoy". El de otras épocas, en cambio, nos ayuda a entender lo que está sucediendo ahora y de dónde venimos, contextualizar nuestro entorno. Juntos, cree, funcionan como una misma herramienta, la que mejor resume su idea de museo: "un espacio que te ayuda a hacerte preguntas", concluye Rubira.

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