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Las farmacéuticas alertan que en las redes sociales no llega información veraz sobre cosmética a las consumidoras / AH

'Skincare', redes sociales y bulos: los farmacéuticos alertan del riesgo de las rutinas virales

M. Paz Pellús García advierte en las III Jornadas de Dermofarmacia de Las Palmas de que copiar rutinas virales puede dañar la piel y de que “lo natural” no siempre es más seguro

Las redes sociales se han convertido en uno de los principales escaparates de la cosmética. Rutinas de skincare, ingredientes de moda, productos “milagro” y consejos virales circulan a diario en plataformas como TikTok, Instagram o YouTube. Pero no toda la información que llega al consumidor está basada en evidencia científica ni cumple con los criterios que exige la regulación cosmética.

Así lo explica M. Paz Pellús García, licenciada en Farmacia por la Universidad de Alcalá de Henares y máster en Cosmética y Dermofarmacia por CESIF, que ha participado en las III Jornadas de Dermofarmacia, organizadas por el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Las Palmas, con su ponencia Las redes sociales: regulación cosmética frente a la desinformación

Entre divulgación y publicidad

Pellús advierte que la frontera entre divulgación, publicidad y desinformación “cada vez es más difusa”. A su juicio, la divulgación cosmética debería servir para acercar el conocimiento científico al consumidor, contar qué puede hacer realmente un producto y también dejar claro cuáles son sus límites.

Sin embargo, en redes sociales “muchas veces se mezclan contenidos educativos con estrategias de venta sin que el usuario lo perciba claramente”. Además de que se tiende a exagerar resultados, se utilizan términos pseudocientíficos o se presentan ingredientes como “milagrosos”, “tóxicos” o “curativos” sin respaldo científico.

“El formato de redes favorece mensajes muy simplificados y rápidos, y eso puede hacer que se pierdan matices importantes sobre eficacia, seguridad o indicaciones reales de un producto”, explica.

La farmacéutica M. Paz Pellús García, durante su ponencia en las III Jornadas de Dermofarmacia / CEDIDA

¿Ingredientes tóxicos?

Esa "demonización de ingredientes" es uno de los mensajes que más se repite en las redes, según Pellús. “Se demonizan solo porque su nombre suena químico, cuando absolutamente todo, incluido el agua o el aire, es química”, indica. 

Entre los ingredientes más señalados se encuentran siliconas, parabenos, conservantes o filtros solares químicos, componentes que en realidad evitan la contaminación microbiológica de los productos y que, en el caso de los filtros solares, son una herramienta clave en la prevención del cáncer de piel y del fotoenvejecimiento, refuerza la especialista. 

Lo "natural" no es mejor

El problema aumenta cuando esa idea lleva a la creencia de que lo natural siempre es más seguro, cuando la realidad es que no tiene por qué ser así, apunta la experta. Un ingrediente de origen natural también puede provocar alergias, irritaciones o reacciones en la piel. Lo mismo ocurre con algunos aceites esenciales o extractos vegetales, que no son inocuos solo por proceder de una planta.

En este sentido, Pellús es muy tajante con la cosmética casera. Al elaborar productos en casa no se dispone de utensilios adecuados de medida o agitación ni se realizan pruebas de estabilidad, eficacia del sistema conservante o tolerancia. “Lo que salga de ahí es puro azar”, resume.

Los riesgos de seguir rutinas virales

Por eso considera importante no quedarse con titulares llamativos ni con listas de ingredientes sacadas de contexto, así como no seguir recomendaciones cosméticas virales sin asesoramiento profesional, ya que puede tener consecuencias para la salud de la piel, como alterar la barrera cutánea.

Pellús expone que muchas rutinas que se popularizan en redes combinan demasiados activos exfoliantes o irritantes, lo que puede provocar sensibilidad, irritación, brotes de dermatitis, empeoramiento de la rosácea o hiperpigmentación postinflamatoria. 

No todo vale

En pieles acneicas, por ejemplo, es habitual ver un uso incorrecto de productos muy agresivos con la idea de “secar” el acné, cuando en realidad pueden aumentar la inflamación y favorecer el rebote sebáceo.

“Lo que funciona para una piel puede ser contraproducente para otra”, subraya. La concentración de los activos, la frecuencia de uso, las combinaciones entre productos o la necesidad de fotoprotección son aspectos que no siempre se explican en redes y que pueden marcar la diferencia entre una rutina útil y una rutina perjudicial.

La regulación cosmética

Ante todo este panorama, la regulación supone un pilar importante. Por un lado, hay que recordar que los cosméticos que se venden en la comunidad europea están sometidos a una normativa muy exigente, y pasan una evaluación de seguridad y controles sobre su composición, etiquetado y uso, apunta. 

Además, la normativa cosmética europea establece que cualquier mensaje sobre un producto debe ser veraz, demostrable y no inducir a error. Es decir, no se pueden prometer resultados milagrosos ni atribuir a un cosmético propiedades propias de un medicamento.

Para Pellús, influencers, marcas y profesionales sanitarios tienen una gran responsabilidad porque hablan de productos relacionados con la salud y la piel de las personas. “La comunicación cosmética no debería basarse en el miedo, la exageración o la desinformación para generar ventas o viralidad”, defiende.

El papel de la farmacia

Desde la dermofarmacia, Pellús reivindica el papel del farmacéutico como figura clave para combatir la desinformación. “Los farmacéuticos unimos conocimiento científico, formación sanitaria y cercanía con la población”, afirma. Su labor no consiste solo en recomendar productos, sino en aportar criterio, explicar con claridad y adaptar cada consejo a las necesidades reales de cada piel. 

Y, en este sentido, Pellús anima a que los profesionales estén presentes también en redes sociales. “La divulgación rigurosa no puede quedarse solo en congresos o publicaciones científicas; tiene que llegar donde están los usuarios”, señala. Un valor diferencial frente al ruido de TikTok, Instagram o Youtube.