Loading...
Drago de Gran Canaria / AH

Solo 61 ejemplares y años de trabajo: así es el reto de salvar el drago en Gran Canaria

Expertos advierten de que no solo quedan muy pocos ejemplares, sino que además están aislados entre sí, lo que reduce su diversidad genética y complica su supervivencia

El Gobierno de Canarias ha aprobado el plan de recuperación del drago de Gran Canaria, una medida que llega en un momento decisivo para una especie única en el mundo y en una situación muy delicada. En la isla apenas sobreviven alrededor de 60 ejemplares, repartidos además en distintos puntos y sin conexión entre sí.

Esa es una de las claves que subraya Víctor de León, biólogo y divulgador de Fénix Canarias, que pone el foco no solo en el escaso número de dragos que quedan, sino también en el aislamiento de sus poblaciones. “No solo hay muy poquitos ejemplares, sino que sus poblaciones están fragmentadas”, explica.

Una especie muy reducida y aislada

Para el especialista, esa fragmentación tiene una lectura doble. Por un lado, puede evitar la desaparición total de la especie si se produce una desgracia en una zona concreta. Si un incendio arrasa una localización, todavía quedarían ejemplares en otras. Pero esa ventaja tiene también su cara negativa.

Y es que, al no haber poblaciones grandes ni conectadas, la diversidad genética del drago de Gran Canaria es muy reducida. “Tenemos un conjunto de genes muy pequeño para estas poblaciones y además se encuentran muy aisladas entre ellas”, viene a resumir De León, advirtiendo de que esa falta de intercambio genético complica todavía más su supervivencia a largo plazo.

Actuar ahora

De ahí que el biólogo insista en que la actuación no puede esperar. “Es importante actuar porque es una especie que está en peligro de extinción y es una especie que encima solo existe en la isla de Gran Canaria”, destaca.

A su juicio, esa condición de endemismo exclusivo convierte cualquier pérdida en especialmente grave, porque no hay poblaciones naturales fuera de la isla que puedan servir de respaldo. 

Principales amenazas

A la escasez de ejemplares se suman además varias amenazas que siguen presionando a la especie. De León recuerda que el drago de Gran Canaria apenas logra resistir a procesos como la destrucción de su hábitat, la sequía, los incendios y la acción de herbívoros asilvestrados, especialmente cabras y conejos.

Estos animales, explica, afectan sobre todo a los ejemplares que se encuentran en riscos y laderas, donde muchas veces crecen en condiciones ya de por sí difíciles. Todo ello dibuja un escenario en el que la conservación activa deja de ser una opción para convertirse en una necesidad urgente.

Dragos en el Jardín Botánico Viera y Clavijo / CABILDO DE GRAN CANARIA

La clave del plan

Entre las medidas que más valora el divulgador del plan impulsado por el Gobierno de Canarias resalta la recogida de semillas para crear un banco de germoplasma, una especie de reserva genética que permita conservar material de las distintas poblaciones de drago de Gran Canaria. Es decir, guardar semillas identificadas según su lugar de procedencia. 

Para De León, ese es precisamente uno de los grandes aciertos del plan. “Tiene buena pinta, creo que es exactamente lo que hay que hacer para esta especie”, afirma. En su opinión, el enfoque es el correcto porque no se limita a criar nuevos dragos, sino que crea un “backup” o refuerzo real para garantizar su conservación futura.

En esa línea, el plan contempla también la introducción de nuevos ejemplares en los próximos años: refuerzo de al menos 240 nuevos ejemplares en los núcleos existente y la creación de cuatro nuevos núcleos con un mínimo de 15 individuos cada uno. 

El precedente de otros dragos

El biólogo, en este sentido, pone sobre la mesa otro aspectos importante, como es la vulnerabilidad general de los dragos ante distintos factores ambientales y estructurales. Recuerda así el caso del drago de San Francisco, en Los Realejos, cuya caída despertó mucha preocupación.

A su juicio, este tipo de episodios suelen responder a causas multifactoriales, como el desequilibrio por el crecimiento de la copa, el efecto del viento, el reblandecimiento del suelo tras las lluvias y, en entornos urbanos, de la falta de espacio para que las raíces puedan expandirse y fijar bien el árbol al terreno.

Y a eso se suma otro problema bastante habitual en esta especie: los hongos favorecidos por la humedad, como le ocurrió al drago de Icod de Los Vinos al tener un rosal al lado. Ejemplos que demuestran la necesidad de entender bien qué condiciones necesita para sobrevivir y crecer con estabilidad.

Qué puede hacer la ciudadanía

Más allá de la actuación institucional, el biólogo cree que la ciudadanía también puede contribuir a la conservación de la flora canaria. Una de las formas de hacerlo pasa por apostar por plantas autóctonas en jardines, huertas y espacios verdes, favoreciendo así la presencia de especies propias del archipiélago en el día a día.

La idea, explica, no es solo estética. También puede ayudar a crear pequeños corredores ecológicos dentro de pueblos y ciudades, facilitando la presencia de polinizadores, aves, lagartos y otras especies ligadas al medio natural canario. En definitiva, una manera de acercar la conservación a la vida cotidiana.