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Sociedad

La Tahonilla acoge el esqueleto de un calderón varado en 2019 en Las Teresitas

Este calderón fue reconstruido por el biólogo marino Manuel Carrillo, uno de los investigadores con más conocimientos sobre cetáceos del Archipiélago

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Esqueleto del calderón instalado en La Tahonilla. / CABILDO DE TENERIFE

El Cabildo de Tenerife comunicaba este sábado que el centro de Recuperación de Fauna Silvestre La Tahonilla acogerá a partir de ahora el esqueleto de un calderón tropical varado en la playa de Las Teresitas en junio de 2019. 

Según informa la institución, este calderón fue reconstruido por el biólogo marino Manuel Carrillo, que falleció en 2021 a los 64 años, uno de los investigadores con más conocimientos sobre cetáceos del Archipiélago y artífice entre otros proyectos de la senda de los Cetáceos en Fuerteventura.

Características de los calderones 

Los calderones tropicales pueden avistarse en Canarias todo el año, y es el cetáceo más común de las Islas. Se puede identificar por su cabeza redondeada y una aleta dorsal que está curvada en la mitad anterior de su cuerpo. 

Tenerife y La Gomera son las islas donde principalmente pueden avistarse estos cetáceos. Según recoge el comunicado, las hembras miden aproximadamente entre 3 y 4 metros y pueden pesar unos 800 kilogramos y los machos superan los cinco metros y pueden pesar hasta 1.500 kilogramos.

Otros esqueletos similares 

En cuanto a la figura del biólogo, y como explican desde el Cabildo, Carillo mantuvo una gran vinculación con el Centro La Tahonilla desde los inicios de la década de los 90. Participó desde 1991 hasta la actualidad en la Red Canaria de Cetáceos Varados. Entre su trabajo más destacado, en 2003 se monta el Rorcual de las Salinas del Carmen, el primer elemento de lo que posteriormente sería la Senda de los cetáceos de Fuerteventura.

También fue el responsable de los montajes de esqueletos de ballenas que hoy podemos ver en Los Silos, Tenerife, y en el Charco de San Ginés, en Lanzarote, así como de la Ballena de Llanca, un rorcual común que varó en las costas catalanas hace más de 150 años y que hoy se expone suspendido del techo del Blau, el nuevo edificio del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona.

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