En las profundidades del océano existen criaturas que parecen sacadas de otro tiempo, animales que rara vez se dejan ver y cuya sola presencia desafía lo que creemos saber sobre la vida marina. Durante décadas, uno de esos seres ha sido casi una leyenda científica, citado en estudios, dibujado en manuales y fotografiado casi siempre sin vida. En Canarias, hasta hace muy poco, su existencia era solo una posibilidad remota.
Ese escenario cambió en la primavera de 2024, cuando las aguas profundas del archipiélago ofrecieron una escena inédita para la ciencia marina. Un encuentro fortuito abrió una nueva página en el conocimiento de los ecosistemas abisales que rodean a las islas y confirmó que todavía hay mucho por descubrir bajo la superficie.
Un hallazgo histórico
El 4 de mayo de 2024, un equipo de investigadores de la Universidad de La Laguna (ULL) logró documentar por primera vez un tiburón duende vivo en aguas de Canarias. Se trata de un acontecimiento excepcional si se tiene en cuenta que esta especie ha sido descrita en menos de 250 ocasiones en todo el mundo desde finales del siglo XIX.
El avistamiento se produjo de forma accidental, durante una jornada de pesca recreativa frente a la costa de Gran Canaria, concretamente en la zona de San Cristóbal, a unos 900 metros de profundidad. El ejemplar, de aproximadamente 2,5 metros de longitud, fue grabado y fotografiado antes de ser devuelto al mar con vida, un detalle clave que convierte este registro en un hito científico.
Una especie casi fantasma
El tiburón duende, conocido científicamente como Mitsukurina owstoni, es considerado un auténtico “fósil viviente”. Su aspecto lo hace inconfundible: un hocico largo y aplanado, una piel flácida de tonos rosados, ojos diminutos y una mandíbula capaz de proyectarse hacia adelante de forma brusca para capturar a sus presas.
Las imágenes obtenidas en Canarias permitieron confirmar su identidad gracias a varios rasgos únicos: mandíbulas retráctiles llenas de dientes afilados, aletas dorsales redondeadas y la ausencia de membrana nictitante en los ojos. Además, la falta de órganos copuladores visibles apunta a que podría tratarse de una hembra, un dato relevante en una especie de la que apenas se conocen detalles reproductivos.
Un refugio marino en Canarias
El registro no solo supone la primera observación viva confirmada en el archipiélago, sino que es apenas la segunda en toda la región macaronésica. El hallazgo ha sido publicado en la revista científica Thalassas, subrayando la importancia de las aguas profundas canarias como refugios naturales para especies extremadamente raras.
Uno de los factores clave que explican esta presencia es la prohibición de la pesca de arrastre en Canarias desde los años 80, junto con una presión pesquera limitada sobre tiburones de profundidad. Esta combinación ha permitido conservar ecosistemas marinos prácticamente intactos, donde especies poco comunes encuentran condiciones favorables para sobrevivir.
Distribución y misterios
Aunque el tiburón duende tiene una distribución global, su presencia es discontinua. Habita en aguas tropicales y templadas de todos los océanos, normalmente entre los 250 y los 1.500 metros de profundidad. En el Atlántico nororiental se han documentado ejemplares en Galicia, Madeira, Marruecos y Portugal, pero nunca antes en Canarias.
La aparición en Gran Canaria amplía de forma significativa el rango conocido de la especie y plantea nuevas preguntas sobre sus rutas migratorias, su comportamiento y sus posibles zonas de reproducción. Cada nuevo registro aporta pistas, pero también abre incógnitas difíciles de resolver debido a lo inaccesible de su hábitat.
Tamaño y comportamiento
Desde el punto de vista ecológico, este hallazgo refuerza una hipótesis que ya se había observado en otros puntos del Atlántico: la segregación por edad y tamaño. En la vertiente oriental, como Canarias, suelen aparecer ejemplares juveniles o subadultos, mientras que en el Atlántico occidental se han encontrado individuos adultos que superan los 3 metros de longitud.
El tiburón duende puede llegar a alcanzar hasta 6 metros y un peso superior a los 700 kilos, aunque lo habitual es que ronde los 3 metros. A pesar de su tamaño y de su aspecto intimidante, no representa una amenaza para el ser humano y se considera una especie inofensiva.
Adaptado a la oscuridad
Su peculiar anatomía no es casual. El hocico del tiburón duende está repleto de electrorreceptores, órganos especializados que le permiten detectar los campos eléctricos generados por otros animales. Esta capacidad es esencial para localizar presas en la oscuridad absoluta de las profundidades.
La mandíbula protrusible actúa como un mecanismo de emboscada: se proyecta hacia adelante en fracciones de segundo, atrapando peces y cefalópodos que difícilmente podrían escapar en un entorno donde la velocidad y la sorpresa son claves para sobrevivir.
Reproducción aún desconocida
En cuanto a su ciclo vital, se sabe que el tiburón duende es ovovivíparo, lo que significa que los huevos eclosionan dentro del cuerpo de la madre antes del nacimiento. Sin embargo, los detalles sobre el apareamiento, las zonas de cría y la frecuencia reproductiva siguen siendo un misterio.
La dispersión de los individuos y su presencia en distintas profundidades según la etapa vital han dificultado enormemente el estudio continuo de poblaciones estables. Cada avistamiento, como el registrado en Canarias, es una pieza más de un puzle todavía incompleto.
