Fotografía del 25 de Junio de 2026 de Lloyd y Doris Serigne, descendientes de canarios, posando en Luisiana (Estados Unidos) / EFE - Alejandra Arredondo
Fotografía del 25 de Junio de 2026 de Lloyd y Doris Serigne, descendientes de canarios, posando en Luisiana (Estados Unidos) / EFE - Alejandra Arredondo

Los últimos "isleños": de Canarias a Luisiana en la lucha por la independencia de EE.UU

Los descendientes de colonos canarios buscan preservar su historia, su español heredado y el papel de sus antepasados en la guerra contra los británicos

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EFE - Alejandra Arredondo

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El primer idioma que el estadounidense Lloyd Serigne aprendió fue el español. Era la lengua de sus padres, de sus tíos, de sus vecinos y del mundo que conocía en Delacroix, una pequeña comunidad pesquera entre los bayús del delta del Misisipi, en el sur de Estados Unidos.

Serigne forma parte de los llamados "isleños", descendientes de familias de Canarias que se establecieron en Luisiana a finales del siglo XVIII y conservaron durante más de dos siglos su música, sus tradiciones y su idioma.

Canario al borde de la extinción

Sus padres no fueron a la escuela, "no sabían leer ni escribir y no hablaban inglés". A sus 86 años, Serigne ha visto desaparecer la comunidad que lo rodeaba y cómo el idioma que todavía habla, una variante del español canario conservada durante generaciones, se acerca a la extinción.

Ahora, cuando Estados Unidos conmemora los 250 años de su independencia, la comunidad busca evitar que ese legado caiga en el olvido y que se reconozca la participación de sus antepasados en la lucha contra los británicos.

La Luisiana española

España obtuvo el control de Luisiana en 1762, hacia el final de la Guerra de los Siete Años. A partir de 1778, la Corona envió al territorio entre 2.000 y 3.000 colonos canarios en siete navíos.

Eran, en su mayoría, campesinos empujados por la sequía y la pobreza. España les ofreció tierras, dinero y apoyo para el viaje a cambio de poblar y defender la región.

En la guerra contra Gran Bretaña

Cuando España declaró la guerra a Gran Bretaña en 1779, el gobernador Bernardo de Gálvez reclutó a los recién llegados para sus campañas. Las victorias en Manchac, Baton Rouge y Pensacola expulsaron a los británicos de la costa del Golfo de México y permitieron a las fuerzas estadounidenses concentrarse en el frente norte.

William Hyland, historiador y director del Museo de los Isleños, en la parroquia de San Bernardo, sostiene que Estados Unidos no existiría sin "Carlos III, Bernardo de Gálvez, los canarios, los españoles peninsulares, los africanos esclavizados que lucharon, la gente libre de color y los nativos americanos".

"Todos fueron decisivos", afirma a EFE.

Fotografía del 25 de Junio de 2026 del historiador y director del Museo de los Isleños, William Hyland (i), y el escritor Steven Estopinal, descendientes de colonos canarios, posando frente a una placa conmemorativa dedicada a los isleños en el cementerio de la Parroquia de St. Bernardo, en el área metropolitana estadística de Nueva Orleans-Metairie, en Luisiana (Estados Unidos) / EFE - Alejandra Arredondo
Fotografía del 25 de Junio de 2026 del historiador y director del Museo de los Isleños, William Hyland (i), y el escritor Steven Estopinal, descendientes de colonos canarios, posando frente a una placa conmemorativa dedicada a los isleños en el cementerio de la Parroquia de St. Bernardo, en el área metropolitana estadística de Nueva Orleans-Metairie, en Luisiana (Estados Unidos) / EFE - Alejandra Arredondo

Refugios frente al olvido

Los colonos canarios fundaron asentamientos en varios puntos estratégicos del delta. Con el tiempo, muchas de aquellas familias se concentraron en la Isla Delacroix, donde Serigne nació en 1940.

Aunque no es propiamente una isla, sino una comunidad rodeada de bayús, el lugar dio nombre a sus habitantes. Empezaron a ser conocidos como "isleños" porque la mayoría vivía allí, antes incluso de conocer el origen canario de sus antepasados.

Comunidad de 100.000 descendientes

La Sociedad Cultural Los Isleños calcula que unas 100.000 personas del sur de Luisiana descienden de aquellos colonos. Sin embargo, solo un puñado conserva el idioma, con influencias del francés de Luisiana, el criollo y otras variedades del español.

En 1941, unas 2.000 personas hablaban el dialecto. Para 2020, quedaban poco más de 50, según un estudio de la Universidad Purdue Northwest.

"Casi a nadie con quien hablarlo”

"Ya no tengo casi a nadie con quien hablarlo", lamenta Serigne. "Solo conozco a otras cinco personas; el resto ya se ha muerto".

El declive se aceleró a partir de 1921, cuando Luisiana estableció que las escuelas solo podían enseñar en inglés y los alumnos eran castigados por hablar otros idiomas.

Fotografía del 25 de Junio de 2026 que muestra objetos isleños en Luisiana (Estados Unidos) / EFE - Alejandra Arredondo
Fotografía del 25 de Junio de 2026 que muestra objetos isleños en Luisiana (Estados Unidos) / EFE - Alejandra Arredondo

Recuerdos

La casa de Serigne es un refugio frente al olvido: llena de postales, cuadros, estatuas pequeñas y fotos de sus siete viajes a Canarias. Ya de adulto, gracias a la labor de historiadores y líderes comunitarios de San Bernardo, conectó con el legado de las islas.

Lleva puesta una camisa de la Sociedad de los Isleños, y la sonrisa y la mirada, todavía joviales, sobresalen de su rostro arrugado.

El reencuentro con Canarias

"Ellos (en Canarias) no sabían de nosotros, pero yo les expliqué que era de un pueblito de Estados Unidos donde todos hablamos español", recuerda.

Serigne no es el único "isleño" que ha vivido ese reencuentro. Steven Estopinal, ingeniero jubilado de 80 años con pasión por la historia, recuerda su propia llegada a las islas por primera vez con emoción.

"Fue como si estuviera otra vez en Luisiana, todo el mundo se parecía a mi, fue increíble", dice, con la voz entrecortada.

“Quisiera que supieran de nosotros”

El Museo de Los Isleños, a la sombra de grandes robles de ramas tendidas, los árboles que marcan el paisaje del sur de Luisiana, nació de la necesidad de preservar el legado de la comunidad.

Frank Fernández, uno de sus impulsores, grabó más de 140 entrevistas de historia oral en idioma canario y cada año se celebra la fiesta anual de los isleños, a la que llegan grupos folclóricos de las Islas Canarias.

Dispersión de la comunidad

El huracán Katrina, que en 2005 devastó la comunidad y dispersó a muchas familias que nunca regresaron a San Bernardo, frenó las labores de reconstrucción, que continúan hasta hoy.

Serigne mantiene su español, sobre todo, a través del internet: habla con regularidad por WhatsApp con amigos que hizo en Canarias y que también han venido a visitarlo a Luisiana.

"Yo quisiera que la gente supiera de nosotros, porque cuando yo me muera y los otros se mueran, va a desaparecer", dice Serigne.