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Sociedad

Un vecino de El Polvorín con síndrome de Diógenes pide ayuda: “¿Si hay un incendio por dónde salgo?"

La asociación de vecinos del barrio de Las Palmas de Gran Canaria denuncia la situación de Manuel Aurelio Hernández, que asegura que ha reclamado ayuda a los Servicios Sociales

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Estado de la vivienda de Manuel Aurelio Hernández. / Cedida

Manuel Aurelio Hernández, de 49 años, tiene síndrome de Diógenes desde hace tanto tiempo que no hay registros en su memoria. “No sabría decirte un cálculo exacto”, cuenta en declaraciones a Atlántico Hoy. Este vecino de El Polvorín, en Las Palmas de Gran Canaria, no tiene recursos económicos y asegura que ha acudido en repetidas ocasiones a los Servicios Sociales del Ayuntamiento a contar su situación, pero no ha recibido ninguna ayuda. “No tengo agua, ni luz, ni nada”, relata resignado.

Hernández, conocido por su entorno como Dámaso, asegura que debido a las condiciones en las que se encuentra su vivienda está todo el día en la calle. “Si estoy entre cuatro paredes y un techo me vuelvo loco”, afirma. “Encima la ventana es muy simpática, no te puedes ni alongar porque tiene unas láminas. ¿Si hay un incendio por dónde salgo?”, se pregunta. Añade que a veces se desplaza hasta un supermercado en la plaza Don Benito para pedir algo de comida.

Estado de la vivienda de Manuel Aurelio Hernández. / Cedida

Una situación dolorosa

El caso de Hernández se conoció hace unos dos meses, momento en el que le abrieron la puerta y vieron lo que estaba ocurriendo. Desde entonces, Estrella Castillo, presidenta de la asociación de vecinos de El Polvorín se ha puesto en contacto con el Ayuntamiento, los Servicios Sociales, la UME y la concejala de Distrito Ciudad-Alta. “Este es un problema que debería ser prioritario”, considera Castillo. Pero dice que el Consistorio no les da ninguna respuesta.

La presidenta de la asociación de vecinos asegura que ha llevado el caso a las juntas de distrito. “Mi propósito es llevarlo a la Junta de Distritos porque eso queda grabado, pero el fin es nada. Porque si hubiera un fin la preocupación estaría en ese momento. Lo doloroso es que no se preste atención a personas como esta que está en una situación de vulnerabilidad”, resalta Castillo.

Estado de la vivienda de Manuel Aurelio Hernández. / Cedida

"He trabajado bastante"

Para salir de este problema, Hernández necesita dinero. Indica que ha ido pidiendo ayudas, pero se las han negado. “Trabajo no me dan porque tengo tres clavos en la meseta tibial y no puedo coger peso. Si me mandaran a coger dos garrafas de agua me caería al suelo”, dice mientras señala su muleta. Aunque, más allá del tema económico, tiene muy claro qué es lo que le urge más: “Más que sea el agua, que es la base de la vida”.

En el pasado se dedicó a diferentes oficios como la vigilancia, la construcción, la electricidad o la pintura. “Quiero arreglar el tema de la minusvalía para que me den una ayuda que para eso bastante trabajé y coticé”, manifiesta.

El vecino de El Polvorín ha pasado dos veces por prisión. En una de esas ocasiones, estaba en medio de un proceso para solicitar la ayuda por minusvalía y cuando iba a entregar los papeles le decían que faltaba uno y no entendía cuál. “Tenía que esperar nueve meses por el Tribunal Médico. Pero como caí preso, por boberías, por no tener dinero, decidí no arreglar más los papeles”, explica.

Estado de la vivienda de Manuel Aurelio Hernández. / Cedida

"Está uno quemado"

Hernández vive solo y no tiene a alguien que le eche una mano en su día a día. “Amigo ni el bolsillo. Lo único es que mi hermana de vez en cuando viene”, sostiene. Hace un tiempo los Servicios Sociales fueron a su casa para ver lo que estaba pasando. “Me dieron un papel en blanco para que firmara”, asegura. Aunque su experiencia con esta área del Ayuntamiento no ha sido muy buena.

“He ido a Asuntos Sociales y te despachan lo más rápido posible, parece que no tienen ganas de trabajar. Los políticos se acuerdan de uno cuando vienen las votaciones. Conmigo que no cuenten para votar”, sentencia.

Estado de la vivienda de Manuel Aurelio Hernández. / Cedida

Hernández no pierde la esperanza porque dice que eso es lo último que se pierde, pero reconoce que está cansado. “Está uno quemado y desconfío de la política y de ciertas personas. A veces me duele hasta el estómago de escuchar boberías”, culmina.