El programa Oblatas Daniela, un proyecto canario que acompaña, escucha y ayuda a mujeres en situación de explotación sexual, ha llevado a cabo esta semana las jornadas Cuando las señales hablan.
La iniciativa, financiada por el Gobierno de Canarias, tiene el objetivo de formar al personal que trabaja con menores para detectar indicios que permitan identificar que están siendo víctimas de trata infantil.
Las jornadas
Las jornadas han tenido lugar en Gran Canaria, Tenerife y Lanzarote, donde también se ha hablado de las estrategias de captación, indicadores de riesgo y las herramientas que favorezcan la prevención.
Este martes, durante una rueda de prensa junto al viceconsejero de Bienestar Social, Francis Candil, se puso sobre la mesa que hay menores en páginas pornográficas e incluso en prostíbulos. Una realidad que se da entre la población local y migrante.
Yanira Santana, coordinadora del programa Oblatas Daniela, concede una entrevista a Atlántico Hoy en la que aborda las claves para detectar posibles casos de trata infantil y las dificultades con las que se encuentran las autoridades.
[Pregunta] Es difícil pensar una primera pregunta para una entrevista así, porque cuando te cuentan que hay menores en prostíbulos y en páginas pornográficas solo piensas: ¿por qué? ¿Qué está pasando en Canarias?
[Respuesta] Lo que nosotras proponemos, como análisis social, es preguntarnos cuál es la demanda. Si esta realidad se da tanto en prostíbulos como en la venta de muñecas sexuales con apariencia infantil y otro tipo de cuestiones, ¿cuál es el problema? La demanda.
Ponerle remedio desde su origen.
Si estas cosas se están ofertando, es porque hay una demanda. Ahí tenemos que hablar de un cuestionamiento social y de qué trabajo tenemos que hacer para abordar esta realidad e intentar eliminarla.
¿Qué se han encontrado y qué es lo más preocupante de esta realidad?
Nosotras trabajamos con el testimonio de las mujeres adultas que atendemos en Oblatas Canarias. Ellas nos cuentan que llevan en contextos de explotación sexual desde temprana edad. Algunas desde los 13 años, otras desde los 16 e incluso antes. Cuando llegan a nuestros servicios, además del daño que han sufrido, está toda la revictimización acumulada durante años en estas circunstancias. Es bastante difícil de abordar.
Es un problema muy complejo a todos los niveles: integración social, integración laboral y reparación psicológica. Es fruto de todo lo que viven en contextos de explotación sexual desde una edad temprana. Entre estos testimonios también hay mujeres que han estado en el sistema de protección y que han sido institucionalizadas.
¿Tienen constancia de que actualmente haya menores en prostíbulos?
El problema es que no están visibles. Esta realidad puede salir a la luz porque un menor se lo cuenta a un educador de un centro, a un tutor o a una tutora. Cuando nosotras hacemos prospección o trabajo de calle, que consiste en acudir a los pisos donde están las mujeres, a los prostíbulos y a otros lugares, no vemos menores.
¿Qué deberían hacer si tuvieran conocimiento de ello?
Si fuera así, tendríamos el deber cualificado de comunicarlo. Sin embargo, no están visibles, aunque sus testimonios lo reflejan y también se evidencia en el daño que percibimos. Además, está el problema de la deslocalización de la prostitución, especialmente desde la pandemia de la covid-19.
¿Ha habido un cambio de tendencia?
Antes estaba más concentrada en pisos de prostitución o en prostíbulos, pero ahora se ejerce en pisos normales: en el edificio donde vivo yo, donde vive mi vecino o mi abuela, en un barrio de alta sociedad o en una barriada. La prostitución está en cualquier lugar y también entran en juego los alojamientos de Airbnb como espacios donde se ejerce.
¿Han detectado que se ejerce prostitución en pisos turísticos?
Sí. Además, en Canarias hay mucho turismo sexual y esa es una realidad con la que convivimos. En toda la zona sur, en apartamentos se da muchísimo, y también en viviendas vacacionales.
¿Por qué cree que la explotación sexual infantil sigue siendo una realidad oculta en Canarias? ¿Ha sido un tema tabú o ha faltado interés por parte de las administraciones para hacer más?
La prostitución es alegal en España, pero lo que sí constituye un delito es la explotación sexual infantil. Aquí hay una línea muy fina.
¿A qué se refiere?
Con la normativa relacionada con la Ley del solo sí es sí hubo una caída de todas las redes y páginas web donde se publicitaban servicios de prostitución. Esto hizo que empezaran a moverse a otros lugares para poder ejercer. Además, se ha producido un cambio hacia la digitalización que ha permitido una mayor movilidad.
También hay más movilidad entre islas. Las mujeres hacen plazas mucho más cortas y se van moviendo entre las diferentes islas del archipiélago. Por eso, establecer una vinculación y hacer un seguimiento de la realidad de los contextos de explotación sexual en Canarias es cada vez más difícil para las entidades especializadas y, por supuesto, para las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado a la hora de investigar posibles delitos de trata o explotación sexual infantil.
¿Cómo se detectan estos casos? Debe ser complicado pillar a quienes cometen delitos así y más aún que las chicas hablen porque sentirán miedo
En estos casos, lo más importante es que pueda establecerse un vínculo de confianza que permita al menor contar lo que está experimentando para poder ofrecer después una respuesta de protección y actuación.
¿Qué situaciones impiden detectar casos de trata infantil?
Por desgracia, a veces se produce una normalización. Hablamos de menores que pueden tener antecedentes de abusos sexuales durante la infancia, familias desestructuradas y otras circunstancias. Al final, terminan normalizando diferentes prácticas. Si normalizas el ejercicio de la violencia contra ti o los abusos sexuales, no lo identificas como algo negativo, no lo cuentas y no pides ayuda.
Esto supone un hándicap para la intervención. Incluso cuando hay una redada o una actuación policial y se saca a menores de estos lugares, muchas veces terminan volviendo al mismo circuito, bien porque es la única alternativa que tienen para conseguir algún ingreso económico o porque necesitan cubrir otras carencias, que pueden ser afectivas, económicas o de otro tipo.
Durante la presentación del proyecto, el viceconsejero de Bienestar Social, Francis Candil, apuntó que estas situaciones pueden darse incluso con los propios familiares. ¿Qué dicen las estadísticas?
Las estadísticas nos dicen que, mayoritariamente, en torno al 46% de los casos se producen en el entorno próximo de los menores. Puede ser tanto el ámbito familiar como el entorno extenso, incluidos familiares de segundo o tercer grado y el entorno educativo.
¿Qué papel desempeñan las redes sociales en todo esto?
Las redes sociales son actualmente la principal vía de captación. Es muy fácil captar a menores a través de ellas, tanto por su disponibilidad como porque prácticamente todos tienen hoy en día, desde muy pequeños, un teléfono inteligente o una tablet con acceso a internet.
Además, es muy fácil porque un pederasta puede utilizar un solo teléfono móvil para contactar simultáneamente con diferentes menores, con un coste económico reducido y sin necesidad de desplazarse. Incluso puede hacerlo contactando con menores de otros países.
¿Qué redes sociales son las que más hay que tener en el punto de mira?
Los estudios también nos dicen que algunas de las plataformas de mayor captación son Facebook, con un 58%, seguida de Instagram. También está TikTok. Evidentemente, el ámbito académico y de investigación nos está diciendo que existe un problema con el acceso de los menores a las redes sociales y, en general, a las plataformas de internet.
¿En qué señales deben fijarse los profesionales que trabajan con menores para detectar posibles situaciones de explotación sexual?
Está claro que no podemos estar vigilando u observando las 24 horas del día, los siete días de la semana, pero sí es importante que haya una predisposición a la escucha, disponibilidad de tiempo y apertura. Hay que generar vínculos de confianza y espacios seguros donde los menores puedan contar algo que les preocupa.
Sobre todo, es importante trabajar en la prevención y proporcionar herramientas a los menores mediante la educación afectivo-sexual, para que puedan prevenir e identificar estas circunstancias de explotación.
En definitiva, estar pendientes a los pequeños detalles.
También destacaría la observación. Los profesionales pasan muchas horas con los menores y es importante detectar cualquier cambio, ya sea actitudinal o relacionado con la tenencia de pertenencias de lujo. También hay que prestar atención a una mayor inhibición, problemas psicológicos o emocionales, aprensión o evitación. Cualquier indicio puede ser objeto de estudio en este contexto. En los centros de menores también hay que prestar atención a las fugas y desapariciones.
¿Cuál es la realidad en los centros de migrantes? Porque allí, entre tener a la familia lejos, la barrera del idioma y la vulnerabilidad, debe ser un foco de trata infantil.
Efectivamente, se suman muchos factores de vulnerabilidad que hacen que sean susceptibles de ser captadas. Por eso, hay que prestarles una mayor atención.
¿Cuál es el problema? Que a veces nos pilla con el pie cambiado. Puede que en ese momento no tengamos prevista la llegada de una embarcación, como ha ocurrido ahora en El Hierro con tantos menores, y no tengamos dispositivos preparados, profesionales capacitados ni las herramientas necesarias para ofrecer esa primera intervención.
¿Qué papel juega esa primera intervención?
Es la más importante. Cuando se produce una llegada, tiene que haber una buena acogida y un buen plan de acompañamiento. Hay que empezar a generar vínculos de confianza para que, si realmente el traslado de ese menor se ha producido con fines de explotación sexual o de otro tipo, se pueda detener esa cadena.
Sabemos que Canarias no deja de ser una escala y que el destino final muchas veces está en la Península o incluso en otros países, como Alemania o Francia. Poder realizar esa primera intervención temprana en el momento de la llegada va a ser primordial para romper esa cadena y evitar que finalmente terminen siendo explotados en otro lugar.
¿La explotación sexual infantil afecta principalmente a niñas o también se produce con niños?
También pasa con chicos. En la trata, la finalidad que estadísticamente tiene mayor representación es la explotación sexual, y existe un sesgo de género. En esa trata con fines de explotación sexual mayoritariamente se da, en un 98%, en niños y en niñas. Son las cifras publicadas por el Ministerio del Interior del Balance estadístico 2021-2025 sobre Trata y explotación de seres humanos en España, elaborado por el Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO).
Está claro, al menos en los casos que se han identificado formalmente, que hay un sesgo de género. No podemos olvidar que estos son los que se han llegado a identificar, hay muchísimas más que ni siquiera llegan a conocerse.
Es decir, ¿ocurre con los dos géneros?
Tenemos constancia de que también ocurre con chicos y varones, pero es verdad que hay una mayor representatividad del género femenino.
¿Qué es lo más duro de trabajar mano a mano con esta realidad y desarrollar un proyecto como este?
Realmente, lo más complicado es no llegar a tiempo. Lo más complicado es cuando ya es tarde, cuando una persona ha desaparecido y, con el tiempo, te enteras, bien porque regresa pidiendo ayuda o porque alguna amiga o algún familiar te cuenta que ha cruzado la frontera, que está en otro país y que está siendo explotada sexualmente en cualquier lugar y en condiciones terribles.
Lo más duro es saber que puedes tener las herramientas, que podrías hacer algo y que no has llegado a tiempo.
¿Qué pueden hacer las administraciones, desde el Gobierno de Canarias hasta los cabildos y ayuntamientos, para frenar la explotación sexual infantil?
La clave está en la formación. Al final, estos menores, por una vía o por otra, van a estar en contacto con diferentes administraciones, como el ámbito educativo o el sanitario. Si no hay personal capacitado en primera línea de intervención que pueda detectar cualquier indicio de explotación infantil, los casos van a seguir perpetuándose.
Para nosotras, lo primordial sería invertir en formación y, sobre todo, en supervisión. De nada sirve hacer una formación anual si no hay supervisión, seguimiento o continuidad en los planes de capacitación de los profesionales.
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