Quien camina a diario por la plaza de España sabe que no hace falta girar la muñeca ni mirar el móvil para saber en qué momento del día se está, ya que basta con levantar la vista hacia la torre del Palacio Insular y dejarse guiar por su reloj.
El reloj de la plaza de España -como más se le conoce-, no es solo una maquinaria que marca las horas, sino que está enclavado en el paisaje sentimental de Santa Cruz, testigo de manifestaciones, cabalgatas, concentraciones y el día a día de los que transitan la ciudad.
Teniendo esto en cuenta no es de extrañar que la corporación insular cuide de todos los elementos que forman parte del reloj, desde la maquinaria hasta aquellos pequeños engranajes invisibles que permiten que las agujas sigan avanzando con puntualidad.
Que el tiempo no se pare
Por lo que significa para la ciudad y para el propio edificio cabildicio, la institución insular ha sacado a licitación un contrato de servicios específicamente orientado al mantenimiento y reparación del mencionado reloj. El valor estimado del contrato asciende a 146.982 euros, con un presupuesto base de licitación de 87.616,95 euros, impuestos incluidos, para un plazo inicial de ejecución de un año.
El contrato prevé, además, la posibilidad de dos prórrogas, que serían obligatorias para la empresa adjudicataria siempre que el Cabildo las anuncie con al menos dos meses de antelación al vencimiento del plazo. De este modo, la institución garantiza que, si el servicio es satisfactorio, el reloj podrá contar con un seguimiento estable durante varios años sin interrupciones.
Procedimiento
El expediente se tramita mediante procedimiento abierto, con tramitación ordinaria, y las empresas interesadas deberán presentar sus ofertas de forma electrónica hasta el 23 de junio.
El objeto del contrato hace referencia al “Servicio de mantenimiento de todos los elementos que conforman el Reloj de la Torre del Palacio Insular del Cabildo Insular de Tenerife”.
En cualquier caso, el Cabildo pretende que el mantenimiento del reloj no recaiga simplemente en una oferta económica, sino en aquella que demuestre trayectoria y garantías, y que al mismo tiempo asuma obligaciones sociales y ambientales concretas. De esta forma, la licitación se alinea con la estrategia de contratación verde y contratación social reseñada en el propio pliego.
