El relato de estas semanas previas a la visita del papa León XIV a Tenerife se escribe, en buena medida, entre los muros silenciosos de los conventos.
Mientras la agenda oficial se llena de protocolos y dispositivos de seguridad, son las manos de las monjas las que dan forma a algunos de los gestos más visibles -y más discretos-, de la histórica jornada del 12 de junio
Las Clarisas de La Laguna
En el convento de las Clarisas de La Laguna, el tiempo se ha medido estos días en puntadas, oraciones y el firme propósito de concluir sus tareas. Por un lado, las religiosas confeccionan un repostero (tapiz ornamental) que lucirá en el balcón del Obispado, con el escudo del Papa, y también han asumido la elaboración de un mantel de lino para la mesa del altar en la Eucaristía que presidirá León XIV en Santa Cruz.
Otro reto mantiene al obrador del convento a pleno rendimiento. Las Clarisas han reorganizado horarios y tareas para llegar a tiempo a las más de 30.000 hostias que se convertirán en el Cuerpo de Cristo durante la misa multitudinaria prevista en el puerto capitalino. El trabajo se hace casi a contrarreloj, pero sin perder la cadencia propia de la vida contemplativa, esa donde cada gesto se entiende como un servicio silencioso.
Garachico: banderitas hechas a mano
En el norte de la isla, la comunidad de Monjas Concepcionistas Franciscanas de Garachico ha sumado también su quehacer a la preparación de la visita. Desde el convento, y en coordinación con la parroquia Matriz de Santa Ana, elaboran las banderitas que anunciarán la acogida al Pontífice en nuestro páís y, de manera particular, en la Diócesis Nivariense. Son pequeñas piezas de tela, cintas de color blanco y amarillo que, una vez colocadas en balcones y vehículos, convertirán las calles en un tapiz de bienvenida.
Las banderitas artesanales de las monjas no se quedan en el ámbito parroquial. Quienes deseen llevar una en el coche pueden solicitarla directamente en la propia parroquia de Santa Ana, un gesto que acerca la preparación de la visita al día a día del vecindario de Garachico. Así, el anuncio del Papa se teje también desde las manos de las monjas y la implicación de los fieles, más allá de los grandes escenarios.
Una misa multitudinaria
La visita del papa León XIV a España se desarrollará entre el 6 y el 12 de junio de 2026, con paradas confirmadas en varias diócesis del país. Canarias ocupa un lugar singular en esta agenda: el 11 de junio se concentrarán los actos en Gran Canaria y el 12 de junio Tenerife será el escenario de la jornada final, con una misa multitudinaria en el puerto tinerfeño de Santa Cruz que pondrá cierre al viaje apostólico.
Para esa celebración, la diócesis prevé la participación de miles de fieles y ha movilizado a más de trescientos ministros extraordinarios de la comunión, que durante estas semanas reciben formación específica para su servicio litúrgico durante la misa papal. Su papel será clave para distribuir la Eucaristía en un acto que se anuncia masivo y que exige una organización milimétrica.
Las monjas, en primera línea de lo invisible
Mientras se ultiman acuerdos con las autoridades civiles y se afinan detalles de protocolo, la aportación de las comunidades de monjas de Tenerife recuerda que la visita del sucesor de Pedro no se construye solo desde los despachos.
El repostero con el escudo pontificio, el mantel de lino del altar, las 30.000 hostias elaboradas en el obrador y las banderitas que ondearán son, al mismo tiempo, símbolos y tareas concretas, en las que se resume la presencia de quienes viven detrás de los muros conventuales, pero se saben parte de una iglesia que se prepara para una gran visita.
