El buque Alraigo transportando el caza Harrier británico a Santa Cruz de Tenerife / REDES
El buque Alraigo transportando el caza Harrier británico a Santa Cruz de Tenerife / REDES

El día que un avión de guerra aterrizó sobre un buque rumbo a Canarias: ¿qué fue del Alraigo?

Un caza británico aterrizó de emergencia sobre un carguero con destino a Tenerife en 1983 | Así fue el insólito suceso del buque Alraigo y su misterioso final

Irene Cartaya / Álvaro Oliver

Actualizada:

Durante décadas, Canarias ha sido punto de paso, refugio y destino final de historias marítimas difíciles de creer. Algunas se cuentan en voz baja entre marineros y otras quedan enterradas en hemerotecas. Una de las más insólitas ocurrió en 1983, cuando un avión de combate británico aterrizó, literalmente, sobre un buque mercante civil que navegaba hacia Santa Cruz de Tenerife.

No fue una maniobra planificada ni un ejercicio naval. Fue una decisión desesperada en mitad del océano que convirtió a un carguero español en protagonista de un episodio único en la historia de la navegación. Un barco cargado de mercancía y rutina se convirtió en improvisada pista de aterrizaje y un avión de guerra, en náufrago del cielo.

Una noche en el Atlántico

La noche del 6 de junio de 1983, el buque Alraigo navegaba a unas 120 millas náuticas al suroeste de Oporto, con rumbo a Santa Cruz de Tenerife. Había partido de Vizcaya con mercancía destinada a Canarias y, posteriormente, a Marruecos. Todo transcurría con normalidad hasta que, alrededor de las 23:00 horas, la tripulación escuchó un estruendo sobre sus cabezas.

Un Harrier Sea de la marina británica sobrevolaba el carguero con insistencia. El piloto necesitaba aterrizar de inmediato: su avión tenía menos de un minuto de autonomía. El Alraigo era el único punto posible en un Atlántico completamente oscuro.

Aterrizaje imposible

El Harrier, capaz de despegar y aterrizar en vertical, descendió con extrema precisión sobre la cubierta del buque. El piloto, Ian Watson, subteniente de la Royal Navy, había participado en maniobras de la OTAN y volaba con los sistemas de comunicación apagados como parte de un ejercicio simulado, según narró el periódico ABC en aquella época. Se desorientó, perdió contacto con su portaaviones y se quedó sin combustible.

La escena fue tan surrealista que muchos la compararon después con episodios de ciencia ficción. Un avión de guerra, armado y procedente del conflicto de las Malvinas, posado sobre contenedores civiles en mitad del océano.

Riesgo real

El aterrizaje no estuvo exento de peligro. El peso del caza alteró el centro de gravedad del buque, obligando a la tripulación a asegurar la aeronave de inmediato. Durante la maniobra, un misil llegó a desprenderse sobre la cubierta, aumentando el riesgo de una tragedia.

El capitán del Alraigo, Aitor Suso Linaza, tomó entonces una decisión clave: continuar rumbo a Tenerife, ignorando las exigencias británicas de dirigirse a Gibraltar para entregar el avión. La mercancía debía llegar a Canarias y no asumiría retrasos por un error ajeno.

El Harrier aterrizó sobre una furgoneta Mercedes Benz que estaba siendo transportada en el Alraigo / REDES
El Harrier aterrizó sobre una furgoneta Mercedes Benz que estaba siendo transportada en el Alraigo / REDES

Tenerife, destino final

El buque llegó finalmente a Santa Cruz de Tenerife con el Harrier a bordo. Allí comenzó un tenso pulso diplomático entre la administración española y el Gobierno británico. Se discutieron responsabilidades, daños materiales y, sobre todo, el riesgo extremo al que se había sometido a la tripulación.

El resultado fue una indemnización de más de tres millones de pesetas para cada marinero —unos 18.000 euros actuales—. El avión fue devuelto posteriormente al Reino Unido.

El final del avión

El destino del caza es conocido. Tras su retirada, pasó a formar parte de una colección museística y hoy puede visitarse en el Newark Air Museum, en Inglaterra. Allí descansa como pieza histórica de una maniobra irrepetible.

Pero la otra mitad de la historia —el buque— es mucho más difusa.

¿Qué fue del Alraigo?

Construido en 1977 en los astilleros de Naval Gijón, el Alraigo tenía 93 metros de eslora y una potente grúa que, irónicamente, sirvió de referencia visual al Harrier para aterrizar. Tras los años 80, el barco inició una larga cadena de cambios de nombre, propietarios y banderas: maltés, chipriota, ucraniano, georgiano y moldavo.

En los años 90 pasó a llamarse Cotinsa Catalunya y más tarde Golden Fox. Según testimonios de marinos mercantes, incluso habría navegado bajo control de estructuras del bloque soviético.

Una desaparición sin naufragio

En 2010, el Golden Fox —su último nombre conocido— fue visto por última vez en el mar Egeo. Su estado actual figura como “decomisado o perdido” en plataformas de seguimiento marítimo. No existen registros de naufragio ni llamadas de socorro, lo que descarta un hundimiento.

La explicación más plausible apunta a su desguace

El cementerio de barcos

El último destino registrado del buque coincide con Aliaga, en la costa turca. Aliaga es uno de los mayores astilleros de desmantelamiento naval del mundo, conocido por recibir cargueros, contenedores y, más recientemente, grandes cruceros.

Allí, barcos occidentales llegan con nombres recién cambiados y desaparecen de los registros oficiales en cuestión de meses, convertidos en chatarra tras encallar deliberadamente en la costa.

Canarias, eje de la historia

El Alraigo desapareció sin titulares aún siendo el protagonista de una de las maniobras más improbables del siglo XX. Canarias, por su parte, fue el destino de una gran historia que enfrentó la decisión de un piloto y un capitán en un pulso diplomático.

Hoy, el avión se exhibe en un museo. El barco, probablemente, ya no existe. Pero durante unas horas, en mitad del Atlántico, un carguero con destino a Tenerife fue el único aeropuerto posible del mundo.