En Taganana, cuando cae la noche, hay casas que ya no encienden la luz. Luján González, presidente de la Asociación de Vecinos de esta localidad tinerferña y alcalde honorario de Anaga, lo resumía el pasado mes de agosto a Atlántico Hoy con una imagen que conoce bien: antes, al pasar frente a una vivienda, siempre había un vecino al que saludar; ahora, muchas veces, no hay nadie.
Es la otra cara de una isla que, según los datos oficiales, no ha dejado de crecer en las últimas dos décadas. Mientras el sur turístico bate récords de población, los municipios del interior y el norte de Tenerife llevan veinte años perdiendo vecinos de forma sostenida.
Solo en la comarca de Isla Baja (Los Silos, Garachico, Buenavista del Norte y El Tanque) la población ha caído en 2.480 personas entre 2004 y 2025, según los datos del Instituto Canario de Estadística (ISTAC). Detrás de esa cifra hay un patrón que se repite en cada pueblo: casas heredadas que nadie ocupa, campos sin relevo generacional y, cada vez con más frecuencia, viviendas que se venden a compradores extranjeros que solo pasan allí unas semanas al año.
Esta es la contradicción que González ya resumía así: "Nosotros tenemos esa paradoja de que nos estamos despoblando", mientras la isla "se está masificando en cuanto a población".
Una luz que ya no enciende
Luján lleva años al frente de la Asociación de Vecinos Voz del Valle y, desde este año, ostenta también el cargo honorífico de alcalde del núcleo. Según los datos abiertos del Gobierno de Canarias, hay actualmente 26 viviendas vacacionales registradas en el pueblo, una cifra que los vecinos, asegura, perciben perfectamente: "sabemos de quiénes son, y algunas las han comprado extranjeros".
El patrón que describe Luján en Taganana no es exclusivo del pueblo: según el ISTAC, entre el 12% y el 17,5% de la población de los cuatro municipios de Isla Baja nació fuera de España, con Alemania e Italia entre las nacionalidades más presentes en Garachico y Buenavista del Norte.
Su diagnóstico no era una condena al turismo, sino a la falta de alternativas para los jóvenes del pueblo. "No hay facilidad para adquirir viviendas por parte de gente joven que quiera quedarse en el pueblo", explicaba, porque quien vende "quiere vender bien" y quien llega de fuera "tiene más dinero" para pagarlo.
El resultado, decía, es que los jóvenes de Taganana terminan comprando en la periferia de Santa Cruz, mientras las casas del pueblo se convierten en alquiler vacacional. Frente a eso, propone una solución concreta: que la administración compre las viviendas abandonadas del pueblo y las convierta en protección oficial, "adecuado a tu sueldo, sin esas hipotecas enormes que te embargan de por vida".
Distinguía, eso sí, entre el vecino que alquila la casa heredada del abuelo —"eso lo entendemos, es legítimo"— y quien compra varias viviendas sin hacer vida en el pueblo: "no hacen vida de pueblo, viven fuera". El resultado final, avisaba, es que Taganana corre el riesgo de convertirse en "un pueblo en ruinas en todos los sentidos", aunque las casas sigan en pie.
Dos décadas de pérdida constante
Los datos confirman que Taganana no es un caso aislado. Los cuatro municipios que forman la comarca de Isla Baja, en el norte de Tenerife, ocupan hoy algunas de las últimas posiciones en población de los 31 municipios de la isla: Garachico es el 25º, Buenavista del Norte el 27º, Los Silos el 28º y El Tanque el 30º, según el ISTAC.
La serie histórica del organismo muestra una caída sostenida desde 2004: Los Silos ha pasado de 5.547 a 4.664 habitantes (-15,9%), Garachico de 5.671 a 4.920 (-13,2%), Buenavista del Norte de 5.301 a 4.753 (-10,3%) y El Tanque de 3.111 a 2.813 (-9,6%). En conjunto, la comarca ha perdido un 12,6% de su población en dos décadas.
El envejecimiento agrava el problema. Los Silos es, según un diagnóstico oficial de la Consejería de Política Territorial, Cohesión Territorial y Aguas del Gobierno de Canarias, el municipio con mayor índice de vejez de Tenerife: uno de cada cuatro vecinos tiene más de 65 años. El municipio forma parte de los 47 declarados oficialmente de "reto demográfico" en Canarias.
La comparación entre los cuatro municipios, según las fichas demográficas del ISTAC, muestra edades medias que rondan los 47-48 años en Garachico, Buenavista del Norte y Los Silos (47,9; 47,7 y 47,4, respectivamente), y algo más jóvenes, 44,4, en El Tanque. Las pirámides de población de los cuatro dibujan la misma silueta: un ensanchamiento entre los 45 y los 59 años y una base cada vez más estrecha por debajo de los 20.
Una vivienda inaccesible para jóvenes
El contraste con el resto de Tenerife es evidente. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), los municipios del sur (Arona, Granadilla de Abona, Adeje, San Miguel de Abona y Guía de Isora) han sumado 140.530 habitantes desde el año 2000, mientras que la capital, Santa Cruz de Tenerife, ha perdido 5.737 vecinos en el mismo periodo.
Esta es la misma dinámica que describía Luján González a pie de calle: los jóvenes de los pueblos no se van porque quieran, sino porque no encuentran vivienda a su alcance frente a compradores con más poder adquisitivo y, en muchas ocasiones, procedentes del exterior.
Un ejemplo de lo que tarda la respuesta institucional es La Victoria de Acentejo, donde el Ayuntamiento acaba de abrir la convocatoria de una ayuda a la rehabilitación de vivienda para combatir la despoblación rural —187.588,74 euros concedidos por el Instituto Canario de la Vivienda (ICV) en 2024, según consta en el Boletín Oficial de la Provincia (BOP)— casi dos años después de que se aprobara.
¿Y qué ocurre con el reparto de ayudas?
Preguntada por Atlántico Hoy, la Consejería de Cooperación Municipal y Vivienda del Cabildo de Tenerife confirma parte del problema: sobre si dispone de un diagnóstico propio de qué municipios pierden población o envejecen más deprisa, la respuesta ha sido clara: "no lo tenemos".
El Cabildo financia a los municipios de menos de 20.000 habitantes a través de dos programas: Activa Vivienda, con un máximo de un millón de euros por municipio para comprar vivienda ya construida, y Activa Suelo, con un tope de 250.000 euros para adquirir suelo. Cuando la promoción o el terreno disponible en el municipio cuesta menos que ese máximo, la aportación del Cabildo baja en la misma proporción; si cuesta más, es el propio ayuntamiento el que pone la diferencia.
Ahí aparece la primera grieta: Garachico no participa en ninguno de los dos programas, pese a formar parte de la misma comarca y cumplir el requisito de población. Y Los Silos, el municipio con mayor índice de vejez de toda la isla, es el que menos recibe entre ambos: 577.529,35 euros en total, frente a los 2.389.300 de Santa Úrsula o los 2.186.929,67 de Buenavista del Norte.
La explicación no es que Los Silos gestione peor sus ayudas, sino que allí sencillamente había menos vivienda y suelo disponibles para comprar. Es, en el fondo, otro síntoma del mismo problema: en el municipio más envejecido y despoblado de la comarca, hasta el propio mercado inmobiliario se ha quedado sin apenas nada que ofrecer.
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