Hay planes que no aparecen en grandes carteles ni en campañas turísticas, pero que se transmiten de boca en boca entre quienes saben mirar la ciudad con calma. Son citas discretas, casi escondidas, que convierten una mañana cualquiera en una pequeña aventura. En el norte de Tenerife, uno de esos planes tiene lugar entre árboles, cuestas y silencio, lejos del bullicio habitual.
No es un mercadillo permanente ni un rastro semanal. Precisamente ahí reside parte de su encanto: ocurre solo un día concreto al mes y durante unas pocas horas. Quien llega temprano suele salir con algo inesperado bajo el brazo y con la sensación de haber descubierto un secreto bien guardado.
Un rastro singular
En el Puerto de la Cruz, dentro del entorno del Parque Taoro, se celebra un rastro mensual muy particular. Tiene lugar en la Iglesia Anglicana, un enclave poco habitual para este tipo de eventos y que ya de por sí le da un carácter especial.
El mercadillo suele celebrarse el primer sábado de cada mes, aunque siempre se recomienda comprobar la fecha antes de ir, ya que puede haber excepciones puntuales. El horario es exclusivamente de mañana, aproximadamente de 10:00 a 14:00 horas, lo que lo convierte en un plan perfecto para empezar el día.
Precios populares
Uno de los grandes reclamos de este rastro son sus precios muy bajos. Aquí no es raro encontrar objetos desde 1 euro, aunque la mayoría de artículos se mueven entre 2 y 5 euros. La entrada tiene un coste simbólico de 1 euro, una aportación mínima que forma parte del espíritu solidario y comunitario del evento.
Esta política de precios hace que el rastro atraiga tanto a vecinos como a curiosos y visitantes, creando un ambiente cercano, sin prisas y con ese punto de emoción que solo tienen los mercadillos donde nunca sabes qué vas a encontrar.
Qué se vende
La variedad es una de las claves del éxito de este rastro del Parque Taoro. En los distintos puestos se pueden encontrar objetos de segunda mano y antigüedades, muchos de ellos con historia y carácter propio.
Es habitual ver ropa, vajilla, juguetes, artículos de decoración, pequeños muebles, libros y piezas curiosas que encajan perfectamente en ese concepto de “tesoro escondido”. También aparece, de forma ocasional, artesanía y objetos difíciles de catalogar que llaman la atención precisamente por su singularidad.
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Espíritu del evento
Más allá de la compra, el rastro tiene un ambiente muy concreto. No es un mercadillo masificado ni ruidoso. El entorno del parque, la localización junto a la iglesia y el formato reducido hacen que la experiencia sea tranquila y agradable.
Muchas personas acuden no solo a comprar, sino a pasear, curiosear y charlar, convirtiendo la visita en un pequeño ritual mensual. Esa atmósfera es parte de lo que lo diferencia de otros rastros más grandes de Tenerife.
Cuándo ir
Si hay un consejo que se repite entre quienes lo conocen bien es claro: llegar temprano. Al tratarse de un evento de pocas horas y con piezas únicas, los mejores objetos suelen desaparecer rápido.
Quienes llegan a primera hora tienen más opciones de encontrar gangas, antigüedades interesantes o artículos especialmente cuidados. A media mañana el ambiente sigue siendo agradable, pero la variedad ya puede ser menor.
Cómo llegar
La Iglesia Anglicana se encuentra en la Carretera de Taoro, número 29, una zona elevada de Puerto de la Cruz. El acceso es sencillo, aunque conviene tener en cuenta que el aparcamiento puede ser limitado, especialmente los días de rastro.
Muchos visitantes optan por ir caminando desde el centro o combinar transporte público y paseo, aprovechando la visita para recorrer el parque y disfrutar de las vistas.
Un plan diferente
En una isla donde abundan los mercados y mercadillos, este rastro destaca por su formato íntimo, su ubicación y su filosofía de precios accesibles. No busca competir con grandes eventos, sino ofrecer una experiencia distinta, casi doméstica, que encaja perfectamente con el carácter del Puerto de la Cruz más tradicional.
Para quienes disfrutan del slow shopping, de rebuscar con calma y de encontrar objetos con alma, el rastro del Parque Taoro se ha convertido en una cita marcada en el calendario.
