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Una persona con la bicicleta por un sendero de Montaña Roja / PUERTOS DE TENERIFE

Los senderos improvisados agravan la presión sobre Montaña Roja y dejan cicatrices cada vez más visibles que amenazan su conservación

Imastanen alerta de la proliferación de trazas fuera de los senderos habilitados y advierte de su impacto sobre el terreno y el patrimonio arqueológico de la reserva

La proliferación de senderos improvisados se ha convertido en uno de los problemas recurrentes de conservación de la Reserva Natural Especial de Montaña Roja, en Granadilla de Abona (Tenerife). El paso continuado de personas fuera de los recorridos habilitados deja nuevas trazas sobre un terreno especialmente sensible y facilita que esas huellas terminen pareciendo caminos reales para otros visitantes.

Según ha podido saber Atlántico Hoy, se trata de una problemática que se arrastra desde hace años y que se ha intentado abordar de distintas maneras, desde borrar trazas y restaurar zonas degradadas hasta mejorar la delimitación de los senderos. El problema es que la propia naturaleza del terreno hace que una huella pueda dibujarse con mucha rapidez y acabar consolidándose si más personas continúan utilizándola. 

Desde el colectivo Imastanen, dedicado a la defensa del patrimonio natural y arqueológico de Tenerife, también aseguran haber detectado una proliferación importante de caminos fuera de los senderos habilitados. Su portavoz, Sixto García, califica de "bastante grave" la situación y sostiene que las nuevas trazas llegan a ser visibles incluso desde cierta distancia.

Un terreno donde las huellas se convierten en caminos

La dificultad para contener estas trazas tiene mucho que ver con las características del propio espacio. Montaña Roja cuenta con zonas muy llanas y fácilmente erosionables, de modo que el tránsito reiterado por un mismo punto puede dejar una marca evidente en muy poco tiempo.

En ocasiones, esa marca acaba generando confusión entre los visitantes. Una persona se sale del camino, aparece una pequeña traza y, a partir de ahí, otros usuarios pueden interpretarla como un sendero habilitado y seguirla. El resultado es que determinadas cicatrices sobre el terreno terminan consolidándose pese a los intentos de restauración.

A lo largo de los años se han realizado trabajos para borrar caminos improvisados y recuperar zonas afectadas mediante plantaciones y otras actuaciones de restauración. Sin embargo, algunas de esas áreas han vuelto a ser pisoteadas y las delimitaciones instaladas tampoco han evitado completamente el paso fuera de los recorridos establecidos.

El riesgo no es solo ambiental

Para Imastanen, el impacto no se limita a la erosión, la vegetación o el deterioro paisajístico. Montaña Roja alberga también patrimonio arqueológico y materiales relacionados con la presencia indígena que pueden encontrarse en superficie.

García destaca especialmente los materiales líticos, entre ellos obsidiana, además de restos cerámicos y conchas marinas. El portavoz recuerda que a finales de los años noventa podía encontrarse una mayor cantidad de este tipo de materiales en la zona y asegura que el colectivo ha detectado situaciones en las que algunas personas, al encontrarlos fuera de los caminos, los recogen y se los llevan. El propio García matiza que factores naturales como la erosión también pueden influir en la desaparición de estos restos, pero advierte de que retirarlos del lugar donde aparecen supone además romper su contexto arqueológico, una información clave para futuros estudios.

Imagen de un sendero delimitado en Montaña Roja / TURISMO DE EL MÉDANO

Estacas y cuerdas para contener el tránsito

La problemática no es nueva. En febrero de 2024, Puertos de Tenerife dio por terminada la segunda fase de restauración de la Reserva Natural Especial de Montaña Roja, una actuación que costó cerca de 426.000 euros e incluyó, entre otras medidas, la mejora de la red de senderos, restauración de zonas de descanso, eliminación de especies invasoras, revegetación y señalización provisional.

En aquel momento, el propio Cabildo reconoció que uno de los principales impactos que soportaba el espacio era precisamente el tránsito de visitantes fuera de los recorridos establecidos. La consejera insular de Medio Natural, Blanca Pérez, señaló entonces que "lo que más estaba impactando era el tránsito indiscriminado de personas por toda la reserva" y justificó la necesidad de delimitar los senderos debido a la fragilidad de los ecosistemas del sur de Tenerife.

Entre las medidas aplicadas estuvo la instalación de estacas de madera unidas mediante cuerdas para marcar de forma más evidente por dónde deben circular los visitantes. La actuación, sin embargo, no alcanzó entonces a todo el espacio. "No están en toda la reserva, pero caminamos hacia ello", explicaba la responsable insular cuando concluyeron aquellos trabajos.  Según ha podido saber este medio, aunque esta solución ha conseguido reducir parcialmente el tránsito en determinadas zonas, tampoco ha acabado con el problema. Incluso se han registrado cortes o daños en algunas de esas cuerdas, lo que complica todavía más la tarea de mantener una delimitación clara de los recorridos.

Imastanen considera insuficientes las medidas

Desde Imastanen creen que las estacas y cuerdas son insuficientes por sí solas. García apuesta por reforzar la información disponible en la reserva y por incorporar educadores ambientales capaces de explicar sobre el terreno por qué existen determinadas restricciones y qué valores naturales y patrimoniales se intentan proteger.

El colectivo también reclama una mejor cartelería y mayor concienciación entre quienes visitan el espacio. "Disfrútalo, pero hay que protegerlo primero", resume García, quien insiste en que el carácter público o accesible de un lugar protegido no implica que pueda utilizarse sin límites. Para Imastanen, la conservación de Montaña Roja requiere una responsabilidad compartida entre las administraciones y las personas que utilizan el espacio. "No es porque sea público que puedo hacer lo que me dé la gana", sostiene su portavoz, que recuerda que salirse de los senderos puede afectar tanto a la flora y la fauna como a materiales arqueológicos que permanecen sobre el terreno.

Montaña Roja afronta así un equilibrio cada vez más complejo entre el elevado uso recreativo de uno de los espacios naturales más conocidos del sur de Tenerife y la necesidad de evitar que esa misma presión termine degradándolo. Mientras continúan apareciendo trazas fuera de los recorridos habilitados, las sucesivas actuaciones de restauración muestran que el problema lleva años sobre la mesa y que las barreras físicas, por sí solas, no han conseguido resolverlo.

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