En medio de procesos médicos largos, duros y muchas veces lejos de casa, encontrar un lugar donde descansar y sentirse acompañado puede marcar la diferencia. En Tenerife, ese apoyo está un poco más cerca de hacerse realidad con la futura Casa Pipa, un recurso pensado para acoger a menores con cáncer y a sus familias durante el tratamiento.
El proyecto, impulsado por la Fundación Canaria Pequeño Valiente, contará con una inversión de 350.000 euros por parte del Cabildo, a través del Instituto Insular de Atención Social y Sociosanitaria (IASS), destinada a la reforma del espacio que albergará este servicio.
Un lugar donde no sentirse solo
La Casa Pipa se ubicará en San Cristóbal de La Laguna, en un inmueble cedido por el Gobierno de Canarias. Su objetivo es claro: ofrecer alojamiento temporal gratuito a familias que necesitan permanecer cerca de los centros hospitalarios durante largos periodos.
Y es que estos tratamientos no son cuestión de días. En muchos casos, se prolongan durante uno o incluso dos años, obligando a las familias a reorganizar completamente su vida, asumir costes y enfrentarse a una gran carga emocional.
Pensada para familias que vienen de lejos
Este recurso cobra aún más sentido en un territorio fragmentado como Canarias, donde muchas familias deben desplazarse desde otras islas o desde municipios alejados para recibir atención especializada.
Para ellas, la Casa Pipa no será solo un alojamiento, sino un espacio donde encontrar estabilidad en medio de la incertidumbre.
Mucho más que un techo
El proyecto no se limita a ofrecer habitaciones. La idea es crear un entorno completo de apoyo.
El centro contará con espacios adaptados, zonas comunes, atención psicológica, acompañamiento social y servicios como fisioterapia, además de áreas pensadas para la convivencia. Todo ello con el objetivo de cuidar no solo la salud física, sino también el bienestar emocional de los menores y sus familias.
El valor de sentirse acompañado
Desde el Cabildo se ha destacado que iniciativas como esta responden a una necesidad real: la de no tener que afrontar en soledad una enfermedad grave.
En momentos donde todo cambia, contar con un entorno cercano, humano y estable puede aliviar parte del impacto que supone un diagnóstico de este tipo.
Una red de apoyo que lleva años creciendo
La colaboración entre la institución insular y la Fundación Pequeño Valiente no es nueva. Desde 2016 trabajan conjuntamente dentro del llamado Anillo Insular de Políticas Sociales, un modelo que permite reforzar la atención a menores con enfermedades graves. Este trabajo conjunto ha ido creciendo con los años, tanto en financiación como en alcance.
Solo en 2025, los programas vinculados a esta colaboración atendieron de forma directa a 227 menores y, de manera indirecta, a 637 familiares. Detrás de estas cifras hay historias de familias que han necesitado apoyo psicológico, social o educativo para afrontar una situación compleja.
Una atención más humana
La futura Casa Pipa representa un paso más en ese camino, poniendo el foco en las personas y en sus necesidades reales.
Porque más allá de la atención médica, hay algo igual de importante: sentirse acompañado, tener un lugar donde descansar y saber que, incluso en los momentos más difíciles, nadie tiene que pasar por ello solo.
