Davide Cortellino lleva siete años viviendo en el municipio tinerfeño de Arona, concretamente en La Camella, el barrio donde también preside la comunidad de vecinos. En este tiempo, asegura a Atlántico Hoy, ha visto cómo la situación del municipio "ha ido empeorando año tras año", aunque nunca hasta el nivel actual.
Ingeniero de formación, Cortellino dice aplicar una mirada "más estructurada" a lo que observa a diario en las calles de su barrio: la ausencia casi total de un programa de limpieza. Según su testimonio, la vía pública acumula residuos —tanto humanos como de animales— incluso en las zonas donde juegan los niños.
Según afirma, la última vez que vio pasar una máquina hidráulica de limpieza por las calles de La Camella fue hace entre cinco y seis meses; desde entonces, el único servicio visible ha sido añgún operario u operaria con una rama de palmera como escoba. Además, Cortellino subraya lo paradójico de esta situación al tratarse, dice, de un barrio "chiquitito" que ni así consigue ser gestionado con normalidad.
Un "barrio de oro" oxidado
Si el problema fuera exclusivo del barrio de La Camella, apunta Cortellino, podría explicarse como un descuido puntual. Pero la situación se repite, sostiene, en zonas mucho más visibles y turísticas del municipio.
"Las Américas teóricamente es el barrio de oro", señala, pero cualquier paseo por sus calles permite comprobar el estado de los bancos públicos, cubiertos de óxido y, según denuncia, "pintados por encima" en lugar de sustituidos.
Cortellino cita también el paseo marítimo, que quedó dañado y sin reparar durante unos dos meses antes de que el Ayuntamiento actuara, y las zonas ajardinadas de la parte central de Las Américas —cerca de la escuela de surf—, que describe como una "pradera muerta" por falta de riego y mantenimiento. En esa misma zona, añade, es habitual encontrarse con acumulaciones de residuos que dificultan pasear con normalidad.
"Aquí es un tema sistemático y programático. No tienen capacidad de gestionar esto de manera programada", resume el vecino, que insiste en que el deterioro no distingue entre barrio residencial y zona turística.
Deficiencias claras en el servicio
Cortellino asegura haberse dirigido en varias ocasiones y por distintas vías al Ayuntamiento de Arona para trasladar estas quejas, tanto por la falta de alumbrado como por la limpieza. Según su relato, cada área a la que escribe deriva la responsabilidad hacia otra: "Le tiran la bola a Urbanismo, y Urbanismo me dice que no tiene nada que ver, que hable con Obras Públicas".
El vecino sostiene que conserva copia de toda esta correspondencia, incluidos los correos remitidos al área de Atención Ciudadana, donde —relata— la propia administración habría reconocido que "no son los que gestionan" el problema de fondo, sino un simple trámite entre el vecino y las áreas responsables.
El propio Ayuntamiento ha admitido públicamente deficiencias en el servicio. El contrato vigente, adjudicado hace 16 años, se diseñó para el municipio tinerfeño en 2010 y no vence hasta febrero de 2027. Estos 16 años de diferencia demuestran este vació municipal en la gestión de la limpieza y residuos en sus propias calles.
El propio incremento de avisos ciudadanos respalda parte del diagnóstico de Cortellino: según datos difundidos por el Ayuntamiento, el número de incidencias registradas a través del gestor municipal pasó de 3.000 en 2023 a 7.786 en 2024.
Sin prioridades claras
La preocupación de Cortellino no se limita al presente. El vecino enlaza el deterioro actual con los planes de crecimiento urbanístico del municipio, en particular con El Mojón, el macroproyecto que el Ayuntamiento desbloqueó en septiembre de 2025 tras más de tres décadas paralizado y que contempla cerca de un millón de metros cuadrados de suelo y una previsión de hasta 9.000 camas, entre turísticas y residenciales.
"Ahora están hablando mucho de El Mojón. Pero, ¿cómo van a aprobar 9.000 camas nuevas si el propio Ayuntamiento no es capaz de gestionar las necesidades que ya existen?", plantea Cortellino. Para el presidente vecinal, el contraste entre los grandes anuncios urbanísticos y la gestión cotidiana del barrio —luz, limpieza, mantenimiento— resume las prioridades de la actual gestión municipal.
"Creo que en los últimos cuatro años es donde ha colapsado todo", añade el presidente vecinal, citando también el aumento de personas sin hogar en el entorno de Los Cristianos y la falta de mantenimiento del paseo marítimo.
Una generación dispuesta a denunciar
Preguntado por las quejas que le trasladan otros vecinos, tanto de La Camella como de otras zonas del municipio, Cortellino apunta a un cambio generacional. Durante años, sostiene, el vecino "más clásico" del barrio no contaba con los medios ni la costumbre de protestar formalmente ante la administración. Esa situación, señala, ha cambiado con la llegada de residentes más jóvenes.
"Ahora sale gente joven y dice: esto no está bien, te denuncio, te enfrento, te pongo un artículo en las redes sociales", explica Cortellino, que cree que este cambio generacional ha pillado a contrapié a una administración acostumbrada a gestionar el municipio "como si fuera todavía la Arona de hace unos años".
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