Antonio Luis González Núñez, presidente de la Confederación Empresarial de Comercio y Servicios de Canarias (FEDECO), alterna su faceta de economista y gestor y se adentra en el mundo de la narrativa con su primer libro, Las cartas que el tiempo no borró.
En una velada íntima y cercana, este pasado miércoles, víspera del Día del Libro, el Hotel Nivaria de La Laguna acogió la presentación oficial de su primer libro.
La cajita de cartas
En declaraciones a Atlántico Hoy, el representante empresarial desgranó que el origen de su obra se remonta a un periodo de baja por un problema de salud que le dejó “apartado” durante cerca de un año.
“Empecé a escribir para calmar la fiera”, confiesa, y añade que ese ejercicio inicial se convirtió en un salto inesperado, pasando de la divulgación técnica a una novela estructurada en torno a 150 páginas de cartas, que nunca pensó que vería en formato impreso, “a la vieja usanza”, más allá del mundo digital.
Memoria y familia
El libro arranca en un hecho tan duro como real y que gira en torno al fallecimiento de su madre y la consiguiente necesidad de “ordenar y desprenderse de algunas cosas”. Es en esos quehaceres cuando descubre una cajita de galletas forrada a la antigua, repleta de cartas que fueron guardando su abuela y su madre.
A partir de ese momento, la historia se nutre de esos documentos familiares que forman parte de cada página, algunas auténticas, otras ficticias, ensambladas en una propuesta que mezcla memoria histórica, conversaciones imaginadas y sueños literarios en los que el protagonista recibe mensajes imposibles que, a fin de cuentas, sirven para sanar heridas internas.
Realidad y ficción
Destaca González que las epístolas llegan desde distintos tiempos y lugares; unas son de un bisabuelo alcalde en tiempos de escasez, otras de un tío músico exiliado, o incluso de personas que nunca existieron, pero que ayudan a completar una historia de reconciliación, unidad y afecto.
“No es autobiográfico, pero tiene vivencias mías”, aclara González, estableciendo un paralelismo con García Márquez: “¿Qué parte de Macondo no es de él?”, se pregunta.
Mensaje de sanación y esperanza
El objetivo, explica el autor, no es exponer su propia vida, sino descargar penas del pasado, cicatrizar heridas y mirar hacia el futuro con esperanza. “Me gustaría que quien lo lea se quedara con la parte buena, con el sanar el alma”, subraya.
En el libro conviven, además, reflexiones sobre la capacidad de la familia para superar divisiones y explica que en uno de los episodios más simbólicos, inspirado en una anécdota verdadera, recoge cómo unos abuelos de bandos enfrentados se abrazan tras la victoria de España sobre Malta en un partido de fútbol. “En tiempos de polarización, ese abrazo es un alegato a la sociedad”, asegura, sin que el libro tenga nada de político.
Presentación del libro
La presentación de la nueva obra que ve la luz y que, a partir de ahora, tendrá vida propia, se desarrolló en un encuentro restringido, entre familiares, amigos, compañeros de FEDECO, del Conservatorio, de asociaciones empresariales como la de Arona, y de su entorno vital en Tenerife.
Para muchos, el nombre de Antonio Luis González Núñez evoca charlas sobre emprendimiento y crisis; con “Las cartas que el tiempo no borró”, da a conocer su lado más íntimo, ligado a la memoria, la familia y la necesidad de cerrar capítulos para seguir caminando.
