La veterana murga infantil Los Lenguas Largas ha anunciado que no competirá en el Carnaval 2026, tras 23 años de participación ininterrumpida. La decisión, tomada por la junta directiva, golpea especialmente a una familia que lleva la murga en la sangre: Graci Martín, presidente de la agrupación, y su hija Laura Martín, su directora. Hablamos con ambos para entender las razones de un parón que es síntoma de una crisis mayor en la cantera murguera.
[Pregunta] Graci, tras 23 años, Los Lenguas Largas no estará en el Carnaval 2026. ¿Cuáles son los motivos principales?
[Respuesta] Ha sido un año difícil desde el inicio. Los ensayos han sido muy irregulares: un día venían 10 niños, otro 15, otro 20... Era imposible montar un repertorio estable. Suma a eso el cambio de dirección artística: primero Carlos Quevedo, que venía desde Añaza en moto, y luego Judo Lorenzo me echó una mano, pero ambos me plantearon la misma duda: ¿cómo seguir con tan pocos niños que cumplían? Al final, Judo me dijo que ni siquiera teníamos un tema nuevo montado y el tiempo se nos echaba encima.
Laura, para ti que has crecido en la murga, ¿qué significa esta decisión?
Para mí es un cambio drástico y duro. La murga es mi vida. Yo me he criado ahí, es mi familia. Todos los años de mi vida he salido al escenario. Va a ser el primer año que no lo haga, y duele. Pero entiendo la decisión.
¿Creen que era la opción correcta?
L. Martín: Sí, creo que sí. No hay muchos niños y cada vez es más complicado para todas las murgas infantiles salir. Ya no son lo que eran antes.
G. Martín: Es un parón obligado por las circunstancias, no un adiós. La falta de ilusión y compromiso hoy en día es general. Muchos niños no tienen la constancia de antes.
¿Es un parón definitivo?
G. Martín: No, para nada. La puerta sigue abierta para los niños que decidan volver. Incluso guardamos el diseño del disfraz, que era muy bonito, y las letras, que son actuales y se pueden aprovechar. La idea es volver.
L. Martín: Yo espero con toda mi alma que sea solo un año. Para mí no salir más con mi murga sería durísimo. Pero soy realista: cada vez es más difícil, no solo para nosotros. Está todo muy complicado.
Laura, entonces, ¿Los Lenguas Largas tiene directora para rato?
L. Martín: ¡Claro que sí! Si la murga sale, yo siempre voy a estar. No creo que nunca se me vayan las ganas de ser directora, y menos de la murga que me vio crecer. Hay Laura para rato.
Ambos hablan de un problema general. El concurso infantil pasó de tres fases a dos porque fallan grupos. ¿Hay que actuar?
G. Martín: Totalmente. Antes había tres fases llenas. Ahora las murgas se caen por falta de ilusión. Hay que motivar a los niños de otra manera. Nosotros, por ejemplo, hacemos talleres, meriendas, excursiones... para inculcar el amor por el Carnaval, que es más que un concurso. Si no, la cantera se nos va.
L. Martín: Yo no creo que el concurso deba cambiar; creo que lo que debemos es cuidarlo. Hay que cuidar la cantera entre todos, porque nos la estamos cargando. Cada año habrá menos murgas y la cantera va a acabar. Y sin nosotros, no es lo mismo. Para mí no sería lo mismo un Carnaval sin murgas infantiles. Porque ahí es donde aprendes todo para luego pasar a las adultas. Sin las murgas infantiles, no somos nadie.
¿Qué futuro ven si no se revierte esto?
G. Martín: Es complicado. A veces vemos a niños de 15 años que se van directo a adultas, se pierde el eslabón. Hay que trabajar en la base con actividades que enganchen, que hagan sentir a los niños que esto es una familia y una pasión.
L. Martín: Es exactamente eso. Si no cuidamos esto ahora, no habrá quién suba al escenario dentro de unos años. Y el Carnaval perderá su esencia.
El testimonio de Graci y Laura Martín, padre e hija, presidente y directora, es el de una familia carnavalera que hace sonar la alarma. Su parón no es solo un problema logístico; es el síntoma de una crisis generacional que amenaza la continuidad de una tradición. Desde la trinchera de la cantera, su mensaje es claro y urgente: o se crean incentivos, se fomenta el compromiso y se cuida con mimo el semillero de las murgas infantiles, o el futuro de una de las columnas vertebrales del Carnaval puede desvanecerse. La pasión sigue intacta en quienes dirigen, pero necesita nuevos bríos en quienes deben heredarla.
