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El actor y humorista, Lamine Thior / CEDIDA

Lamine Thior, humorista: “¿Por qué solo se habla de la migración negra y no de la que pone pisos en Airbnb?”

El actor y humorista cuestiona desde Gran Canaria el doble rasero con la inmigración, reivindica la memoria histórica de España y defiende el humor como herramienta para combatir los prejuicios

Cuando se habla de inmigración, por ejemplo, en Canarias, las miradas suelen dirigirse hacia quienes llegan desde África. Pero ¿qué ocurre con quienes vienen del norte de Europa, compran viviendas o las destinan al alquiler turístico? Es la pregunta que plantea el actor y humorista Lamine Thior, que cuestiona por qué el debate migratorio pone el foco en unas personas mientras otras, con mayor poder adquisitivo, quedan al margen de esa discusión.

Thior ha participado estos días en el Festival del Sur de Agüimes, en Gran Canaria, con su espectáculo Españul, en el que utiliza el humor para hablar de racismo, identidad y prejuicios. En una entrevista con Atlántico Hoy, reflexiona sobre las contradicciones de una sociedad que, a su juicio, ha avanzado en diversidad, pero sigue teniendo dificultades para reconocerla. Y lo hace sin perder el sentido del humor, aunque sus palabras invitan también a mirar de frente cuestiones que no tienen tanta gracia.

"Un enemigo común"

Para el humorista, la respuesta sobre la diferencia entre migrantes del sur global y del norte de Europa se encuentra en el origen y la posición económica. "Son blancos y tienen una situación de privilegio. Tendemos a idolatrarlas y a tener un apoyo aspiracional con respecto a ellos", explica Thior. 

El actor no niega que la inmigración plantee desafíos de convivencia, pero cuestiona que el debate se concentre en quienes tienen menos recursos. "Es mucho más fácil señalizar la problemática de las personas que no se parecen nada a nosotros. Se busca un enemigo común", sostiene.

Lo que ha olvidado España

Esta manera de entender la inmigración, para Thior, también tiene que ver con una cuestión pendiente como es la falta de memoria histórica sobre la presencia de población negra en España. Hasta el punto de que hay gente que se sorprende cuando el humorista les recuerda el pasado colonial español en Guinea Ecuatorial hasta hace tan solo 50 años. 

"España lleva conviviendo con la negritud siglos", recuerda, pero "todavía se siguen justificando determinadas actitudes racistas con el argumento de que la inmigración es un fenómeno reciente". Y las preguntas siguen entonces siendo las mismas. A él todavía le preguntan de dónde es realmente, como también se lo han preguntado a su madre y generaciones anteriores. 

Aunque reconoce que se han producido avances, considera que todavía cuesta aceptar que España es un país multicultural y que ser español no responde a un único aspecto físico. Por eso, defiende que la integración no puede ser una responsabilidad exclusiva de quienes llegan, sino también de quienes los reciben.

El humor como herramienta

Estas contradicciones son las que trata sobre el escenario con Españul. Para Thior, "el reto está, no solo en convertir en algo humorístico un tema que a priori no es nada gracioso, sino el hecho de no banalizarlo". Su intención es que, una vez terminadas las carcajadas, quede espacio para reflexionar.

Por eso tampoco comparte las quejas de quienes aseguran que hoy ya no se puede hacer humor sobre determinados asuntos. "No es que no se pueda decir nada, es que ahora la gente te puede contestar", responde. Considera que antes muchos colectivos no tenían las mismas oportunidades de expresar su malestar y cuestiona a los cómicos que hacen bromas sobre todo el mundo, pero nunca sobre sí mismos. "No estamos riéndonos todos, te estás riendo tú", resume.

¿Dónde termina la broma?

¿Significa eso que hay temas sobre los que no se puede bromear? Para Thior, la respuesta está en cómo se construye el chiste y "el contexto". Pone como ejemplo las bromas sobre Canarias. "No es lo mismo recurrir a los tópicos del plátano o el mojo picón que conocer la rivalidad entre grancanarios y tinerfeños y jugar con ella", señala, explicando que cuanto mejor se conoce una realidad, más posibilidades hay de hacer humor sin reducirla a un estereotipo.

Lo mismo ocurre con las bromas sobre el origen o el aspecto físico de una persona. Un comentario puede tener sentido entre dos amigos que comparten una historia, pero resultar ofensivo cuando se dirige a alguien desconocido. Y ahí introduce una distinción importante: "La primera vez que se hace es ignorancia, pero ya la segunda es alevosía", es deicr, seguir repitiendo una broma después de saber que hace daño deja de ser una cuestión de desconocimiento.

Hacia la diversidad 

En su faceta como actor, Thior también observa cambios y dificultades en la representación de la diversidad. Tras participar en La ley del mar y Olivia, celebra que empiecen a aparecer personajes negros cuyas historias no giran necesariamente alrededor de su origen. Es el caso de su papel en esta última producción, donde interpreta a un experto en aceite de oliva con acento gaditano.

"Nadie tiene que explicar por qué es negro, simplemente lo es. Son ese tipo de cambios los que merecen la pena, porque muchas veces las productoras piensan que el público es tonto y no va a entenderlo, que va a decir que no le cuadra. Al pensar eso, las plataformas optan siempre por los papeles estereotípicos. Creo que el hecho de que haya apuestas, aunque es muy triste que en 2026 se hable todavía de algo así como apuesta, es lo que marca la diferencia. Todavía falta muchísimo, pero se va avanzando", apunta. 

Una generación que se moviliza

Su visita a Agüimes le ha permitido compartir estas reflexiones con estudiantes, una generación a la que Thior muestra su apoyo frente a los clásicos comentarios que la señalan como desistenresada o cada vez más intolerante. "Los jóvenes no son el problema, son la solución", afirma. Y es que, aunque el humorista reconoce que algunos reproducen discursos racistas o machistas, insiste en que hay muchos otros trabajando para combatirlos.

Entre esas reivindicaciones destaca las movilizaciones por el acceso a la vivienda. Le resulta contradictorio que primero se critique a los jóvenes por no hacer nada y después se cuestione su forma de protestar. "Si no molestas, no te hacen caso", sostiene. Además, considera que la dificultad para acceder a una casa va más allá de las diferencias políticas. "No es una cuestión ideológica, es una cuestión de clase", asegura, al recordar que quedarse fuera del mercado inmobiliario puede impedir a toda una generación construir su propio proyecto de vida.

Nuevos retos

Mientras continúa combinando la interpretación con la comedia, Thior ya tiene nuevos retos en mente. Le gustaría escribir un libro y adelanta que su próximo espectáculo abordará la construcción de la masculinidad, los roles de género y las jerarquías que se establecen entre hombres y mujeres. "Voy de melón en melón", bromea. Otro asunto complejo que quiere llevar al escenario con la misma intención que atraviesa su trabajo: provocar risas, pero también dejar preguntas abiertas.

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