Miles de canarios caminan sobre una de las creaciones más célebres de Antoni Gaudí sin detenerse a observarla. No se alza hacia el cielo como la Sagrada Familia ni presume de torres imposibles o fachadas ondulantes. Está bajo los pies, integrada en aceras y paseos, formando parte del paisaje cotidiano de dos municipios del Archipiélago.
Cuando este 10 de junio se han cumplido cien años de la muerte del arquitecto catalán, fallecido en Barcelona en 1926 tras ser atropellado por un tranvía, su influencia en Canarias emerge de una manera inesperada. No a través de grandes edificios, sino mediante una obra que se ha convertido en uno de los diseños urbanos más reconocibles del mundo.
Una obra universal
La pieza en cuestión es el conocido mosaico Gaudí, también llamado panot de Barcelona, una baldosa hexagonal concebida por el arquitecto a principios del siglo XX.
Su popularidad es tal que hoy cubre más de 60.000 metros cuadrados del Paseo de Gracia, una de las avenidas más emblemáticas de Barcelona. Además, el diseño forma parte de la colección del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), donde es considerado uno de los primeros grandes ejemplos de diseño industrial moderno.
Paradójicamente, se trata de una de las obras más difundidas y reproducidas de Gaudí pese a no ser un edificio ni una construcción monumental.
Inspiración marina
Diseñada originalmente en 1904 y fabricada por la histórica empresa catalana Escofet, la loseta resume a la perfección la filosofía creativa del arquitecto.
Gaudí encontraba en la naturaleza una fuente constante de inspiración. "Esta naturaleza que siempre ha sido mi maestra", llegó a afirmar en numerosas ocasiones.
Esa influencia se aprecia tanto en la forma como en la decoración de la baldosa. Su estructura hexagonal recuerda a las celdas de un panal de abejas, mientras que los relieves representan elementos marinos inspirados en el fondo oceánico.
Un puzle perfecto
La verdadera genialidad del diseño aparece cuando varias piezas se unen entre sí.
Cada baldosa contiene únicamente una parte de tres elementos naturales: una estrella de mar, un amonites y un fragmento de alga sargazo. Ninguno de ellos aparece completo en una sola pieza.
El dibujo únicamente puede apreciarse en su totalidad cuando varias losetas encajan formando una especie de puzle gigante. Se necesitan siete piezas para contemplar el diseño completo tal y como fue concebido por Gaudí.
Más de un siglo después, este sistema sigue sorprendiendo por su sencillez y por la manera en que combina arte, geometría y funcionalidad.
Huella en Ingenio
La presencia de estas baldosas en Canarias no fue fruto de una casualidad.
En el municipio grancanario de Ingenio, las losetas fueron incorporadas en el año 2001 dentro de un proyecto de mejora urbana impulsado en el entorno de la iglesia de Nuestra Señora de La Candelaria.
La actuación fue desarrollada por las arquitectas María del Carmen Rubio y Gema Navarro, junto a técnicos municipales, que apostaron por incorporar directamente piezas adquiridas a la firma Escofet.
Actualmente, los mosaicos cubren cerca de 890 metros cuadrados repartidos entre la acera del Ayuntamiento, el entorno de la iglesia y varios tramos de las calles Doctor Juan Espino Sánchez, Ramón y Cajal y la avenida América.
La importancia de estas piezas para el municipio es tal que el Ayuntamiento continúa conservando unidades de reserva para futuras reposiciones.
Salvadas en Tenerife
La historia de las baldosas en Los Cristianos, en el municipio tinerfeño de Arona, estuvo cerca de terminar de manera definitiva.
Durante unas obras de remodelación del Paseo de Los Tarajales, los mosaicos fueron retirados y corrían el riesgo de desaparecer para siempre.
La situación cambió en 2019 gracias a la intervención de una vecina, Ana González Ledesma, que solicitó formalmente su conservación al considerar que poseían un importante valor artístico y patrimonial.
La petición fue atendida por el Servicio de Patrimonio Histórico del Cabildo de Tenerife, que recomendó su recuperación y protección. Aunque ya era imposible devolverlas a su ubicación original debido al avanzado estado de las obras, se consiguió rescatar aproximadamente el 70% de las piezas, permitiendo su reutilización en distintos espacios del paseo.
Conexión atlántica
Tanto Ingenio como Arona comparten además una particularidad poco conocida. Las losetas instaladas en ambos municipios pertenecen a una versión posterior del diseño original.
Durante la década de los años sesenta, la empresa Escofet desarrolló una variante de mayor tamaño, con piezas de 43 centímetros de diámetro, que es precisamente la que llegó a Canarias.
Gracias a ello, el Archipiélago forma parte de una selecta red internacional de ciudades donde la obra más popular de Gaudí sigue formando parte del paisaje urbano. Un legado discreto pero permanente que conecta Barcelona con Granada, Jaén, Cáceres, Castellón y también con las Islas Canarias.
Cien años después de la muerte del arquitecto, su huella sigue presente en el Archipiélago. No se levanta hacia el cielo ni domina el horizonte. Está mucho más cerca: bajo los pies de quienes caminan cada día sin saber que pisan una pequeña obra maestra.