Santa Cruz de Tenerife llegó a tener casi 21 salas de cine en un momento de máximo esplendor, entre los años cincuenta y sesenta, cuando la ciudad estrenaba en pantalla grande superproducciones como Ben-Hur o Los Diez Mandamientos. Hoy, de aquella red apenas queda un puñado de edificios en pie, y ninguno de los históricos funciona ya como sala de cine.
El golpe más reciente llegó en 2025, cuando el Cine Víctor y el Price anunciaron su cierre, dos de los últimos supervivientes de aquella época dorada. En paralelo, uno de los edificio más emblemático, el Cine-Teatro Baudet, permanece en obras de consolidación financiadas por el Cabildo de Tenerife, sin que esté decidido si volverá a proyectar películas.
"La sala de cine le daba vida a la ciudad", resume el investigador Julián Hernández, autor del libro 'Los olvidados cines de Tenerife, que ha dedicado años a rastrear la memoria de estas salas y que ha repasado con Atlántico Hoy, sala por sala, cómo se fue apagando la cartelera de la capital tinerfeña.
¿Qué causó el declive de las salas de cine?
Para Hernández, la desaparición de los cines de Santa Cruz no responde a una sola causa, sino a tres oleadas sucesivas. "Empezamos con los centros comerciales, que centralizaron todo en la multisala", explica. Después llegaron los videoclubs y la piratería, y más tarde el streaming, al que se refiere directamente como "el videoclub virtual".
El investigador sitúa el inicio de la caída a finales de los noventa, cuando empezaron a implantarse las multisalas en la isla. El Centro Comercial Meridiano, señala, fue el complejo que terminó de sentenciar a los cines tradicionales de la capital: "fue el que se comió los cines de Santa Cruz".
Sobre los cierres más recientes —los cines Víctor y Price en 2025—, Hernández lo atribuye a la comodidad del combo que ofrece hoy un centro comercial frente a lo que era antes ir al cine: "Se lo ha ido comiendo la multisala, porque es más cómodo un McDonald's al lado, un Burger King y la sala de cine que ir a lo que antes era el cine". Además apunta al salto tecnológico del propio sonido de las salas modernas, "sonido súper envolvente" que las viejas salas de barrio nunca llegaron a ofrecer.
Por otro lado, Hernández valora positivamente que el Cabildo tinerfeño esté ahora rehabilitando salas o antiguos cines como el Baudet: "A mí me parece bastante bien, la verdad, porque estás recuperando historia", afirma, aunque reconoce que no sabe si el edificio recuperará su función original.
Las salas de los grandes estrenos
De las grandes salas donde se visualizaban todos los estrenos en la capital, hoy solo queda la memoria colectiva. El Numancia permanece vacío. El Rex, en la calle Méndez Núñez, cerró como cine en 1985 y, tras un incendio que solo dejó en pie la fachada, pasó por bolera, discoteca y sala de conciertos. El Víctor, uno de los dos últimos supervivientes junto al Price, cerró definitivamente en enero de 2025.
Y, por otro lado, el Baudet, la mayor sala de Canarias en el momento de su apertura, en 1945, con capacidad para 1.200 espectadores, permanece cerrado desde hace más de dos décadas, aunque ahora en obras de consolidación impulsadas por el Cabildo tinerfeño.
Estas salas de estreno, según afirma Hernández, eran "las clásicas, las de los grandes estrenos de la época de Ben-Hur, Los Diez Mandamientos", los templos de las superproducciones que llenaban la ciudad todos los fines de semana. El Baudet, considerado Bien de Interés Cultural (BIC) por su valor arquitectónico y comprado por el Cabildo en 1999, es hoy el único de los cuatro con un proyecto en marcha.
Los cines de barrio
Junto a las grandes salas de estreno, Santa Cruz tuvo toda una red de cines de barrio que hoy apenas se recuerda y Hernández no duda en enumerarlos. El más singular fue el Cine Toscal, que con el tiempo pasó a llamarse Real Cinema y, ya en los años ochenta, se convirtió en la primera sala de cine para adultos de la isla, la sala X, hasta su cierre.
A esta sala se sumaban el Cacharrito (el cine Buenos Aires), junto a la piscina municipal; el Avenida, en el edificio que hoy ocupa la Consejería de Educación; y el San Sebastián, ya cerrado, donde antes estuvo la redacción del periódico La Opinión.
El Charlot, una mini sala, fue —junto al Multicine Óscar— la segunda multisala que tuvo Santa Cruz. Y del Greco, hoy sin uso ni plan conocido, Hernández guarda un recuerdo vívido: "era una bestialidad".
También hay memoria personal en su relato: su cine de infancia era el Fraga, en el barrio de Las Moraditas, cerca de donde vivía. Y recuerda especialmente el ambiente de las colas para ver 'Regreso al futuro' en el Price, "una fila que no se acababa nunca".
Para Hernández, estos cines eran mucho más que entretenimiento: "antes el cine se contemplaba como lugar de encuentro con la gente, para todo, para entretenimiento", recuerda, y bromea sobre cuántas parejas de la ciudad se conocieron en una butaca de estas salas.
Un recuerdo colectivo del ayer
Para Hernández, todo esto arrancó siendo algo muy personal antes que una investigación histórica: "para mí fue un sueño hecho realidad, porque empecé buscando el cine de mi infancia", recuerda. No encontraba fotos de aquellas salas en ningún libro, así que decidió buscarlas él mismo, hablando con antiguas familias propietarias —como la del cine Fraga, cuyo propietario llegó a ver de niño dentro de la sala— hasta reunir, poco a poco, un archivo que hoy es prácticamente el único testimonio gráfico que queda de buena parte de estos cines.
Muchos de esos edificios, como el cine España de Taco, siguen en pie pero vacíos y sin uso. Hernández sigue rescatando fotografías y recortes de todos ellos antes de que se pierdan del todo. Mientras el Cabildo decide qué hacer con el Baudet, la memoria colectiva mantiene vivo el recuerdo de aquellas salas que consiguieron ilusionar tantos fines de semana a los ciudadanos de Santa Cruz de Tenerife.
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